El teatro de Pirandello cambió mi manera de ver el mundo. Lo mismo que el de Ibsen, o el de O’Neill, o el de Beckett.
El teatro aprista, en cambio, no deja de producirme alergia cutánea. Lo vi por primera vez en un mitin de Alfonso Ugarte: falanges desfilando como si Lima fuese la Roma de 1922, brazo y mentón en ristre y pañuelo agitado. Pero ese teatro tenía dignidad de masas y disciplina de sufridos.
¿Vieron, en cambio, la tercera escena del cuarto acto de esa comedia involuntaria que hubiera podido robarle el título a la obra de Wilde “El abanico de lady Windermere” y que tuvo como co-protagonista al varias veces nominado Aurelio Pastor?
¡Una delicia!
Horas antes de recibir una patada en el trasero que hará historia, Pastor había hecho dos cosas testarudas pero dignísimas:
1) Había denunciado el tsunami vengador de “El Comercio” y el poder concentrado de ese grupo; y
2) Había buscado apoyo en algunas bases apristas para salir por lo menos con la cabeza en alto.
En el tiempo que demora hornear un pan, Pastor se había erguido como el nuevo líder de los más o menos cuarentones apristas. Su manera de encarnar la resistencia frente al abuso de García –el verdadero perpetrador del indulto a Crousillat- lo convertía en un proyecto de Cachorro Seoane, en un Valle Riestra de los cincuenta, en un rebelde esperanzador.
Pero he aquí que, para dejarnos estupefactos y orinados de risa, Pastor acude a su deshonroso relevo y se presenta como Sara Bernhardt (nacida Rosine Bernardt) en el debut de “Las sabihondas”, de Moliere, y convierte el palacio de gobierno en el teatro Odeón de París.
Vejado por un cese que hará historia, va Pastor a la sede del agravio y se presenta ante su verdugo cívico y le hace venias, lo saluda, lo comparsea, se deja sobajear y recibe tibios saludos de la claque aprista allí reunida.
Y entonces, uno entiende por fin: todo había sido teatro, arte escénico, emoción fingida, ira del Actor´s Studio.
Y para continuar con la función, se dirige a la prensa y dice, locamente triunfal, que él no va a retroceder (cuando ya caminó en reversa todo el circuito de playas) y que “El Comercio”, chúpate esa, tiene ya su candidato y ése es Alejandro Toledo.
“Y aquí está el pueblo, con nosotros, y allá está “El Comercio” y su candidato Alejandro Toledo”, insiste como si estuviera grabando para “Al fondo hay sitio”.
¿Verdad? ¿O disfuerzo en el “Lido” y cimbreada en el “Moulin Rouge”?
Porque la verdad es que ningún lector ha notado que “El Comercio” favorezca a Toledo: ni en las encuestas, donde suele castigarlo; ni en sus opiniones, en las que suele olvidarlo; ni en sus recuentos, donde suele omitirlo.
Porque “El Comercio” no tiene, por ahora, candidato. Su candidato, en todo caso, es “El Comercio”. Y, si fuera el caso, “El Comercio” votaría por la imposible reelección de Alan García, que tan bien ha defendido sus intereses y tan espléndido ha sido con “el sistema” que “El Comercio” encarna y vigila.
Lo que este actor no dice es cómo pudo firmar para un infame un indulto reservado a tuberculosos y a enfermos terminales. Y lo que jamás dirá es que sólo cumplía órdenes de García.
¿Por qué, a la hora de ser presionado por García, Pastor se calló en siete idiomas? ¿No hubiera sido ese un buen momento para renunciar, denunciar y salir como todo un líder moral de la nación?
Lo que nadie puede entender, por otra parte, es qué tendrían que ver las hipotéticas inclinaciones de “El Comercio”, sus episódicas coincidencias con un Toledo que ni siquiera se ha proclamado candidato, qué tiene que ver eso, digo, con la vergüenza del indulto al prófugo Crousillat. ¿O es que Toledo armó ese bochorno?
Y lo que sí tendría que ver (y mucho) es que García expulsó a Pastor para congraciarse, precisamente, con “El Comercio”.
¡Y Pastor dice que “El Comercio” y el gobierno de García combaten, como en Verdún, en trincheras opuestas! Que le pregunte a José Graña, accionista importante de “El Comercio” y uno de los favoritos más contantes y sonantes del doctor García.
Después algunos se preguntan por qué la política repele tanto a los jóvenes y asquea a tanta gente decente.
viernes, 19 de marzo de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
º REPUBLIQUETA ESPARRAGUERA (Diario "La Primera" 16/03/10)
Hasta hace pocos días era uno de los favoritos de García. Es que creyó en García.
Ahora es un perseguido de García y su memoria expandida.
José Enrique Crousillat ha demostrado, en carne propia, que se puede pasar, en apenas horas, de cortesano a hereje, de mimado a apestado, de montesinista con privilegios alanistas a pobre diablo con orden de captura.
¿Y la comisión médica que iba a nombrar, por encargo de García, el ministro de salud, señor Ugarte?
¿Y la evaluación del expediente judicial y los papeles del indulto?
¿Y la revisión que se haría de la calidad de los once diagnósticos supuestamente en juego?
¡Pamplinas!
El indulto, que es una gracia, puede desaparecer de un patadón des-graciado (como el que sufriera, aquella tarde infame, Jesús Lora).
La lección es que, tratándose de García, la única estabilidad jurídica posible es la que disfrutan los mineros y los TLC.
Y ojo que no es que estemos lamentando la situación de Crousillat, veterano rufián de contenidos televisivos.
Lo que lamentamos es la imagen de país que hemos tenido que dar gracias al doctor García.
Sí, gracias a él, que se enfangó otra vez en un charco mafioso otorgando una gracia humanitaria que Crousillat no se merecía.
Lo que el indulto quería era devolver a las calles y a los juzgados al hombre que podía poner nerviosos a “El Comercio” y “La República”.
Y los puso, pero a costa de poner al mismo tiempo al descubierto la grosería de la gracia concedida: la zafiedad alquilada de Pastor, el desacato a los dictámenes médicos y procesales del Inpe, la intervención mafiosa para que el reo no estuviera en San Jorge y pasara su “carcelería” en el spá disimulado de una clínica.
Y encima vino lo del juicio apocalíptico maquinado por Jorge Castro y bendecido por Nicolás Lúcar, el consejero del Padrino.
Ya no sólo el indulto: ¡también la recuperación del Canal que se usó de mingitorio!
Crousillat olvidó que esperar dos grandes piezas en una sola sesión de pesca es algo que sólo los ingenuos hacen.
¿No le bastó con la libertad tramposa obtenida en alguna covacha de palacio de gobierno?
No. Y no le bastó porque –de eso pueden estar Seguros- escuchó de García (a través de Castro) no sólo frases amables y piadosas sino anuencias prometedoras y aliento de barra brava y compromisos de vegasvegas.
Pero García hace tiempo que no calcula bien. Hace mucho tiempo que ha perdido el instinto del horizonte y las señales del mediano plazo.
Por eso no pudo prever el terremoto que se le vino (un 7,9 en la escala modificada de Rey).
Y por eso olvidó todo, pateó todo, desconoció todo y, sometido a una presión que incluyó la de su propio partido, mandó a apresar al que nunca debió estar libre y, horas después, “disolvió” el indulto burlándose de toda formalidad (y no se sabe si previniendo antes a Crousillat, su traicionado ex-beneficiario).
La lección de todo esto es que el Perú es una republiqueta esparraguera, una Pampa Bonita donde el presidente hace lo que le da la gana, un reino cafre en el que el poder judicial persigue a pedido del califa y donde la ley se escribe en esos suaves papiros enrrollados que suelen estar junto a los inodoros.
Ahora es un perseguido de García y su memoria expandida.
José Enrique Crousillat ha demostrado, en carne propia, que se puede pasar, en apenas horas, de cortesano a hereje, de mimado a apestado, de montesinista con privilegios alanistas a pobre diablo con orden de captura.
¿Y la comisión médica que iba a nombrar, por encargo de García, el ministro de salud, señor Ugarte?
¿Y la evaluación del expediente judicial y los papeles del indulto?
¿Y la revisión que se haría de la calidad de los once diagnósticos supuestamente en juego?
¡Pamplinas!
El indulto, que es una gracia, puede desaparecer de un patadón des-graciado (como el que sufriera, aquella tarde infame, Jesús Lora).
La lección es que, tratándose de García, la única estabilidad jurídica posible es la que disfrutan los mineros y los TLC.
Y ojo que no es que estemos lamentando la situación de Crousillat, veterano rufián de contenidos televisivos.
Lo que lamentamos es la imagen de país que hemos tenido que dar gracias al doctor García.
Sí, gracias a él, que se enfangó otra vez en un charco mafioso otorgando una gracia humanitaria que Crousillat no se merecía.
Lo que el indulto quería era devolver a las calles y a los juzgados al hombre que podía poner nerviosos a “El Comercio” y “La República”.
Y los puso, pero a costa de poner al mismo tiempo al descubierto la grosería de la gracia concedida: la zafiedad alquilada de Pastor, el desacato a los dictámenes médicos y procesales del Inpe, la intervención mafiosa para que el reo no estuviera en San Jorge y pasara su “carcelería” en el spá disimulado de una clínica.
Y encima vino lo del juicio apocalíptico maquinado por Jorge Castro y bendecido por Nicolás Lúcar, el consejero del Padrino.
Ya no sólo el indulto: ¡también la recuperación del Canal que se usó de mingitorio!
Crousillat olvidó que esperar dos grandes piezas en una sola sesión de pesca es algo que sólo los ingenuos hacen.
¿No le bastó con la libertad tramposa obtenida en alguna covacha de palacio de gobierno?
No. Y no le bastó porque –de eso pueden estar Seguros- escuchó de García (a través de Castro) no sólo frases amables y piadosas sino anuencias prometedoras y aliento de barra brava y compromisos de vegasvegas.
Pero García hace tiempo que no calcula bien. Hace mucho tiempo que ha perdido el instinto del horizonte y las señales del mediano plazo.
Por eso no pudo prever el terremoto que se le vino (un 7,9 en la escala modificada de Rey).
Y por eso olvidó todo, pateó todo, desconoció todo y, sometido a una presión que incluyó la de su propio partido, mandó a apresar al que nunca debió estar libre y, horas después, “disolvió” el indulto burlándose de toda formalidad (y no se sabe si previniendo antes a Crousillat, su traicionado ex-beneficiario).
La lección de todo esto es que el Perú es una republiqueta esparraguera, una Pampa Bonita donde el presidente hace lo que le da la gana, un reino cafre en el que el poder judicial persigue a pedido del califa y donde la ley se escribe en esos suaves papiros enrrollados que suelen estar junto a los inodoros.
domingo, 14 de marzo de 2010
BASURA CÁCERES (Diario "La Primera" 14/03/10)
(Ayer, en “El Comercio”, se dio cuenta de una noticia que vuelve a demostrar hasta dónde llega la amnesia voluntaria y el paludismo moral de nosotros los peruanos. Porque resulta que don Luis Cáceres Velázquez, el hombre que se vendió al Fujimorismo por 20,000 dólares, encabeza una encuesta de intención de voto para la alcaldía de Arequipa. De modo que este puneño tránsfuga podría volver a manejar, a pesar del hedor de su pasado, la ciudad que siempre se jactó –y con razón- de ser la mayor fuente de rebeldía y dignidad de la historia republicana del Perú. Las líneas que siguen corresponden a la apócrifa y difamatoria biografía que sobre el personaje en cuestión se encontró hace poco en un vertedero de Juliaca).
Basura Cáceres nació en el distrito lacustre de Cacatiti un imaginativo y erróneo 32 de agosto de 1930.
Como se verá, se trata de una fecha falsa que, sin embargo, figura en una partida de nacimiento, también falsa, inscrita en un registro inexistente, suscrita por funcionarios que jamás estuvieron en el escalafón público y asentada en un libro de hojas amarillentas sin llenar. Por eso algunos dicen que B. Cáceres fue, formalmente, un nonato.
B. Cáceres ganó su primera licitación pública cuando no había cumplido cuatro años (de LA PRIMERA condena).
En efecto, cumplida su primera cadena perpetua y hecha su primera obra pública en Juliaca con la mejor arena que pudo encontrar –la represa se llamó Acho y LA PRIMERA corrida fue ante el primer embalse-, B. Cáceres, libre porque el alcaide del penal le había firmado, ya muerto de una puñalada, un permiso especial de 14 años, decidió aventurarse con una empresa de resonancias familiares: fundar una banda.
La idea le vino cuando aprendió a leer, a la edad de 31 años, los titulares grandes de “Juliaca Informa”, que era un diario de cuatro páginas de información y 24 de publicidad. Un diario, dicho sea de paso, al que B. Cáceres había contribuido decisivamente obteniendo buena parte de su espectacular avisaje.
-Ese hombre no me pone un aviso en los últimos dos días –le decía el director, que tío por parte de madre, a B. Cáceres.
Y entonces B. Cáceres iba y hacía, modestamente, lo suyo, que era volar la casa del renuente con unas cuantas granadas y exterminar a la familia pero dejando siempre a un mayor de edad vivo para que continuara firmando los cheques de la publicidad.
B. Cáceres hacía eso y más pero siempre preguntaba por qué eran importantes esas hojas con caracteres incomprensibles y por qué daba tanto poder imprimirlas.
Hasta que, como decíamos, asistido por un amaestrador de extraordinaria paciencia, pudo articular, murmurándola, su primera frase de lector una mañana tranquila de diciembre. Un mundo nuevo se abrió ante sus ojos de depredador.
-¡Carajo! –se dijo a sí mismo-. Así era la cosa. Era un asunto grande.
Entonces, consciente de lo poco que había cobrado por sus servicios de sicariato en masa, B. Cáceres encaró a quien había sido su jefe, es decir el director de “Juliaca Informa”. Como el sujeto no pareció entender la magnitud del reclamo, B. Cáceres le dijo, con absoluta precisión, que estaba allí para cobrarle comisiones atrasadas porque sentía que no había sido bien tratado.
-Usted se ha aprovechado de mí –dijo B. Cáceres.
El director soltó una risita nerviosa.
Nunca se sabrá si fue la risita o la imposibilidad de pagar tantas moras y sobretasas fijadas de modo tan arbitrario lo que produjo el estallido de ferocidad de B. Cáceres. Lo cierto es que el director de “Juliaca Informa” fue resueltamente ejecutado.
Si hemos de ser precisos tendríamos que añadir que para realizar el entierro hubo de hacerse una literal colecta del interfecto, desconsideradamente disperso a causa de 108 machetazos de mayor o menor relevancia.
De resultas de ese trágico incidente –y dado que la viuda y los hijos del troceado hombre de prensa se asilaron en Arica- B. Cáceres se quedó con el periódico y vio cómo todos en Juliaca, el día en que velaban los avos del difunto, le besaban la sortija de oro que le había regalado, poco después de cerrar los ojos para siempre, una de sus víctimas.
-Padrino, padrino, mis respetos –le decían.
Pero el pueblo le quedaba chico. Había poco que corregir, casi nadie a quien matar y las mujeres pollerudas empezaban a hartarle.
De tal modo que decidió tomar Arequipa.
Original en todo, fue el primer Jesse James de la puna en emplear forajidos montados sobre guanacos. Dando alaridos de espanto y levantando una polvareda de varios kilómetros, los 6,000 bandoleros de B. Cáceres tomaron Arequipa casi sin oposición.
Cuando B. Cáceres decía que iba al asalto de una ciudad no se refería a saquear sus bancos o a ensañarse con las damas de algún lugar encopetado, no. Él tomaba la ciudad y sus asaltos podían durar temporadas enteras –uno de ellos, el de Ilave, duró tres años y medio-.
Cuando eso pasaba sus forajidos se instalaban, adquirían puestos públicos, ranchos, inmuebles intestados, viudas a discreción y, en algunas ocasiones, hasta zapatos.
-Hemos venido a tomar Arequipa -le dijo B. Cáceres al alcalde que salió a enfrentársele y que yacía en la tierra dura hecho un colador.
-¿No quieres contestarme, no? –preguntó B. Cáceres.
Entonces le preguntó al jefe de la guarnición policial, que bamboleaba de la rama de un eucalipto, si ese silencio suyo era aceptación y, como no hubo respuesta, B. Cáceres decidió que esa ciudad de sillares y súbditos ya era suya.
-Robaremos todo lo que podremos y nos iremos cuando nos dé la puta gana –gritó poco después B. Cáceres a la multitud convocada en la Plaza de Armas.
La multitud lo vitoreó.
-¡Viva Keiko! –rugieron las voces del aimaraje armado.
-¡Viva! –gritó B. Cáceres.
-¡Viva Kouri! –escopeteó la masa.
-¡Viva! –respondió B. Cáceres. Y añadió:
-¡Hemos vuelto, carajo! Esto será como en los años 90.
-¡Martín Rivas a Interior! –carraspeó Carlos Raffo disfrazado de danzante de tijeras.
-¡A Interior! –lo siguó la muchedumbre.
-¡A Lima, a liberar al Chino! –bramó Basura.
-¡A Lima! –hizo eco la gente.
Basura Cáceres nació en el distrito lacustre de Cacatiti un imaginativo y erróneo 32 de agosto de 1930.
Como se verá, se trata de una fecha falsa que, sin embargo, figura en una partida de nacimiento, también falsa, inscrita en un registro inexistente, suscrita por funcionarios que jamás estuvieron en el escalafón público y asentada en un libro de hojas amarillentas sin llenar. Por eso algunos dicen que B. Cáceres fue, formalmente, un nonato.
B. Cáceres ganó su primera licitación pública cuando no había cumplido cuatro años (de LA PRIMERA condena).
En efecto, cumplida su primera cadena perpetua y hecha su primera obra pública en Juliaca con la mejor arena que pudo encontrar –la represa se llamó Acho y LA PRIMERA corrida fue ante el primer embalse-, B. Cáceres, libre porque el alcaide del penal le había firmado, ya muerto de una puñalada, un permiso especial de 14 años, decidió aventurarse con una empresa de resonancias familiares: fundar una banda.
La idea le vino cuando aprendió a leer, a la edad de 31 años, los titulares grandes de “Juliaca Informa”, que era un diario de cuatro páginas de información y 24 de publicidad. Un diario, dicho sea de paso, al que B. Cáceres había contribuido decisivamente obteniendo buena parte de su espectacular avisaje.
-Ese hombre no me pone un aviso en los últimos dos días –le decía el director, que tío por parte de madre, a B. Cáceres.
Y entonces B. Cáceres iba y hacía, modestamente, lo suyo, que era volar la casa del renuente con unas cuantas granadas y exterminar a la familia pero dejando siempre a un mayor de edad vivo para que continuara firmando los cheques de la publicidad.
B. Cáceres hacía eso y más pero siempre preguntaba por qué eran importantes esas hojas con caracteres incomprensibles y por qué daba tanto poder imprimirlas.
Hasta que, como decíamos, asistido por un amaestrador de extraordinaria paciencia, pudo articular, murmurándola, su primera frase de lector una mañana tranquila de diciembre. Un mundo nuevo se abrió ante sus ojos de depredador.
-¡Carajo! –se dijo a sí mismo-. Así era la cosa. Era un asunto grande.
Entonces, consciente de lo poco que había cobrado por sus servicios de sicariato en masa, B. Cáceres encaró a quien había sido su jefe, es decir el director de “Juliaca Informa”. Como el sujeto no pareció entender la magnitud del reclamo, B. Cáceres le dijo, con absoluta precisión, que estaba allí para cobrarle comisiones atrasadas porque sentía que no había sido bien tratado.
-Usted se ha aprovechado de mí –dijo B. Cáceres.
El director soltó una risita nerviosa.
Nunca se sabrá si fue la risita o la imposibilidad de pagar tantas moras y sobretasas fijadas de modo tan arbitrario lo que produjo el estallido de ferocidad de B. Cáceres. Lo cierto es que el director de “Juliaca Informa” fue resueltamente ejecutado.
Si hemos de ser precisos tendríamos que añadir que para realizar el entierro hubo de hacerse una literal colecta del interfecto, desconsideradamente disperso a causa de 108 machetazos de mayor o menor relevancia.
De resultas de ese trágico incidente –y dado que la viuda y los hijos del troceado hombre de prensa se asilaron en Arica- B. Cáceres se quedó con el periódico y vio cómo todos en Juliaca, el día en que velaban los avos del difunto, le besaban la sortija de oro que le había regalado, poco después de cerrar los ojos para siempre, una de sus víctimas.
-Padrino, padrino, mis respetos –le decían.
Pero el pueblo le quedaba chico. Había poco que corregir, casi nadie a quien matar y las mujeres pollerudas empezaban a hartarle.
De tal modo que decidió tomar Arequipa.
Original en todo, fue el primer Jesse James de la puna en emplear forajidos montados sobre guanacos. Dando alaridos de espanto y levantando una polvareda de varios kilómetros, los 6,000 bandoleros de B. Cáceres tomaron Arequipa casi sin oposición.
Cuando B. Cáceres decía que iba al asalto de una ciudad no se refería a saquear sus bancos o a ensañarse con las damas de algún lugar encopetado, no. Él tomaba la ciudad y sus asaltos podían durar temporadas enteras –uno de ellos, el de Ilave, duró tres años y medio-.
Cuando eso pasaba sus forajidos se instalaban, adquirían puestos públicos, ranchos, inmuebles intestados, viudas a discreción y, en algunas ocasiones, hasta zapatos.
-Hemos venido a tomar Arequipa -le dijo B. Cáceres al alcalde que salió a enfrentársele y que yacía en la tierra dura hecho un colador.
-¿No quieres contestarme, no? –preguntó B. Cáceres.
Entonces le preguntó al jefe de la guarnición policial, que bamboleaba de la rama de un eucalipto, si ese silencio suyo era aceptación y, como no hubo respuesta, B. Cáceres decidió que esa ciudad de sillares y súbditos ya era suya.
-Robaremos todo lo que podremos y nos iremos cuando nos dé la puta gana –gritó poco después B. Cáceres a la multitud convocada en la Plaza de Armas.
La multitud lo vitoreó.
-¡Viva Keiko! –rugieron las voces del aimaraje armado.
-¡Viva! –gritó B. Cáceres.
-¡Viva Kouri! –escopeteó la masa.
-¡Viva! –respondió B. Cáceres. Y añadió:
-¡Hemos vuelto, carajo! Esto será como en los años 90.
-¡Martín Rivas a Interior! –carraspeó Carlos Raffo disfrazado de danzante de tijeras.
-¡A Interior! –lo siguó la muchedumbre.
-¡A Lima, a liberar al Chino! –bramó Basura.
-¡A Lima! –hizo eco la gente.
sábado, 13 de marzo de 2010
º MILAGROS EN LA CATÓLICA (Diario "La Primera" 13/03/10)
No le creo ni media palabra a la encuesta de ayer de la Católica.
Lo que ocurre con el caviaraje mitad pontificio y mitad avendañista -¿vieron a don Jorge Avendaño defendiendo la cutraza de Comunicore?- es que está asustado porque el juicio que les ha metido Cipriani es de temblar.
Y lo es por algo muy sencillo: la voluntad testamentaria de José de la Riva Agüero, el dueño de las tierras santas donde hoy reinan los chicos que alguna vez fueron de Wisconsin, se ha incumplido escrupulosamente.
Y como se ha incumplido, a los rentistas de la Católica les está costando las duras penas demostrar que, en efecto, son los ocupantes sin mácula de la Universidad.
Por eso es que la Católica se está replegando de todo aquello que pueda sonar izquierdista, o que pueda leerse como contestatario, o que pueda entenderse como apenas incómodo para los que cortan el jamón.
Y por eso quizá sus encuestas más recientes han empezado a parecerse tanto a las de la Universidad de Lima. No sólo por el sesgo de las preguntas sino por el significado de sus omisiones y las connotaciones de sus notorias infladas.
Ayer, por ejemplo, los chicos de la Católica nos han dicho que, en Lima, Jaime Bayly tiene tanto puntaje en intención de voto como Toledo y un puntito más que el pobre Humala, a quien las tropas de Tuesta parecen haber desterrado de toda esperanza.
La encuesta que comentamos es, por supuesto, limeñísima y mazamorrera hasta el zahumerio. Sólo que ahora, en la Católica, el viento de los inciensos tiene otra dirección.
Toledo, la bestia negra de Alan García, tiene en este sondeo menos puntaje que el candidato “No precisa”, que anda por el 9 por ciento y que, sin duda, sería un gran presidente ecléctico.
Eso suena muy conveniente a la hora de enfrentarse al aprismo judicial de los Vega cuando las papas queman en un expediente. Un expediente –hay que recordarlo- del cual depende nada menos que la administración de esa fortuna incalculable (y exonerada de tributación) que es la PUCP.
Castañeda, claro, sigue firme y rocoso en su primer lugar. Y a varios cuerpos, pero impertérrita y varada en su orilla, está Keiko y su segundo lugar. Y todos los demás son moco de pavo, agujetas de color de rosa, chancayes de 10.
Y, desde luego, cuando los católicos de la demoscopía arman el cuadro de los indeseables el primero de ellos, qué duda cabe, es el mismo comandante que está debajo de Bayly.
La cosa es así. Les preguntan a los limeños encuestados por quién no votarían jamás y, entonces, surge un alud de odio dirigido en contra del candidato que estuvo a punto de ganarle a Alan García en el 2006: 54 por ciento dice que jamás (DE NINGUNA MANERA, las mayúsculas son del documento original) votaría por Humala. Es el único caso. Todos los demás aspirantes, incluida la simpática Pucca del Fujimorismo, apenas congregan un veintitantos por ciento de rechazo visceral.
Ante la pregunta de cuál es el candidato que lucharía con más eficacia en contra de la corrupción, la muestra pone a Castañeda como primero, con el 27%. ¿Castañeda como el más apto para luchar en contra de la corrupción? ¿Con fajo o sin fajo de ReLima?
Y hasta Alex Kouri, ese hijo de Convial, resulta el más aprobado (42%) en su “desempeño público”. ¿Quién es el último de esta lista? No se equivocaron: es Ollanta Humala (con 15%).
Pero el asunto no queda allí. El milagro de la Pontificia es ambicioso y multiplica también los panes de la popularidad alanista.
Porque resulta que el doctor García sube cuatro puntos en su aprobación limeña y llega a la plusmarca de 39 por ciento de anuencia popular. En plena decadencia del indulto podrido y las patochadas de buena parte de sus ministros.
Pero así es la cosa en el Perú cuando tienes rabo de paja y te cuadras, no ante el Juez Supremo Celestial sino ante un juez de la Superior que te guiña el ojo. ¡Amén!
------------------------------------------------
Posdata: Roxanne Cheesmann me ha llamado y me ha asegurado que ella jamás influyó en la decisión presidencial de indultar a José Enrique Crousillat. Le creo. publico estas líneas a su solicitud y ofrezco mis disculpas por el error cometido.
Lo que ocurre con el caviaraje mitad pontificio y mitad avendañista -¿vieron a don Jorge Avendaño defendiendo la cutraza de Comunicore?- es que está asustado porque el juicio que les ha metido Cipriani es de temblar.
Y lo es por algo muy sencillo: la voluntad testamentaria de José de la Riva Agüero, el dueño de las tierras santas donde hoy reinan los chicos que alguna vez fueron de Wisconsin, se ha incumplido escrupulosamente.
Y como se ha incumplido, a los rentistas de la Católica les está costando las duras penas demostrar que, en efecto, son los ocupantes sin mácula de la Universidad.
Por eso es que la Católica se está replegando de todo aquello que pueda sonar izquierdista, o que pueda leerse como contestatario, o que pueda entenderse como apenas incómodo para los que cortan el jamón.
Y por eso quizá sus encuestas más recientes han empezado a parecerse tanto a las de la Universidad de Lima. No sólo por el sesgo de las preguntas sino por el significado de sus omisiones y las connotaciones de sus notorias infladas.
Ayer, por ejemplo, los chicos de la Católica nos han dicho que, en Lima, Jaime Bayly tiene tanto puntaje en intención de voto como Toledo y un puntito más que el pobre Humala, a quien las tropas de Tuesta parecen haber desterrado de toda esperanza.
La encuesta que comentamos es, por supuesto, limeñísima y mazamorrera hasta el zahumerio. Sólo que ahora, en la Católica, el viento de los inciensos tiene otra dirección.
Toledo, la bestia negra de Alan García, tiene en este sondeo menos puntaje que el candidato “No precisa”, que anda por el 9 por ciento y que, sin duda, sería un gran presidente ecléctico.
Eso suena muy conveniente a la hora de enfrentarse al aprismo judicial de los Vega cuando las papas queman en un expediente. Un expediente –hay que recordarlo- del cual depende nada menos que la administración de esa fortuna incalculable (y exonerada de tributación) que es la PUCP.
Castañeda, claro, sigue firme y rocoso en su primer lugar. Y a varios cuerpos, pero impertérrita y varada en su orilla, está Keiko y su segundo lugar. Y todos los demás son moco de pavo, agujetas de color de rosa, chancayes de 10.
Y, desde luego, cuando los católicos de la demoscopía arman el cuadro de los indeseables el primero de ellos, qué duda cabe, es el mismo comandante que está debajo de Bayly.
La cosa es así. Les preguntan a los limeños encuestados por quién no votarían jamás y, entonces, surge un alud de odio dirigido en contra del candidato que estuvo a punto de ganarle a Alan García en el 2006: 54 por ciento dice que jamás (DE NINGUNA MANERA, las mayúsculas son del documento original) votaría por Humala. Es el único caso. Todos los demás aspirantes, incluida la simpática Pucca del Fujimorismo, apenas congregan un veintitantos por ciento de rechazo visceral.
Ante la pregunta de cuál es el candidato que lucharía con más eficacia en contra de la corrupción, la muestra pone a Castañeda como primero, con el 27%. ¿Castañeda como el más apto para luchar en contra de la corrupción? ¿Con fajo o sin fajo de ReLima?
Y hasta Alex Kouri, ese hijo de Convial, resulta el más aprobado (42%) en su “desempeño público”. ¿Quién es el último de esta lista? No se equivocaron: es Ollanta Humala (con 15%).
Pero el asunto no queda allí. El milagro de la Pontificia es ambicioso y multiplica también los panes de la popularidad alanista.
Porque resulta que el doctor García sube cuatro puntos en su aprobación limeña y llega a la plusmarca de 39 por ciento de anuencia popular. En plena decadencia del indulto podrido y las patochadas de buena parte de sus ministros.
Pero así es la cosa en el Perú cuando tienes rabo de paja y te cuadras, no ante el Juez Supremo Celestial sino ante un juez de la Superior que te guiña el ojo. ¡Amén!
------------------------------------------------
Posdata: Roxanne Cheesmann me ha llamado y me ha asegurado que ella jamás influyó en la decisión presidencial de indultar a José Enrique Crousillat. Le creo. publico estas líneas a su solicitud y ofrezco mis disculpas por el error cometido.
viernes, 12 de marzo de 2010
º GARCÍA EN DECADENCIA (Diario "La Primera 12/03/10)
Sale Aurelio Pastor al patio de palacio de gobierno y dice, como si hablara desde una alfombra roja, que “el gobierno exigirá” una investigación del Congreso en relación a la transferencia de acciones de América Televisión.
Dice esto al costado del primer ministro, Javier Velásquez Quesquén. Éste no añade nada sino que refrenda implícitamente lo dicho con su silencio consentidor y hasta con ese lenguaje corporal que un arlequín envidiaría.
Por la noche, y dado el tsunami político y social producido por esta declaratoria de guerra a los grupos “El Comercio” y “La República”, hace su aparición el señor Luis Miró Quesada Valega, mandamás de América TV, y dice que “nada hará cambiar” la política informativa de América TV.
Más allá de que la política informativa de América TV consiste en cumplir con la voluntad de “El Comercio”, lo cierto es que Miró Quesada Valega parece haber tomado el toro por las astas y, con la ayuda fraterna de Rosa María Palacios, dice lo suyo. Lo dice, claro, con esa vocación por el eco y la repetición y con ese airecillo de indignación aristocrática que sólo los Miró Quesada parecen capaces de alcanzar.
Pero en eso sucede lo increíble: llama Velásquez Quesquén al programa de la señora Palacios y se atreve a jurar, con la desfachatez que se aprende junto a García, que “el gobierno no exige ninguna investigación sobre la transferencia de acciones de América Televisión”.
Realmente estupefacta, la señora Palacios le pregunta, más o menos, cómo se explica entonces lo dicho por Aurelio Pastor, ministro de Justicia.
Velásquez Quesquén dice que no hay nada que explicar, que lo dicho no se dijo, que él habla como presidente del consejo de ministros y que sanseacabó.
Tras un corte comercial, la señora Palacios vuelve a pasar el video del señor Pastor. Lo pasa dos veces y allí está, irrefutable, la cita: “el gobierno exigirá una investigación...”
¿Cosa de locos? No, asunto de mafiosos que empiezan a patinar, a sacar tajadas personales, a no obedecer al capo que se fue de viaje y no dejó directivas claras.
Pastor no le ha cobrado todavía a Crousillat por el fraude del indulto. Pero no hay duda de que, si Crousillat recupera el canal, Pastor cobrará lo suyo: al cash o en especies, en un solo tramo o en espacios, en cherris o con programa propio.
Entonces, por la noche, llega el doctor García de la temblorosa transmisión de mando en Chile y lo primero que dice es que “tiene entendido” que “un ministro habría dicho” que sería una decisión del gobierno ordenar la investigación sobre el cambio de mando en Canal 4.
El presidente niega tres veces- pedrianamente, garcíamente- que sea propósito del gobierno recomendar tal investigación. Nadie le pregunta por qué, entonces, Pastor dijo lo que todos le oímos decir.
García añade que está facultado a revocar la gracia del indulto a Crousillat y que lo hará si los nuevos exámenes contradicen aquellos que le sirvieron, supuestamente, para ser generoso con el recomendado de Ricardo Ghibellini y Roxanne Cheesmann.
Pero en seguida dice que, como ciudadano libre, Crousillat podría negarse a someterse a nuevas pericias clínicas. Para de inmediato matizar: “aunque alguien que se niega a ser examinado está demostrando que tiene algo que ocultar”.
O sea que García, a la cabeza de su gobierno, ya no sabe lo que dice ni sabe cómo borrar lo hecho ni de qué modo encubrir sus jugarretas ni a quién sacrificar para salir ileso de tanto derrape.
Este es el peor momento de García. Este el peor momento de un gobierno que no lo venía haciendo mal en relación a la gran prensa, esa yegua de cascos ligeros que cambia cada cinco años de montura. Y lo increíble es lo que García y sus torpes cortesanos han logrado con el llamado “operativo Crousillat”.
Porque resulta que, gracias a García y su vocación por lo sórdido (allí están sus cercanías con Kouri y “Chimpún Callao”, sus coqueteos con el Fujimorismo civil y armado, su mano tendida a lo peor de la CTP) y gracias a Pastor y a sus viciosos procederes, ahora tenemos que “América Televisión” aparece como la heroína de la fiesta.
Seamos claros: una cosa es que Crousillat sea un súper ratón del fujimontesinismo y otra cosa es que nos creamos el cuento de Miró Quesada Valega.
Ese cuento consiste en tratar de hacernos creer que América Televisión, a raíz de lo sucedido, defenderá la línea impoluta de la que carece, seguirá demostrando el coraje opositor al que renunció hace tiempo y resistirá las presiones políticas que, en los últimos tiempos, siempre sorteó negociando y cediendo.
Como si el Canal de Lan-Chile y Graña Montero fuera todo un ejemplo de independencia.
Si García pensó que su pata Crousillat mantendría en asustado jaque a “El Comercio” y a Canal 4 en plena etapa electoral, se equivocó. Primero, porque no necesitaba apelar a tan esperpéntico personaje: bastaba con seguir pidiéndole a Pepe Graña que, de vez en cuando, morigerara ciertas cosas. Y segundo, porque Crousillat es un auténtico decadente, un matón porteño que sólo podía causar líos como el que ha producido.
La lección final podría ser esta: Alan García, el otrora hábil constructor de ardides, hoy fabrica bumeranes. Y los hace cada día más bonitos.
Dice esto al costado del primer ministro, Javier Velásquez Quesquén. Éste no añade nada sino que refrenda implícitamente lo dicho con su silencio consentidor y hasta con ese lenguaje corporal que un arlequín envidiaría.
Por la noche, y dado el tsunami político y social producido por esta declaratoria de guerra a los grupos “El Comercio” y “La República”, hace su aparición el señor Luis Miró Quesada Valega, mandamás de América TV, y dice que “nada hará cambiar” la política informativa de América TV.
Más allá de que la política informativa de América TV consiste en cumplir con la voluntad de “El Comercio”, lo cierto es que Miró Quesada Valega parece haber tomado el toro por las astas y, con la ayuda fraterna de Rosa María Palacios, dice lo suyo. Lo dice, claro, con esa vocación por el eco y la repetición y con ese airecillo de indignación aristocrática que sólo los Miró Quesada parecen capaces de alcanzar.
Pero en eso sucede lo increíble: llama Velásquez Quesquén al programa de la señora Palacios y se atreve a jurar, con la desfachatez que se aprende junto a García, que “el gobierno no exige ninguna investigación sobre la transferencia de acciones de América Televisión”.
Realmente estupefacta, la señora Palacios le pregunta, más o menos, cómo se explica entonces lo dicho por Aurelio Pastor, ministro de Justicia.
Velásquez Quesquén dice que no hay nada que explicar, que lo dicho no se dijo, que él habla como presidente del consejo de ministros y que sanseacabó.
Tras un corte comercial, la señora Palacios vuelve a pasar el video del señor Pastor. Lo pasa dos veces y allí está, irrefutable, la cita: “el gobierno exigirá una investigación...”
¿Cosa de locos? No, asunto de mafiosos que empiezan a patinar, a sacar tajadas personales, a no obedecer al capo que se fue de viaje y no dejó directivas claras.
Pastor no le ha cobrado todavía a Crousillat por el fraude del indulto. Pero no hay duda de que, si Crousillat recupera el canal, Pastor cobrará lo suyo: al cash o en especies, en un solo tramo o en espacios, en cherris o con programa propio.
Entonces, por la noche, llega el doctor García de la temblorosa transmisión de mando en Chile y lo primero que dice es que “tiene entendido” que “un ministro habría dicho” que sería una decisión del gobierno ordenar la investigación sobre el cambio de mando en Canal 4.
El presidente niega tres veces- pedrianamente, garcíamente- que sea propósito del gobierno recomendar tal investigación. Nadie le pregunta por qué, entonces, Pastor dijo lo que todos le oímos decir.
García añade que está facultado a revocar la gracia del indulto a Crousillat y que lo hará si los nuevos exámenes contradicen aquellos que le sirvieron, supuestamente, para ser generoso con el recomendado de Ricardo Ghibellini y Roxanne Cheesmann.
Pero en seguida dice que, como ciudadano libre, Crousillat podría negarse a someterse a nuevas pericias clínicas. Para de inmediato matizar: “aunque alguien que se niega a ser examinado está demostrando que tiene algo que ocultar”.
O sea que García, a la cabeza de su gobierno, ya no sabe lo que dice ni sabe cómo borrar lo hecho ni de qué modo encubrir sus jugarretas ni a quién sacrificar para salir ileso de tanto derrape.
Este es el peor momento de García. Este el peor momento de un gobierno que no lo venía haciendo mal en relación a la gran prensa, esa yegua de cascos ligeros que cambia cada cinco años de montura. Y lo increíble es lo que García y sus torpes cortesanos han logrado con el llamado “operativo Crousillat”.
Porque resulta que, gracias a García y su vocación por lo sórdido (allí están sus cercanías con Kouri y “Chimpún Callao”, sus coqueteos con el Fujimorismo civil y armado, su mano tendida a lo peor de la CTP) y gracias a Pastor y a sus viciosos procederes, ahora tenemos que “América Televisión” aparece como la heroína de la fiesta.
Seamos claros: una cosa es que Crousillat sea un súper ratón del fujimontesinismo y otra cosa es que nos creamos el cuento de Miró Quesada Valega.
Ese cuento consiste en tratar de hacernos creer que América Televisión, a raíz de lo sucedido, defenderá la línea impoluta de la que carece, seguirá demostrando el coraje opositor al que renunció hace tiempo y resistirá las presiones políticas que, en los últimos tiempos, siempre sorteó negociando y cediendo.
Como si el Canal de Lan-Chile y Graña Montero fuera todo un ejemplo de independencia.
Si García pensó que su pata Crousillat mantendría en asustado jaque a “El Comercio” y a Canal 4 en plena etapa electoral, se equivocó. Primero, porque no necesitaba apelar a tan esperpéntico personaje: bastaba con seguir pidiéndole a Pepe Graña que, de vez en cuando, morigerara ciertas cosas. Y segundo, porque Crousillat es un auténtico decadente, un matón porteño que sólo podía causar líos como el que ha producido.
La lección final podría ser esta: Alan García, el otrora hábil constructor de ardides, hoy fabrica bumeranes. Y los hace cada día más bonitos.
jueves, 11 de marzo de 2010
º FARIÑAS EN CUBA (Diario "La Primera" 11/03/10)
Guillermo Fariñas Hernández es periodista y licenciado en psicología. Tiene 48 años y es cubano.
Fue, hasta hace algunos años, un militante del Partido Comunista de Cuba. De niño había sido “pionero”, es decir infante marxista-leninista, con pañoleta roja al cuello y todo.
En su juventud fue, además de un buen basquetbolista, integrante de la Unión de Jóvenes Comunistas. Peleó en la guerra de Angola, demostró coraje excepcional en algunas de las batallas libradas en contra de los mercenarios imperialistas que combatían bajo el paraguas de Unita y el autodenominado Frente Nacional de Liberación, y fue varias veces condecorado por el régimen de Castro gracias a su temeridad como integrante de los Comandos de Demolición, Penetración y Sabotaje que acosaban la retaguardia del enemigo.
En una de esas acciones Fariñas recibió dos balazos: uno en un muslo y otro que le rozó la columna vertebral tras ser desviado por una cantimplora.
Más tarde fue parte del Batallón de seguridad de las Embajadas y fue uno de los guardias que custodiaba la embajada peruana el día en que un ómnibus rompió la tranquera de seguridad e ingresó a esa sede, originando la famosa crisis que terminaría en el puerto de Mariel.
Con todo ese pasado, sin embargo, Fariñas ahora está en huelga de hambre y es considerado un apátrida, un traidor y un asalariado de los Estados Unidos por la prensa oficial cubana.
Desde el 24 de febrero este afrocubano alto y magro de carnes está en huelga de hambre. Protesta de esa manera por lo que considera “la inhumanidad” del régimen castrista en contra de los presos políticos y demanda, de manera específica, la liberación de 26 de esos prisioneros de conciencia “dadas las precarias condiciones de salud que padecen”.
¿Qué puede convertir a un comunista en un disidente dispuesto a morir por lo que defiende? ¿Cómo se llega del fervor al odio, de la adhesión a la declaratoria de guerra? ¿Qué empujó a Fariñas a esta situación y a declarar a la BBC de Londres, como declaró ayer, que su muerte “demostrará la convicción de la oposición cubana”?
Aclaremos: esta es la decimocuarta huelga de hambre de Fariñas, convertido en un símbolo del radicalismo disidente y del drama sin salida que enfrentan, por ahora, los desafectos. Pero hay indicios de que, esta vez, Fariñas sí está dispuesto a llegar hasta el final.
Visitado por algunos corresponsales en su modesta casa de Santa Clara, la ciudad que alguna vez tomara el Che en nombre de la revolución que liberaría para siempre a Cuba del oprobio, Fariñas sabe que no habrá negociación. Lo supo también en junio del 2006, cuando llevó a cabo una de sus gandhianas protestas y fue convencido por sus familiares de que desistiera al descubrírsele una lesión pulmonar de origen tuberculoso.
Fariñas no es precisamente ecuánime en muchos de sus juicios y parece haber sufrido, desde aquel 1995 (año de su primera detención), un progresivo jacobinismo y un cierto deterioro de algunas de sus facultades. Sus ataques de epilepsia, por ejemplo, habrían aumentado en frecuencia e intensidad.
Pero esta es una razón adicional, en todo caso, para que el régimen cubano demuestre un tino especial y una pizca de “compasión socialista”.
Porque lo que ha llevado a Fariñas a este intento de imitar el gesto de Orlando Zapata Tamayo, muerto luego de permanecer 85 días en huelga de hambre, es una situación que sólo los felipillos del castrismo niegan: en Cuba la oposición carece de derechos y la única política que se permite es aquella que consiste en obedecer y temer.
Algunos corresponsales afincados en La Habana insinúan que lo que Fariñas desea no es negociar sino, sencillamente, morir.
“De otro modo no se explica que haya rechazado los buenos oficios de la embajada española en Cuba, que le propuso en las últimas horas, con el tácito consentimiento del régimen cubano, su salida de la isla y su asilo en España”, dice uno de ellos.
“Yo no quiero irme. Yo quiero inmolarme si el gobierno no cede”, ha dicho Fariñas.
Pero querer morir por una causa no es una deshonra. Es un gesto, más allá de las ideologías, de estirpe martiniana y guevarista. Y si la causa por la que se muere es la libertad para los presos políticos que tienen la salud quebrantada, esa muerte, si se diera, podría llegar a ser heroica.
Lo que es inocultable es que un nuevo capítulo se ha abierto en Cuba con el asesinato encubierto de Orlando Zapata Tamayo. Como en otras gestas –sombría paradoja-, es la muerte la que vivifica y sostiene y documenta.
Nadie desea que Fariñas muera. Pero nadie debería ser indiferente a la agonía crónica de los derechos humanos en la Cuba que los Castro secuestraron desde su entrega al modelo estalinista.
Fue, hasta hace algunos años, un militante del Partido Comunista de Cuba. De niño había sido “pionero”, es decir infante marxista-leninista, con pañoleta roja al cuello y todo.
En su juventud fue, además de un buen basquetbolista, integrante de la Unión de Jóvenes Comunistas. Peleó en la guerra de Angola, demostró coraje excepcional en algunas de las batallas libradas en contra de los mercenarios imperialistas que combatían bajo el paraguas de Unita y el autodenominado Frente Nacional de Liberación, y fue varias veces condecorado por el régimen de Castro gracias a su temeridad como integrante de los Comandos de Demolición, Penetración y Sabotaje que acosaban la retaguardia del enemigo.
En una de esas acciones Fariñas recibió dos balazos: uno en un muslo y otro que le rozó la columna vertebral tras ser desviado por una cantimplora.
Más tarde fue parte del Batallón de seguridad de las Embajadas y fue uno de los guardias que custodiaba la embajada peruana el día en que un ómnibus rompió la tranquera de seguridad e ingresó a esa sede, originando la famosa crisis que terminaría en el puerto de Mariel.
Con todo ese pasado, sin embargo, Fariñas ahora está en huelga de hambre y es considerado un apátrida, un traidor y un asalariado de los Estados Unidos por la prensa oficial cubana.
Desde el 24 de febrero este afrocubano alto y magro de carnes está en huelga de hambre. Protesta de esa manera por lo que considera “la inhumanidad” del régimen castrista en contra de los presos políticos y demanda, de manera específica, la liberación de 26 de esos prisioneros de conciencia “dadas las precarias condiciones de salud que padecen”.
¿Qué puede convertir a un comunista en un disidente dispuesto a morir por lo que defiende? ¿Cómo se llega del fervor al odio, de la adhesión a la declaratoria de guerra? ¿Qué empujó a Fariñas a esta situación y a declarar a la BBC de Londres, como declaró ayer, que su muerte “demostrará la convicción de la oposición cubana”?
Aclaremos: esta es la decimocuarta huelga de hambre de Fariñas, convertido en un símbolo del radicalismo disidente y del drama sin salida que enfrentan, por ahora, los desafectos. Pero hay indicios de que, esta vez, Fariñas sí está dispuesto a llegar hasta el final.
Visitado por algunos corresponsales en su modesta casa de Santa Clara, la ciudad que alguna vez tomara el Che en nombre de la revolución que liberaría para siempre a Cuba del oprobio, Fariñas sabe que no habrá negociación. Lo supo también en junio del 2006, cuando llevó a cabo una de sus gandhianas protestas y fue convencido por sus familiares de que desistiera al descubrírsele una lesión pulmonar de origen tuberculoso.
Fariñas no es precisamente ecuánime en muchos de sus juicios y parece haber sufrido, desde aquel 1995 (año de su primera detención), un progresivo jacobinismo y un cierto deterioro de algunas de sus facultades. Sus ataques de epilepsia, por ejemplo, habrían aumentado en frecuencia e intensidad.
Pero esta es una razón adicional, en todo caso, para que el régimen cubano demuestre un tino especial y una pizca de “compasión socialista”.
Porque lo que ha llevado a Fariñas a este intento de imitar el gesto de Orlando Zapata Tamayo, muerto luego de permanecer 85 días en huelga de hambre, es una situación que sólo los felipillos del castrismo niegan: en Cuba la oposición carece de derechos y la única política que se permite es aquella que consiste en obedecer y temer.
Algunos corresponsales afincados en La Habana insinúan que lo que Fariñas desea no es negociar sino, sencillamente, morir.
“De otro modo no se explica que haya rechazado los buenos oficios de la embajada española en Cuba, que le propuso en las últimas horas, con el tácito consentimiento del régimen cubano, su salida de la isla y su asilo en España”, dice uno de ellos.
“Yo no quiero irme. Yo quiero inmolarme si el gobierno no cede”, ha dicho Fariñas.
Pero querer morir por una causa no es una deshonra. Es un gesto, más allá de las ideologías, de estirpe martiniana y guevarista. Y si la causa por la que se muere es la libertad para los presos políticos que tienen la salud quebrantada, esa muerte, si se diera, podría llegar a ser heroica.
Lo que es inocultable es que un nuevo capítulo se ha abierto en Cuba con el asesinato encubierto de Orlando Zapata Tamayo. Como en otras gestas –sombría paradoja-, es la muerte la que vivifica y sostiene y documenta.
Nadie desea que Fariñas muera. Pero nadie debería ser indiferente a la agonía crónica de los derechos humanos en la Cuba que los Castro secuestraron desde su entrega al modelo estalinista.
miércoles, 10 de marzo de 2010
º CORAZÓN DE ORO (Diario "La Primera" 09/03/10)
El APRA ha tenido su primer éxito como partido rescatado del zulo en el que lo tenía, maniatado, el doctor Alan García.
El lunes por la noche, en el programa de Jaime de Althaus, el flamante secretario general aprista Jorge del Castillo dijo, para sorpresa de muchos, que él no estaba de acuerdo con el indulto concedido a José Enrique Crousillat y que le parecía que “el presidente García había sido sorprendido”. Eso fue a las 9 y 52 de la noche.
Ayer por la mañana, en la cabina de RPP, Augusto Álvarez Rodrich le preguntó sobre el mismo tema a Omar Quezada, el secretario general alterno del aprismo. Quezada se demoró apenas un par de segundos en decir que él tampoco estaba de acuerdo con la gracia concedida a José Enrique Crousillat.
¡Vaya! ¡El APRA renacía y se atrevía a desafiar, con buenas maneras, al mismísimo Alan García!
García entendió el mensaje y sacó la tabla donde está acostumbrado a surfear la ola del momento.
Y surfeó. Cinco horas después de lo dicho por Quezada, dieciséis horas después de lo expresado por Del Castillo, García salió ante la prensa a decir que, en efecto, se sentía “un poco burlado” por lo del indulto, que él había querido ser generoso “con una persona de 77 años que parecía estar muy mal de salud” y que ahora, a la luz de las exhibiciones de Crousillat en las playas de Asia y en el restaurante “Costanera 700”, pediría que se revisara el expediente médico y solicitaría que el indultado en cuestión se someta a nuevos exámenes médicos en el Instituto del Corazón o en el Seguro Social.
Lo que por vergüenza no dijo García es que los exámenes médicos que acompañaron el expediente del indulto eran de parte y procedían de unos médicos secuaces de Crousillat.
Y lo que no recordó García, también por vergüenza, es que los médicos del INPE se opusieron hasta el último momento al indulto porque ellos sí habían examinado a Crousillat y se habían dado cuenta de la magnitud de la farsa y del origen forajido de aquellos certificados que lo describían como a un anciano agonizante.
De modo que García concedió ese indulto a pesar de la opinión de los médicos del INPE y de los consejos decentes de algunos apristas. Como se sabe, la indecencia es hembra irresistible para algunos políticos de altas cualidades.
Lo que probablemente no imaginó García es que Crousillat iba a ser tan bruto como para exhibirse como un Charles Atlas en “Eisha” y como un comensal voraz, con cara de Carlitos Dogny, en “Costanera 700”.
Y lo que tampoco pudo prever García era que Crousillat activaría tan pronto, tras su bronceada exhibición playera, la maquinaria que el doctor Jorge Castro Castro, su abogado y kamikaze adjunto, había armado pieza por pieza y pagaré por pagaré para obtener, como final feliz de una telenovela de Televisa, el retorno de la familia, con Lúcar a la cabeza, a América Televisión.
Eso ya era demasiado. Era no sólo meterse con grupos de opinión poderosos sino intentar una devolución fraudulenta echando mano a audios editados, a retazos de verdad mezclados con yardas de mentiras y a personajes temblorosamente ambiguos como Eugenio Bertini (capaz de desdecirse en un par de segundos sin darse cuenta siquiera de su inconsistencia).
Llamar desheredado a José Enrique Crousillat es un chiste. E insinuar de que fue víctima del gobierno de Toledo es algo que sólo a los sirvientes de Belmont, en el 11, y a Beto Ortiz, en el 2, se les puede ocurrir.
Y decir, como el lamentablemente defenestrado Ortiz llegó a decir, que “el director de El Comercio también trabajó para Crousillat” –confundiendo a propósito a Paco Miró Quesada con el director de la página web de “El Comercio”- era algo excesivo aun para los estándares laxos de “Enemigos íntimos”.
De modo que desautorizado por los secretarios generales del APRA, sorprendido en la incómoda compañía de Beto Ortiz y Canal 11, señalado como el liberador de Crousillat, García no tuvo más remedio que tragarse un sapo jurásico y digno de Spielberg, deglutirlo a duras penas ante la prensa y salir en reversa hasta los confines de palacio de gobierno a lamerse las heridas y a rabiar como un loco (y al llegar a palacio, enterarse, para remate, de que a su archienemigo Jorge del Castillo la fiscalía lo había liberado, ayer mismo, de cualquier responsabilidad penal en el caso de los petroaudios).
Es cierto que Toledo estuvo interesado en el destino de Canal 4. Y es probable que en ese interés se asomara lo personal y lo subalterno.
Pero nadie duda de que la operación “compra de América Televisión” reunió todos los requisitos formales de ley y que fue producto de una durísima negociación encabezada por Gustavo Mohme Seminario.
Es cierto que Mohme compró en siete millones y medio de dólares una deuda que ascendía a 18 y que, al final, con intereses, llegó a 22 millones de dólares. También es cierto que puso una cuota inicial de un millón y medio y que ha venido amortizando los otros seis millones de dólares a lo largo de estos últimos años.
Pero eso no invalida la operación ni mucho menos. Eso, en la peor de las hipótesis, le da al arreglo final una pincelada pintoresca de sentido de la oportunidad y demuestra lo difícil que fue para Mohme, navegando en un mar de tiburones “fraternos”, llegar a hacerse con el 31 por ciento de las acciones de Canal 4, habiendo estado a un tris de comprar el 100 por ciento de haber aceptado la colaboración de un poderoso socio extranjero.
En todo caso, quien menos puede cuestionar el salvataje financiero de América Televisión es José Enrique Crousillat, el hombre que se vendió en el SIN, que hizo de Laura Bozzo la garganta profunda del Fujimorismo y de la televisión peruana un ejemplo de lo inmundo.
Para obtener el indulto tramposo que el tramposo García le concedió, José Enrique Crousillat acudió a un alto directivo de Canal 7 y a una señora con mucha posibilidad de influencia en palacio. A ellos les encargó que mostraran los certificados de su “cardiopatía terminal” y que hicieran paciente antesala ante el despacho de Luis Nava.
Ayer, y por razones que no pasan por las de un cardiólogo, el señor Crousillat, el enfermo imaginario, ha cavado, políticamente hablando, su tumba. Mejor dicho, ha reincidido en enterrarse.
El lunes por la noche, en el programa de Jaime de Althaus, el flamante secretario general aprista Jorge del Castillo dijo, para sorpresa de muchos, que él no estaba de acuerdo con el indulto concedido a José Enrique Crousillat y que le parecía que “el presidente García había sido sorprendido”. Eso fue a las 9 y 52 de la noche.
Ayer por la mañana, en la cabina de RPP, Augusto Álvarez Rodrich le preguntó sobre el mismo tema a Omar Quezada, el secretario general alterno del aprismo. Quezada se demoró apenas un par de segundos en decir que él tampoco estaba de acuerdo con la gracia concedida a José Enrique Crousillat.
¡Vaya! ¡El APRA renacía y se atrevía a desafiar, con buenas maneras, al mismísimo Alan García!
García entendió el mensaje y sacó la tabla donde está acostumbrado a surfear la ola del momento.
Y surfeó. Cinco horas después de lo dicho por Quezada, dieciséis horas después de lo expresado por Del Castillo, García salió ante la prensa a decir que, en efecto, se sentía “un poco burlado” por lo del indulto, que él había querido ser generoso “con una persona de 77 años que parecía estar muy mal de salud” y que ahora, a la luz de las exhibiciones de Crousillat en las playas de Asia y en el restaurante “Costanera 700”, pediría que se revisara el expediente médico y solicitaría que el indultado en cuestión se someta a nuevos exámenes médicos en el Instituto del Corazón o en el Seguro Social.
Lo que por vergüenza no dijo García es que los exámenes médicos que acompañaron el expediente del indulto eran de parte y procedían de unos médicos secuaces de Crousillat.
Y lo que no recordó García, también por vergüenza, es que los médicos del INPE se opusieron hasta el último momento al indulto porque ellos sí habían examinado a Crousillat y se habían dado cuenta de la magnitud de la farsa y del origen forajido de aquellos certificados que lo describían como a un anciano agonizante.
De modo que García concedió ese indulto a pesar de la opinión de los médicos del INPE y de los consejos decentes de algunos apristas. Como se sabe, la indecencia es hembra irresistible para algunos políticos de altas cualidades.
Lo que probablemente no imaginó García es que Crousillat iba a ser tan bruto como para exhibirse como un Charles Atlas en “Eisha” y como un comensal voraz, con cara de Carlitos Dogny, en “Costanera 700”.
Y lo que tampoco pudo prever García era que Crousillat activaría tan pronto, tras su bronceada exhibición playera, la maquinaria que el doctor Jorge Castro Castro, su abogado y kamikaze adjunto, había armado pieza por pieza y pagaré por pagaré para obtener, como final feliz de una telenovela de Televisa, el retorno de la familia, con Lúcar a la cabeza, a América Televisión.
Eso ya era demasiado. Era no sólo meterse con grupos de opinión poderosos sino intentar una devolución fraudulenta echando mano a audios editados, a retazos de verdad mezclados con yardas de mentiras y a personajes temblorosamente ambiguos como Eugenio Bertini (capaz de desdecirse en un par de segundos sin darse cuenta siquiera de su inconsistencia).
Llamar desheredado a José Enrique Crousillat es un chiste. E insinuar de que fue víctima del gobierno de Toledo es algo que sólo a los sirvientes de Belmont, en el 11, y a Beto Ortiz, en el 2, se les puede ocurrir.
Y decir, como el lamentablemente defenestrado Ortiz llegó a decir, que “el director de El Comercio también trabajó para Crousillat” –confundiendo a propósito a Paco Miró Quesada con el director de la página web de “El Comercio”- era algo excesivo aun para los estándares laxos de “Enemigos íntimos”.
De modo que desautorizado por los secretarios generales del APRA, sorprendido en la incómoda compañía de Beto Ortiz y Canal 11, señalado como el liberador de Crousillat, García no tuvo más remedio que tragarse un sapo jurásico y digno de Spielberg, deglutirlo a duras penas ante la prensa y salir en reversa hasta los confines de palacio de gobierno a lamerse las heridas y a rabiar como un loco (y al llegar a palacio, enterarse, para remate, de que a su archienemigo Jorge del Castillo la fiscalía lo había liberado, ayer mismo, de cualquier responsabilidad penal en el caso de los petroaudios).
Es cierto que Toledo estuvo interesado en el destino de Canal 4. Y es probable que en ese interés se asomara lo personal y lo subalterno.
Pero nadie duda de que la operación “compra de América Televisión” reunió todos los requisitos formales de ley y que fue producto de una durísima negociación encabezada por Gustavo Mohme Seminario.
Es cierto que Mohme compró en siete millones y medio de dólares una deuda que ascendía a 18 y que, al final, con intereses, llegó a 22 millones de dólares. También es cierto que puso una cuota inicial de un millón y medio y que ha venido amortizando los otros seis millones de dólares a lo largo de estos últimos años.
Pero eso no invalida la operación ni mucho menos. Eso, en la peor de las hipótesis, le da al arreglo final una pincelada pintoresca de sentido de la oportunidad y demuestra lo difícil que fue para Mohme, navegando en un mar de tiburones “fraternos”, llegar a hacerse con el 31 por ciento de las acciones de Canal 4, habiendo estado a un tris de comprar el 100 por ciento de haber aceptado la colaboración de un poderoso socio extranjero.
En todo caso, quien menos puede cuestionar el salvataje financiero de América Televisión es José Enrique Crousillat, el hombre que se vendió en el SIN, que hizo de Laura Bozzo la garganta profunda del Fujimorismo y de la televisión peruana un ejemplo de lo inmundo.
Para obtener el indulto tramposo que el tramposo García le concedió, José Enrique Crousillat acudió a un alto directivo de Canal 7 y a una señora con mucha posibilidad de influencia en palacio. A ellos les encargó que mostraran los certificados de su “cardiopatía terminal” y que hicieran paciente antesala ante el despacho de Luis Nava.
Ayer, y por razones que no pasan por las de un cardiólogo, el señor Crousillat, el enfermo imaginario, ha cavado, políticamente hablando, su tumba. Mejor dicho, ha reincidido en enterrarse.
martes, 9 de marzo de 2010
º TRIUNFO DE LA RAZÓN (Diario "La Primera" 09/03/10)
Si creyéramos en Lombroso diríamos que el doctor Carlos Mesía tiene cara de torpe. Hay algo en su pelo al rape, en su firmeza equívoca, en su mirada cargada de ínfulas que nos recuerda –con toda simpatía- a algún macho alfa de Animal Planet.
Y, en efecto, Carlos Mesía es torpe. No lo es, por supuesto, porque tenga el pelo cortado como recluta de alguna puta mili ni por el énfasis de carabinero que le pone a su palabrería.
Es torpe porque cree, por ejemplo, que el Tribunal Constitucional es “órgano jurisdiccional” en materia de derechos de reproducción, planificación familiar y paternidad responsable. Este señor debe estar preñado de mala uva.
Es tan torpe este Mesía con cara de portavoz de Mussolini que insiste en desacreditar a la Organización Mundial de la salud y, en plan de científico, reincide en decir que “no hay unanimidad” entre los embriólogos respecto de la polémica sobre el comienzo de la vida.
“Para unos embriólogos el comienzo de la vida es la anidación. Para otros, es la fecundación”, dice Mesía con cara de ginecólogo avieso.
Y añade:
“Y como los científicos no se ponen de acuerdo, entonces no hay ninguna verdad científica nueva que el ministro de salud pueda esgrimir para hacernos cambiar de opinión”.
¿Alguien puede decirle a este San Carlos de Apoquindo que todavía hay creacionistas que niegan la evolución y que eso no afecta a la ciencia porque esos creacionistas exponen, como él, una fe más que una verdad?
¿Alguien puede decirle a Mesía que la Iglesia de vocación oscurantista que él representa también negó a Galileo Galilei y quemó a Miguel Servet?
¿Alguien puede decirle a este señor que se vaya al demonio con sus amenazas?
Pues se lo dirá, con todo respeto, este modesto columnista: ¡váyase al diablo, doctor Mesía, con sus excomuniones de jurisperito y sus chantajes de fraile herbolario!
El Tribunal Constitucional, ese desprestigio en curso, no puede pretender dictar las normas sobre salud y reproducción.
Eso le incumbe, precisamente, al ministerio del doctor Ugarte, que ayer se ha atrevido, para honra de los fueros democráticos, a poner las cosas en su sitio ordenando, otra vez, el reparto de la píldora del día siguiente.
El doctor Mesía insiste en que, desde su punto de vista, la dicha píldora es abortiva. ¿Y al Perú qué le importa la cucufatería del doctor Mesía? ¿O es que Mesía sabe más que la Organización Mundial de la salud?
Con sus más recientes actuaciones el Tribunal Constitucional no garantiza el funcionamiento de la democracia. Al contrario: lo pone en peligro.
Porque, gracias a Mesía y a otros como él, el TC se ha convertido en una metástasis del abuso, un allanamiento permanente de predios ajenos y un acoso a jurisdicciones señaladamente distantes de aquellas que le incumben.
Recordemos su posición benévola en torno al Fujimorista general Wálter Chacón, su ambigüedad Chilenófila en cuanto al TLC con Chile, su indecorosa defensa del magistrado Beaumont Callirgos en dos casos de conflicto de intereses –y podríamos llenar una página de este periódico enumerando asuntos que han minado la reputación de esta institución que Fujimori parece haber corrompido para siempre-.
Mesía dice que estamos frente “a un golpe de Estado”.
Se equivoca este torpe encumbrado. Golpe de Estado fue el de Fujimori, el ídolo de monseñor Cipriani (el de “la Coordinadora de derechos humanos, esa cojudez”, el gran enemigo de la píldora del día siguiente, ¿recuerda?). Esto no es golpe de Estado. Esto es poner orden donde un TC promiscuo intenta meterse en cada dormitorio del Perú.
Esta de la píldora del día siguiente es una gran noticia para las mujeres, pero sobre todo para las mujeres pobres, las que ahora pueden volver a decidir, libremente, y si no han tenido a mano otros recursos anticonceptivos, cuántos hijos tener, con quién tenerlos, cuándo tenerlos.
Mesía habla del requisito de la unanimidad científica. ¿Sabrá que no hay unanimidad científica ni siquiera en relación al calentamiento global debido a que hay un montón de pregoneros de las petroleras diciendo que Al Gore es apocalíptico y que el Ártico no se está derritiendo?
La palabra unanimidad es hasta peligrosa, doctor Mesía. Por ejemplo, no hay unanimidad respecto del siguiente dilema: ¿es usted torpe de nacimiento o contrajo esa mirada, esa calva a lo Artola y esa manera de pensar en el viejo local de Alfonso Ugarte?
Me inclino a pensar en lo congénito, doctor Mesía. Al fin de cuentas, Haya de la Torre se enfrentó, en pleno gobierno de Leguía, al Corazón de Jesús y al poder reaccionario de la Iglesia y murió, muchos años más tarde, más sabio y agnóstico que nunca.
Usted, en cambio, doctor Mesía, es un aprista pasado por la sacristía. Fea mixtura.
Y, en efecto, Carlos Mesía es torpe. No lo es, por supuesto, porque tenga el pelo cortado como recluta de alguna puta mili ni por el énfasis de carabinero que le pone a su palabrería.
Es torpe porque cree, por ejemplo, que el Tribunal Constitucional es “órgano jurisdiccional” en materia de derechos de reproducción, planificación familiar y paternidad responsable. Este señor debe estar preñado de mala uva.
Es tan torpe este Mesía con cara de portavoz de Mussolini que insiste en desacreditar a la Organización Mundial de la salud y, en plan de científico, reincide en decir que “no hay unanimidad” entre los embriólogos respecto de la polémica sobre el comienzo de la vida.
“Para unos embriólogos el comienzo de la vida es la anidación. Para otros, es la fecundación”, dice Mesía con cara de ginecólogo avieso.
Y añade:
“Y como los científicos no se ponen de acuerdo, entonces no hay ninguna verdad científica nueva que el ministro de salud pueda esgrimir para hacernos cambiar de opinión”.
¿Alguien puede decirle a este San Carlos de Apoquindo que todavía hay creacionistas que niegan la evolución y que eso no afecta a la ciencia porque esos creacionistas exponen, como él, una fe más que una verdad?
¿Alguien puede decirle a Mesía que la Iglesia de vocación oscurantista que él representa también negó a Galileo Galilei y quemó a Miguel Servet?
¿Alguien puede decirle a este señor que se vaya al demonio con sus amenazas?
Pues se lo dirá, con todo respeto, este modesto columnista: ¡váyase al diablo, doctor Mesía, con sus excomuniones de jurisperito y sus chantajes de fraile herbolario!
El Tribunal Constitucional, ese desprestigio en curso, no puede pretender dictar las normas sobre salud y reproducción.
Eso le incumbe, precisamente, al ministerio del doctor Ugarte, que ayer se ha atrevido, para honra de los fueros democráticos, a poner las cosas en su sitio ordenando, otra vez, el reparto de la píldora del día siguiente.
El doctor Mesía insiste en que, desde su punto de vista, la dicha píldora es abortiva. ¿Y al Perú qué le importa la cucufatería del doctor Mesía? ¿O es que Mesía sabe más que la Organización Mundial de la salud?
Con sus más recientes actuaciones el Tribunal Constitucional no garantiza el funcionamiento de la democracia. Al contrario: lo pone en peligro.
Porque, gracias a Mesía y a otros como él, el TC se ha convertido en una metástasis del abuso, un allanamiento permanente de predios ajenos y un acoso a jurisdicciones señaladamente distantes de aquellas que le incumben.
Recordemos su posición benévola en torno al Fujimorista general Wálter Chacón, su ambigüedad Chilenófila en cuanto al TLC con Chile, su indecorosa defensa del magistrado Beaumont Callirgos en dos casos de conflicto de intereses –y podríamos llenar una página de este periódico enumerando asuntos que han minado la reputación de esta institución que Fujimori parece haber corrompido para siempre-.
Mesía dice que estamos frente “a un golpe de Estado”.
Se equivoca este torpe encumbrado. Golpe de Estado fue el de Fujimori, el ídolo de monseñor Cipriani (el de “la Coordinadora de derechos humanos, esa cojudez”, el gran enemigo de la píldora del día siguiente, ¿recuerda?). Esto no es golpe de Estado. Esto es poner orden donde un TC promiscuo intenta meterse en cada dormitorio del Perú.
Esta de la píldora del día siguiente es una gran noticia para las mujeres, pero sobre todo para las mujeres pobres, las que ahora pueden volver a decidir, libremente, y si no han tenido a mano otros recursos anticonceptivos, cuántos hijos tener, con quién tenerlos, cuándo tenerlos.
Mesía habla del requisito de la unanimidad científica. ¿Sabrá que no hay unanimidad científica ni siquiera en relación al calentamiento global debido a que hay un montón de pregoneros de las petroleras diciendo que Al Gore es apocalíptico y que el Ártico no se está derritiendo?
La palabra unanimidad es hasta peligrosa, doctor Mesía. Por ejemplo, no hay unanimidad respecto del siguiente dilema: ¿es usted torpe de nacimiento o contrajo esa mirada, esa calva a lo Artola y esa manera de pensar en el viejo local de Alfonso Ugarte?
Me inclino a pensar en lo congénito, doctor Mesía. Al fin de cuentas, Haya de la Torre se enfrentó, en pleno gobierno de Leguía, al Corazón de Jesús y al poder reaccionario de la Iglesia y murió, muchos años más tarde, más sabio y agnóstico que nunca.
Usted, en cambio, doctor Mesía, es un aprista pasado por la sacristía. Fea mixtura.
domingo, 7 de marzo de 2010
º FRASES HIRIENTES (Diario "La Primera" 07/02/10)
- Encontraron un local donde clonaban carnés de delegados para el Congreso aprista. ¡El APRA duplica sus fuerzas!
- LAN-Chile mató a la “U” por la espalda.
- Lo que pasa con Claudia Cisneros es que se mete a la máquina del tiempo.
- ¿Y por qué no hacemos un simulacro nacional de honestidad?
- Lo de Piura demuestra que a veces el mercado se impone a balazos.
- “Gracias a Dios que nuestras víctimas son pacientes. Si no, ya nos habrían linchado” (Fernando Barrios)
- Simon y Andrade se pelearon por las figuritas de un álbum que nadie habrá de comprar.
- Ramírez Erazo hace que Pepe Olaya parezca Joseph Pulitzer.
- Giampietri es a ratos tan bruto que debería levar ancas.
- Cuánto temerá García que algún día “los Chilenos se molesten”, que nuestro embajador en Santiago es Pareja.
- Lo que el Congreso aprista necesita es un desatorador.
- La lápida de Lourdes Flores quizá diga: “¡Jamás vaciló en dudar!”
- Alex Kouri sigue saliendo muy bien en los videos.
- El problema es que los que alertan tsunamis son la mar de idiotas.
- Los matrimonios deberían celebrarse en los juzgados de paz.
- El plato favorito de Mesalina era el tiradito.
- Ojalá que de Concepción nazca un nuevo Chile.
- El Mossad siempre cumple con aquello de la tierra prometida.
- Lo que más me impresiona es la bastedad del planeta.
- Los que dicen haber empezado desde abajo no es que estén muy arriba que digamos.
- Felizmente, todas las mujeres son huecas.
- Viendo a Villa Stein uno se da cuenta de que el poder judicial sufre de presión alta.
- La única comisión con recursos y poder es la Comisión García.
- El sexo es la fuerza armada de los pobres.
- Lourdes Flores ha tenido muchas pérdidas.
- Esa entrenadora fue condenada a la orca.
- El problema de muchas feministas extremas es el segundo seso.
- Pelo Madueño resultó ser un pendejo.
- Carlos Bruce ha salido del armario. Ahora tiene que salir de Perú Posible.
- A los suicidas que se lanzan al vacío lo que les pasa es que les patina la azotea.
- El sexo consiste en aprender a tocar el bajo.
- Con su problema de aceleración involuntaria, a toyota ya nadie la para.
- La exploración con pestañas es pura perversión.
- La función “Autocontemplar” es sexual.
- Las “Opciones avanzadas” sólo se ven en la cama.
- Los homosexuales suelen lavar activos.
- “Me iré a las regatas de San Remo”. (Belmont)
- En Haití lo único democrático ha sido el terremoto.
- García se reunió con Bayly para enseñarle cómo se negocia con Ivcher.
- Cuando Toledo dice que quiere volver a tomar el mando demuestra que padece síndrome de abstinencia.
- LAN-Chile mató a la “U” por la espalda.
- Lo que pasa con Claudia Cisneros es que se mete a la máquina del tiempo.
- ¿Y por qué no hacemos un simulacro nacional de honestidad?
- Lo de Piura demuestra que a veces el mercado se impone a balazos.
- “Gracias a Dios que nuestras víctimas son pacientes. Si no, ya nos habrían linchado” (Fernando Barrios)
- Simon y Andrade se pelearon por las figuritas de un álbum que nadie habrá de comprar.
- Ramírez Erazo hace que Pepe Olaya parezca Joseph Pulitzer.
- Giampietri es a ratos tan bruto que debería levar ancas.
- Cuánto temerá García que algún día “los Chilenos se molesten”, que nuestro embajador en Santiago es Pareja.
- Lo que el Congreso aprista necesita es un desatorador.
- La lápida de Lourdes Flores quizá diga: “¡Jamás vaciló en dudar!”
- Alex Kouri sigue saliendo muy bien en los videos.
- El problema es que los que alertan tsunamis son la mar de idiotas.
- Los matrimonios deberían celebrarse en los juzgados de paz.
- El plato favorito de Mesalina era el tiradito.
- Ojalá que de Concepción nazca un nuevo Chile.
- El Mossad siempre cumple con aquello de la tierra prometida.
- Lo que más me impresiona es la bastedad del planeta.
- Los que dicen haber empezado desde abajo no es que estén muy arriba que digamos.
- Felizmente, todas las mujeres son huecas.
- Viendo a Villa Stein uno se da cuenta de que el poder judicial sufre de presión alta.
- La única comisión con recursos y poder es la Comisión García.
- El sexo es la fuerza armada de los pobres.
- Lourdes Flores ha tenido muchas pérdidas.
- Esa entrenadora fue condenada a la orca.
- El problema de muchas feministas extremas es el segundo seso.
- Pelo Madueño resultó ser un pendejo.
- Carlos Bruce ha salido del armario. Ahora tiene que salir de Perú Posible.
- A los suicidas que se lanzan al vacío lo que les pasa es que les patina la azotea.
- El sexo consiste en aprender a tocar el bajo.
- Con su problema de aceleración involuntaria, a toyota ya nadie la para.
- La exploración con pestañas es pura perversión.
- La función “Autocontemplar” es sexual.
- Las “Opciones avanzadas” sólo se ven en la cama.
- Los homosexuales suelen lavar activos.
- “Me iré a las regatas de San Remo”. (Belmont)
- En Haití lo único democrático ha sido el terremoto.
- García se reunió con Bayly para enseñarle cómo se negocia con Ivcher.
- Cuando Toledo dice que quiere volver a tomar el mando demuestra que padece síndrome de abstinencia.
sábado, 6 de marzo de 2010
º CONGRESO APRISTA HISTÓRICO (Diario "La Primera" 06/03/10)
Hace muchos años, en 1983, el Congreso aprista vio nacer al sucesor de Haya de la Torre.
Fui testigo de ese evento e hice una crónica sobre el mismo, algo que muchos apristas, urgidos de renovación y asqueados de la vieja guardia, me agradecieron.
Estaba en disputa la elección del candidato para las elecciones de 1985.
Y las trincheras estaban bien definidas. Desde una de ellas disparaba Carlos Enrique Melgar, resumen verborreico del APRA próxima a la mugre, orador de tinieblas, barroco huamanguino, penalista con expediente propio, ex “Mister Ayacucho” y “griego” por adopción. Melgar hacía juego con Idiáquez y cantaba a dúo nasal con León de Vivero en las noches que Carlos Langberg financiaba a tiros.
En la otra orilla estaba Alan García Pérez, el joven diputado que había prometido cambiar el país, el partido, el mundo.
Cuando Melgar contó los votos que le tocaron supo que le había llegado la hora. García celebró su triunfo con un discurso hermoso porque estaba cargado de sentido.
Ya sabemos en qué acabó todo eso. La casa de Melgar en Punta Negra –oxidada, en ruinas- podría ser el monumento funerario del APRA de los 80.
Y el personaje que hoy, de pura obstinación patronímica, se sigue llamando Alan García es la encarnación del olvido y del pragmatismo a quince asaltos y la viva demostración de que en el Perú, como decía Belli, “en cada linaje el deterioro ejerce su dominio”.
Del García de los 80 sólo nos queda la inflación hecha carne y el tundete a lo Avilés de su retórica. Sería injusto no decir que también le queda al personaje un prodigioso talento para el arte del mentir y un inquebrantable apego a la impostura y al dinero negro.
Pero soy testigo ocular de que aquel Congreso aprista de los 80 fue un ejemplo de democracia interna y limpieza a la hora del conteo. Ni la maquinaria de Melgar, aceitada por la bufalería, pudo decir nada respecto de lo intachable del comité electoral y de la pulcritud con la que se reconoció a los delegados auténticamente elegidos por sus bases.
Ayer, el Congreso aprista se ha tenido que suspender durante 24 horas por razones excrementicias.
Las acusaciones van desde el mangoneo del comité electoral a la falsificación del padrón, pasando por las amenazas a los delegados díscolos, el desconocimiento de representantes legítimos, las promesas de puestos y dinero para los que transen y la intromisión de palacio de gobierno, con todo su poder corruptor, en la imposición de “la disciplina partidaria”.
Esto estaba cantado desde que, hace meses, los sectores no infectados del aprismo señalaron el apetito de García por mantener al APRA como su califato y a Mauricio Mulder –esa promesa rota- como su plenipotenciario.
Si el alanismo como banda arrasa otra vez con las bases apristas –como están temiendo muchos- la cuenta regresiva para el partido de Haya de la Torre habrá empezado. Y no importa lo que digan los Varguitas que no escriben y sí medran ni lo que hagan las tías Julias penetradas por Business Track.
García no quiere un partido en manos limpias. Un APRA en manos limpias no sólo se alejará de su deriva promiscua, su traición programática, su desarme suicida, su globalismo de madame de los commodities, sino que tendrá que tomar distancia, en su momento, de las investigaciones que vengan –y vendrán- sobre su más que quintuplicada fortuna personal (gracias Odebrecht, gracias Pepe, gracias mineros, gracias China Popular, gracias Eske, gracias a tantos por este Oscar (de la renta) y por estos años de crecimiento).
De modo que para García controlar al APRA es un asunto de sobrevivencia personal.
Y el APRA se juega la vida en este empeño. Si el partido vuelve a asustarse, si el fantasma de Idiáquez se pasea por las mesas de votación pistola al cinto, si la transfusión de pus derrota a la transfusión de sangre nueva, el APRA se reducirá a uno de los bienes inmuebles de García.
Si García vuelve a derrotar al APRA, el partido más institucionalizado del Perú llegará a ser una casona vieja que huele a desinfectante y un anexo palaciego en el que Mirtha llama a Canáan de parte de Rómulo, Nava negocia con camiones, Chirito manda mensajes de ruego y/o de intimidación, Alfredo M. aconseja y el dinero, como aquella moneda en un poema de Prevert, rueda y rueda y no deja de rodar.
O el APRA elige la historia y la refundación o se convierte en el baño de visitas del doctor García. De este Congreso depende. Veremos quiénes se atreven a rescatar al viejo partido de centro de manos de la mafia de Collique.
Fui testigo de ese evento e hice una crónica sobre el mismo, algo que muchos apristas, urgidos de renovación y asqueados de la vieja guardia, me agradecieron.
Estaba en disputa la elección del candidato para las elecciones de 1985.
Y las trincheras estaban bien definidas. Desde una de ellas disparaba Carlos Enrique Melgar, resumen verborreico del APRA próxima a la mugre, orador de tinieblas, barroco huamanguino, penalista con expediente propio, ex “Mister Ayacucho” y “griego” por adopción. Melgar hacía juego con Idiáquez y cantaba a dúo nasal con León de Vivero en las noches que Carlos Langberg financiaba a tiros.
En la otra orilla estaba Alan García Pérez, el joven diputado que había prometido cambiar el país, el partido, el mundo.
Cuando Melgar contó los votos que le tocaron supo que le había llegado la hora. García celebró su triunfo con un discurso hermoso porque estaba cargado de sentido.
Ya sabemos en qué acabó todo eso. La casa de Melgar en Punta Negra –oxidada, en ruinas- podría ser el monumento funerario del APRA de los 80.
Y el personaje que hoy, de pura obstinación patronímica, se sigue llamando Alan García es la encarnación del olvido y del pragmatismo a quince asaltos y la viva demostración de que en el Perú, como decía Belli, “en cada linaje el deterioro ejerce su dominio”.
Del García de los 80 sólo nos queda la inflación hecha carne y el tundete a lo Avilés de su retórica. Sería injusto no decir que también le queda al personaje un prodigioso talento para el arte del mentir y un inquebrantable apego a la impostura y al dinero negro.
Pero soy testigo ocular de que aquel Congreso aprista de los 80 fue un ejemplo de democracia interna y limpieza a la hora del conteo. Ni la maquinaria de Melgar, aceitada por la bufalería, pudo decir nada respecto de lo intachable del comité electoral y de la pulcritud con la que se reconoció a los delegados auténticamente elegidos por sus bases.
Ayer, el Congreso aprista se ha tenido que suspender durante 24 horas por razones excrementicias.
Las acusaciones van desde el mangoneo del comité electoral a la falsificación del padrón, pasando por las amenazas a los delegados díscolos, el desconocimiento de representantes legítimos, las promesas de puestos y dinero para los que transen y la intromisión de palacio de gobierno, con todo su poder corruptor, en la imposición de “la disciplina partidaria”.
Esto estaba cantado desde que, hace meses, los sectores no infectados del aprismo señalaron el apetito de García por mantener al APRA como su califato y a Mauricio Mulder –esa promesa rota- como su plenipotenciario.
Si el alanismo como banda arrasa otra vez con las bases apristas –como están temiendo muchos- la cuenta regresiva para el partido de Haya de la Torre habrá empezado. Y no importa lo que digan los Varguitas que no escriben y sí medran ni lo que hagan las tías Julias penetradas por Business Track.
García no quiere un partido en manos limpias. Un APRA en manos limpias no sólo se alejará de su deriva promiscua, su traición programática, su desarme suicida, su globalismo de madame de los commodities, sino que tendrá que tomar distancia, en su momento, de las investigaciones que vengan –y vendrán- sobre su más que quintuplicada fortuna personal (gracias Odebrecht, gracias Pepe, gracias mineros, gracias China Popular, gracias Eske, gracias a tantos por este Oscar (de la renta) y por estos años de crecimiento).
De modo que para García controlar al APRA es un asunto de sobrevivencia personal.
Y el APRA se juega la vida en este empeño. Si el partido vuelve a asustarse, si el fantasma de Idiáquez se pasea por las mesas de votación pistola al cinto, si la transfusión de pus derrota a la transfusión de sangre nueva, el APRA se reducirá a uno de los bienes inmuebles de García.
Si García vuelve a derrotar al APRA, el partido más institucionalizado del Perú llegará a ser una casona vieja que huele a desinfectante y un anexo palaciego en el que Mirtha llama a Canáan de parte de Rómulo, Nava negocia con camiones, Chirito manda mensajes de ruego y/o de intimidación, Alfredo M. aconseja y el dinero, como aquella moneda en un poema de Prevert, rueda y rueda y no deja de rodar.
O el APRA elige la historia y la refundación o se convierte en el baño de visitas del doctor García. De este Congreso depende. Veremos quiénes se atreven a rescatar al viejo partido de centro de manos de la mafia de Collique.
viernes, 5 de marzo de 2010
º SOCIALES DE "EISHA" (Diario "La Primera" 05/03/10)
Antes, en los tiempos del Antipasto Gagá, Ancón era el epicentro de los mambos, Anakaona la princesa del “Pigalle”, Malena Prado la diosa de la socialité, Marianito Prado la plenitud en saco blanco y los luaus del Club Esmeralda lo más hula-hula del contoneo.
Era esa una burguesía que venía de las varias derrotas y los muchos saqueos pero también –hay que reconocerlo- de una cierta sofisticación.
Sus padres habían pasado un buen tiempo en Europa, y de allí se habían traído bibelós, idiomas, relaciones, juegos de té azulmarinados, algo de Salzburgo, un poco de los Uffizi, una pinta de la Orangerie, una sazón de Liguria.
Eran los tiempos en que Oscar Miró Quesada de la Guerra (Racso) era respetado y los cuadros de Hernández o Sabogal se disputaban y Sérvulo era un acontecimiento y ser más o menos culto no daba vergüenza y ser zafio sí daba y ser Crousillat era para los bragueteros.
Hoy la burguesía de “Eisha”, en cambio, baila con Tongo, bate palmas con “El grupo 5”, disfruta en Punta Cana, lee lo que Gisela Valcárcel lee, no sabe quién fue Racso, podría creer que Salzburgo es un antiácido y que Tagore es un laboratorio de Bombay y, en general, broncea su vulgaridad sin remordimientos y eructa mirando a las nanas de uniforme.
Algo tendrá que ver con todo ello el hecho de que la burguesía de “Eisha” viene, como por un tubo, de la podredumbre Fujimorista y va hacia el continuismo alano-castañedista (o alanokourista, o alanokeikista, da lo mismo). O sea que hay vasos comunicantes de los miasmas.
Con las excepciones del caso, esta es una burguesía que cree que la Música clásica da sueño y que no lee nada interesante ni escucha a nadie que la incomode y que sólo quiere la plata rápida, los divorcios económicos y la basura televisiva en versión de domingos por la noche.
De allí que no extrañe que las actuales páginas sociales de “Eisha” se parezcan poco a las de Guido Monteverde y mucho, en cambio, a las de Coco Salazar, especialista que fuera de sordideces.
Ya no es que la cocaína esté arrasando con el neuronaje de “Eisha” ni que muchas de sus niñitas usen el diafragma antes de LA PRIMERA regla. Esos son, al fin y al cabo, asuntos privados y decadencias íntimas.
Lo que pasa es que “Ei-sha” se está volviendo tan violenta como cualquier pollada barriobravera.
Hace unos días, por ejemplo, el ciudadano peruano Víctor Aspíllaga, campeón sudamericano de remo que iba a competir en los Juegos Odesur, salió a las 4:30 de la madrugada de una discoteca de “Eisha” y fue atacado por un grupo de vándalos que le rompieron una ceja y lo patearon a su gusto en el suelo.
El asunto es que esos vándalos no procedían de algún cono ni de ninguna república de esteras.
Esos asaltantes de a.m. y combo, de mancha y cobardía, fueron identificados plenamente por el señor Víctor Aspíllaga y son -se diría- naturales de “Eisha”, nativos de “Cosas” y admiradores de Bayly.
¿Sus nombres? Pues son estos, según el testimonio televisado del señor Aspíllaga y según consta en la denuncia formal de los sucesos:
Alfredo Neuhaus Rodríguez Larraín;
Carlitos Neuhaus Rodríguez Larraín;
Rafael Roselló Drago.
Los dos primeros son hermanos de la señorita María Isabel Neuhaus, quien estuvo saliendo con el señor Aspíllaga hasta hace unos meses.
El señor Aspíllaga dice que se encontró en la pista de baile de la discoteca con su ex amiga. La señorita Neuhaus, que se divertía con su actual enamorado, dice que el señor Aspíllaga, el que también iba adjunto a una damita, la empujó dos veces y, en un confuso accidente, le echó parte de un vaso de cerveza fingiendo que se le volcaba.
Añade la señorita Neuhaus que ella buscó a sus hermanos para que la defendieran y que no sabe qué pasó después.
“Aspíllaga me acosaba por la red enviándome correos electrónicos amenazantes”, ha dicho la señorita Neuhaus. Y ha detallado la naturaleza de su relación con la víctima de la paliza empleando las siguientes palabras, típicas de “Eisha”:
“Sí, salí con él en varias oportunidades, pero no estuve con él: esto quiero dejarlo claro: no estuve con él”.
Aspíllaga, que ya no podrá competir en Odesur por las lesiones sufridas, ha dicho que sí fue enamorado de la señorita María Isabel y que durante su emparejamiento los hermanos de la susodicha siempre se opusieron a la relación.
La señorita Neuhaus, por su parte, contó que, pocos días antes del inicidente de “Eisha”, encontró algo que describió como un presagio de escalofrío. ¿De qué se trataba?
“Me pusieron un peluchito ahorcado en mi limpiaparabrisas”, dijo ella. Y añadió: “A mí, Víctor Aspíllaga me daba pavor”.
Digamos que los tiempos han pasado, las aguas corrido, las fortunas cambiado de mano. Digamos también que de Racso sólo queda Foncho y de los solemnes y encumbrados Neuhaus este tumulto playero mucho más siciliano que alemán.
Era esa una burguesía que venía de las varias derrotas y los muchos saqueos pero también –hay que reconocerlo- de una cierta sofisticación.
Sus padres habían pasado un buen tiempo en Europa, y de allí se habían traído bibelós, idiomas, relaciones, juegos de té azulmarinados, algo de Salzburgo, un poco de los Uffizi, una pinta de la Orangerie, una sazón de Liguria.
Eran los tiempos en que Oscar Miró Quesada de la Guerra (Racso) era respetado y los cuadros de Hernández o Sabogal se disputaban y Sérvulo era un acontecimiento y ser más o menos culto no daba vergüenza y ser zafio sí daba y ser Crousillat era para los bragueteros.
Hoy la burguesía de “Eisha”, en cambio, baila con Tongo, bate palmas con “El grupo 5”, disfruta en Punta Cana, lee lo que Gisela Valcárcel lee, no sabe quién fue Racso, podría creer que Salzburgo es un antiácido y que Tagore es un laboratorio de Bombay y, en general, broncea su vulgaridad sin remordimientos y eructa mirando a las nanas de uniforme.
Algo tendrá que ver con todo ello el hecho de que la burguesía de “Eisha” viene, como por un tubo, de la podredumbre Fujimorista y va hacia el continuismo alano-castañedista (o alanokourista, o alanokeikista, da lo mismo). O sea que hay vasos comunicantes de los miasmas.
Con las excepciones del caso, esta es una burguesía que cree que la Música clásica da sueño y que no lee nada interesante ni escucha a nadie que la incomode y que sólo quiere la plata rápida, los divorcios económicos y la basura televisiva en versión de domingos por la noche.
De allí que no extrañe que las actuales páginas sociales de “Eisha” se parezcan poco a las de Guido Monteverde y mucho, en cambio, a las de Coco Salazar, especialista que fuera de sordideces.
Ya no es que la cocaína esté arrasando con el neuronaje de “Eisha” ni que muchas de sus niñitas usen el diafragma antes de LA PRIMERA regla. Esos son, al fin y al cabo, asuntos privados y decadencias íntimas.
Lo que pasa es que “Ei-sha” se está volviendo tan violenta como cualquier pollada barriobravera.
Hace unos días, por ejemplo, el ciudadano peruano Víctor Aspíllaga, campeón sudamericano de remo que iba a competir en los Juegos Odesur, salió a las 4:30 de la madrugada de una discoteca de “Eisha” y fue atacado por un grupo de vándalos que le rompieron una ceja y lo patearon a su gusto en el suelo.
El asunto es que esos vándalos no procedían de algún cono ni de ninguna república de esteras.
Esos asaltantes de a.m. y combo, de mancha y cobardía, fueron identificados plenamente por el señor Víctor Aspíllaga y son -se diría- naturales de “Eisha”, nativos de “Cosas” y admiradores de Bayly.
¿Sus nombres? Pues son estos, según el testimonio televisado del señor Aspíllaga y según consta en la denuncia formal de los sucesos:
Alfredo Neuhaus Rodríguez Larraín;
Carlitos Neuhaus Rodríguez Larraín;
Rafael Roselló Drago.
Los dos primeros son hermanos de la señorita María Isabel Neuhaus, quien estuvo saliendo con el señor Aspíllaga hasta hace unos meses.
El señor Aspíllaga dice que se encontró en la pista de baile de la discoteca con su ex amiga. La señorita Neuhaus, que se divertía con su actual enamorado, dice que el señor Aspíllaga, el que también iba adjunto a una damita, la empujó dos veces y, en un confuso accidente, le echó parte de un vaso de cerveza fingiendo que se le volcaba.
Añade la señorita Neuhaus que ella buscó a sus hermanos para que la defendieran y que no sabe qué pasó después.
“Aspíllaga me acosaba por la red enviándome correos electrónicos amenazantes”, ha dicho la señorita Neuhaus. Y ha detallado la naturaleza de su relación con la víctima de la paliza empleando las siguientes palabras, típicas de “Eisha”:
“Sí, salí con él en varias oportunidades, pero no estuve con él: esto quiero dejarlo claro: no estuve con él”.
Aspíllaga, que ya no podrá competir en Odesur por las lesiones sufridas, ha dicho que sí fue enamorado de la señorita María Isabel y que durante su emparejamiento los hermanos de la susodicha siempre se opusieron a la relación.
La señorita Neuhaus, por su parte, contó que, pocos días antes del inicidente de “Eisha”, encontró algo que describió como un presagio de escalofrío. ¿De qué se trataba?
“Me pusieron un peluchito ahorcado en mi limpiaparabrisas”, dijo ella. Y añadió: “A mí, Víctor Aspíllaga me daba pavor”.
Digamos que los tiempos han pasado, las aguas corrido, las fortunas cambiado de mano. Digamos también que de Racso sólo queda Foncho y de los solemnes y encumbrados Neuhaus este tumulto playero mucho más siciliano que alemán.
jueves, 4 de marzo de 2010
º CARTA DE UN GENERAL (Diario "La Primera" 04/03/10)
El 20 de febrero de este año el mayor general de la Fuerza Aérea Peruana Carlos Ordóñez Velázquez le dirigió una segunda carta al presidente de la república Alan García. No conozco el contenido de LA PRIMERA, pero el de esta segunda misiva podría llegar a ser histórico. He considerado que vale la pena ceder hoy esta página a la valentía inusual de un hombre de armas retirado. He aquí un resumen de la carta.
Sr. presidente:
Hace unos días le dirigí una carta abierta en la que le hacía ver -en forma sencilla- que a pesar de ser el Jefe Supremo de las FFAA y PNP, tal como lo establece la Constitución, sus afirmaciones sobre el reajuste de salarios del personal de las FF.AA. y de la Policía Nacional habían ido cambiando errática y demagógicamente.
Lamentablemente, no me equivoqué, pues, con su proceder, usted sigue desdiciéndose de los planes y promesas hechas cuando se encontraba en campaña electoral.
Esta bonificación que ha dispuesto para las FF.AA. y la PNP, mediante el Decreto de Urgencia Nº 014-2010, es solamente un minúsculo paliativo, sobre todo para el personal subalterno.
Además, como dispone el artículo 4º del dispositivo arriba citado, dicho bono será financiado con cargo a los presupuestos de Defensa y del Interior, sin demandar recursos adicionales al Tesoro Público.
Si esto es así, le pregunto: ¿Por qué al anunciar su otorgamiento dijo usted que había dispuesto su entrega “después de un minucioso estudio del presupuesto nacional y de las obras públicas… habiendo hecho reserva de recursos y postergando algunas inversiones”?
Yo se lo puedo decir: Lo hizo utilizando el arte de la demagogia y del engaño. Un discurso que pretende hacerle creer al pueblo que se están postergando obras como carreteras, postas médicas, escuelas, etc., y todo por darles un bono a los militares, no es más que una vieja táctica suya, la de enfrentar a unos con otros para obtener réditos políticos.
Pero el pueblo no es tonto, presidente. El pueblo peruano se ha dado cuenta de esta burda maniobra y está apoyando a sus Fuerzas Armadas y a su policía.
Además, presidente, esto ha sido tomado por la inmensa mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas como una burla y como un signo inequívoco del profundo desprecio ancestral que tiene usted por las Fuerzas Armadas y la Policía. Es decir, además de mantener diezmada la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas, ahora afrenta usted la moral del personal militar. ¡Craso error, señor García! Tener equipamiento inadecuado e inoperativo ya es malo, pero ahondar esta situación burlándose del personal, no tiene nombre. Usted no se da cuenta, pero esto le va a reventar en la cara.
Lo peor que ha hecho usted es crear diferencias donde no las hay. Al disponer que el bono llamado: “Compensación por Defensa, seguridad Nacional y Orden Interno”, se entregue (por única vez) sólo al personal en situación de actividad a partir del grado de Comandante hasta el de Suboficial de Tercera (o equivalentes) y al personal lisiado o discapacitado en combate, así como a las viudas, no hace sino confirmar su absoluta ignorancia de lo que es la naturaleza de la labor militar.
O acaso, ¿usted cree que el personal en retiro no tiene iguales o mayores necesidades que el personal en actividad? ¿Por qué hace usted esa diferencia?
No puede usted negar que su propósito es crear desunión y enfrentamiento entre sus miembros. Pero, no se equivoque: el personal en situación militar de retiro nunca va a ver mal que a sus compañeros en actividad se les entregue ese bono, aunque sea una ínfima cantidad. Lo que sí vemos mal, pero muy mal, es su accionar, señor presidente, el que haga usted esas distinciones. Diferencias que no pueden ni deben presentarse. Sino veamos:
-El personal en retiro ha dado también su cuota de sacrificio en su momento. Muchos de ellos han sido vencedores en Falso Paquisha, mientras usted estaba bien acomodado en su curul.
-Muchos de ellos también combatieron en la Guerra del Cenepa, en inferioridad de condiciones, entre otros motivos – y cito el libro “Pájaros de alto vuelo”, de Carlos Malpica, – por la venta, bajo oscuras condiciones, de doce (12) aviones Mirage 2000 y todo su armamento. Dicha venta fue anunciada por usted al tomar el mando en 1985.
-El personal que se encuentra en retiro actualmente, también es aquél que peleó y GANÓ en la lucha contra el terrorismo en los momentos más duros de la demencial arremetida del senderismo entre 1980 y 1995. ¿Pero mientras tanto, qué hacía usted, señor presidente? Se lo vuelvo a recordar: usted destrozaba la economía nacional y llevaba al país, del 85 al 90, a la inflación más grande de su historia.
Por otro lado, es indudable que el personal que sufrió mutilaciones y las viudas de aquellos que resultaron muertos en combate requieren de una atención de parte del Estado en agradecimiento a su enorme sacrificio. Eso no está en discusión. El problema está en la discriminación que usted hace.
En ese sentido, yo le pregunto, presidente García: Aquellos que no tuvieron la “suerte” de perder una pierna, un brazo, un ojo (o ambos), o los que no murieron en combate, ¿deben ser ignorados acaso? ¿Se trata de un castigo para aquellos que, ganando una guerra, regresaron a casa ilesos?
Usted se ha olvidado del principio constitucional que dice que pueden expedirse leyes especiales porque así lo exige la naturaleza de las cosas, pero no por razón de la diferencia de personas.
Por eso, esta disposición del Ejecutivo, contrariamente a lo calculado por usted, no va a ser aplaudida por el personal en actividad y menos por los lisiados y las viudas, pues, además de tratarse de un “caramelito” que se diluirá rápidamente, ellos saben que se está cometiendo una injusticia con sus camaradas de armas.
Por otro lado, ha anunciado usted que se va a conformar una comisión encargada de estudiar y proponer la reestructuración del sistema remunerativo y de pensiones de las FF.AA. y de la Policía Nacional; sin embargo, vemos que esa comisión está integrada por los representantes de la Presidencia del Consejo de Ministros, del ministerio de Economía y Finanzas, del ministerio del Interior y del ministerio de Defensa, es decir, por un equipo de personas dependientes todas del Ejecutivo, además de una Secretaría Técnica encargada a una persona de reconocido prestigio. Esperemos que no se trate de algún prestigioso miembro del partido del pueblo.
En este punto debo resaltar lo siguiente: Cuando paralizaron los gremios de transportes, las comisiones de alto nivel del gobierno se reunieron con ellos y llegaron a un acuerdo. Cuando el turno le correspondió al gremio de construcción civil, igualmente, y en forma reactiva, han tenido que llegar a acuerdos con sus directivos. Y así lo han hecho con todos los gremios y con las comunidades campesinas y nativas de la selva, logrando inclusive derogar leyes o decretos legislativos que consideraban nocivos o injustos para sus intereses.
La pregunta lógica sería: ¿Por qué no conforman esta comisión también los directamente afectados? La respuesta cae por su propio peso: porque los militares y policías no pueden hacer huelga, ni hacer paros, ni tomar carreteras ni otras medidas de fuerza. Es por eso que este gobierno abusivo mira despectivamente a los miembros de las fuerzas del orden y no los considera para asuntos tan trascendentales como este.
En lo que respecta al Sistema de Pensiones, su novel ministra de economía ha afirmado que se trata de un “sistema quebrado”, mencionando la posibilidad de cambiar la administración previsional de la Caja de Pensiones Militar Policial, por una Administradora de Fondo de Pensiones (AFP). Por ese motivo me veo en la necesidad de aclararle a usted y a su ministra aspectos que, al parecer, no son de su conocimiento o donde ambos están pésimamente asesorados, lo cual, al tratarse de una segunda administración, en su caso, señor, es imperdonable.
¿Por qué el sistema de pensiones debe funcionar como lo establece la ley 19846 y no a través de una AFP, tal como lo ha propuesto la ministra Aráoz?
La ministra debería saber que la Tasa de Siniestralidad para el caso de personal de las fuerzas del orden se encuentra, en el último quinquenio, en una cifra de alrededor del 27%. Esa tasa de siniestralidad es producto de la naturaleza de las operaciones militares y policiales, un régimen y modalidad de trabajo diferente a otros regímenes públicos o privados. Con dicha tasa ninguna AFP podría sostener un sistema de carácter solidario, es decir un sistema de reparto y capitalización colectiva como lo es la CPMP y como lo son los sistemas pensionarios del personal militar tanto de los países de la región como de países de otras latitudes cuyos gobernantes sí entienden el tema.
El sistema de AFP’s no es solidario. Funciona a través de una Cuenta de Capitalización Individual (CCI), por lo cual un suboficial u oficial que, en sus primeros grados, sufra un siniestro o muera en acto o con ocasión del servicio, tendría una CCI muy baja que no permitiría cubrir sus requerimientos o los de su familia.
Como segundo punto es necesario hacer saber a la opinión pública el porqué de la actual situación caótica de la CPMP; situación que es de su conocimiento, pero que por falta de decisión o por cálculo político permanece en ese estado:
Al comenzar este sistema, en enero de 1973, la Tasa de Aporte era del 6%, correspondiéndole 3% al miembro aportante y 3% al Estado. Esta tasa debía haberse actualizado conforme iba ingresando más personal al sistema y de acuerdo a estudios actuariales que debían formularse cada cinco (05) años.
En el año 1979, y después del estudio actuarial respectivo, se incrementó la tasa de aporte al 12%, correspondiéndole 6% al aportante y 6% al Estado. A partir de ese año comenzaron los problemas, pues el aporte correspondiente del Estado dejó de pagarse por inexplicables razones (o por desidia o indiferencia de los sucesivos gobiernos).
A la fecha, la tasa de aporte debería estar (de acuerdo a cálculos actuariales) en el orden del 27 al 30%, lo cual no es novedad, pues diferentes países de la región tienen su sistema previsional militar en porcentajes similares, sino veamos:
En Argentina, la tasa de aporte asciende a 36%, correspondiéndole 11% al miembro aportante y 25% al Estado.
En Colombia, la tasa de aporte asciende a 27%, correspondiéndole 8% al miembro aportante y 19% al Estado.
En Venezuela, la tasa de aporte asciende a 30%, correspondiéndole 5% al miembro aportante y 25% al Estado.
Pero como usted puede decir que en Venezuela existe un gobierno cuasi militarizado, entonces le presento a continuación el enfoque de Chile, país que usted considera un ejemplo a seguir:
En Chile, la tasa de aporte asciende a 26%, correspondiéndole 7% al miembro aportante y 19% al Estado. A esta situación debe agregarse que, sólo en el presente año, la Presidenta Bachelet ha aumentado los salarios del personal de sus Fuerzas Armadas y carabineros hasta en un 12,7% adicional. Y es que los gobernantes Chilenos son estadistas que consideran que sus Fuerzas Armadas son un seguro para su supervivencia como Estado y para proteger sus inversiones.
Es bueno saber que el incumplimiento del aporte estatal que le corresponde según ley, ha causado que, al mes de enero del 2010, la deuda del Estado con la Caja ascienda a la suma de MIL TRESCIENTOS MILLONES CUATROCIENTOS CINCUENTA Y TRES MIL NUEVOS SOLES (S/.1,300´453,000.00, según datos de la Gerencia de Pensiones de la CPMP).
Señor presidente, admítalo: tanto usted (en sus dos administraciones), como los otros presidentes en las dos últimas décadas, han incumplido el pago que están obligados a hacer y que, actualmente, es la principal causa del desfinanciamiento de La Caja. ¡Ordene usted el pago de la deuda, presidente!
Presidente, está usted a tiempo de rectificarse.
Mayor General FAP
Carlos Ordóñez Velázquez
DNI: 43314159
Sr. presidente:
Hace unos días le dirigí una carta abierta en la que le hacía ver -en forma sencilla- que a pesar de ser el Jefe Supremo de las FFAA y PNP, tal como lo establece la Constitución, sus afirmaciones sobre el reajuste de salarios del personal de las FF.AA. y de la Policía Nacional habían ido cambiando errática y demagógicamente.
Lamentablemente, no me equivoqué, pues, con su proceder, usted sigue desdiciéndose de los planes y promesas hechas cuando se encontraba en campaña electoral.
Esta bonificación que ha dispuesto para las FF.AA. y la PNP, mediante el Decreto de Urgencia Nº 014-2010, es solamente un minúsculo paliativo, sobre todo para el personal subalterno.
Además, como dispone el artículo 4º del dispositivo arriba citado, dicho bono será financiado con cargo a los presupuestos de Defensa y del Interior, sin demandar recursos adicionales al Tesoro Público.
Si esto es así, le pregunto: ¿Por qué al anunciar su otorgamiento dijo usted que había dispuesto su entrega “después de un minucioso estudio del presupuesto nacional y de las obras públicas… habiendo hecho reserva de recursos y postergando algunas inversiones”?
Yo se lo puedo decir: Lo hizo utilizando el arte de la demagogia y del engaño. Un discurso que pretende hacerle creer al pueblo que se están postergando obras como carreteras, postas médicas, escuelas, etc., y todo por darles un bono a los militares, no es más que una vieja táctica suya, la de enfrentar a unos con otros para obtener réditos políticos.
Pero el pueblo no es tonto, presidente. El pueblo peruano se ha dado cuenta de esta burda maniobra y está apoyando a sus Fuerzas Armadas y a su policía.
Además, presidente, esto ha sido tomado por la inmensa mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas como una burla y como un signo inequívoco del profundo desprecio ancestral que tiene usted por las Fuerzas Armadas y la Policía. Es decir, además de mantener diezmada la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas, ahora afrenta usted la moral del personal militar. ¡Craso error, señor García! Tener equipamiento inadecuado e inoperativo ya es malo, pero ahondar esta situación burlándose del personal, no tiene nombre. Usted no se da cuenta, pero esto le va a reventar en la cara.
Lo peor que ha hecho usted es crear diferencias donde no las hay. Al disponer que el bono llamado: “Compensación por Defensa, seguridad Nacional y Orden Interno”, se entregue (por única vez) sólo al personal en situación de actividad a partir del grado de Comandante hasta el de Suboficial de Tercera (o equivalentes) y al personal lisiado o discapacitado en combate, así como a las viudas, no hace sino confirmar su absoluta ignorancia de lo que es la naturaleza de la labor militar.
O acaso, ¿usted cree que el personal en retiro no tiene iguales o mayores necesidades que el personal en actividad? ¿Por qué hace usted esa diferencia?
No puede usted negar que su propósito es crear desunión y enfrentamiento entre sus miembros. Pero, no se equivoque: el personal en situación militar de retiro nunca va a ver mal que a sus compañeros en actividad se les entregue ese bono, aunque sea una ínfima cantidad. Lo que sí vemos mal, pero muy mal, es su accionar, señor presidente, el que haga usted esas distinciones. Diferencias que no pueden ni deben presentarse. Sino veamos:
-El personal en retiro ha dado también su cuota de sacrificio en su momento. Muchos de ellos han sido vencedores en Falso Paquisha, mientras usted estaba bien acomodado en su curul.
-Muchos de ellos también combatieron en la Guerra del Cenepa, en inferioridad de condiciones, entre otros motivos – y cito el libro “Pájaros de alto vuelo”, de Carlos Malpica, – por la venta, bajo oscuras condiciones, de doce (12) aviones Mirage 2000 y todo su armamento. Dicha venta fue anunciada por usted al tomar el mando en 1985.
-El personal que se encuentra en retiro actualmente, también es aquél que peleó y GANÓ en la lucha contra el terrorismo en los momentos más duros de la demencial arremetida del senderismo entre 1980 y 1995. ¿Pero mientras tanto, qué hacía usted, señor presidente? Se lo vuelvo a recordar: usted destrozaba la economía nacional y llevaba al país, del 85 al 90, a la inflación más grande de su historia.
Por otro lado, es indudable que el personal que sufrió mutilaciones y las viudas de aquellos que resultaron muertos en combate requieren de una atención de parte del Estado en agradecimiento a su enorme sacrificio. Eso no está en discusión. El problema está en la discriminación que usted hace.
En ese sentido, yo le pregunto, presidente García: Aquellos que no tuvieron la “suerte” de perder una pierna, un brazo, un ojo (o ambos), o los que no murieron en combate, ¿deben ser ignorados acaso? ¿Se trata de un castigo para aquellos que, ganando una guerra, regresaron a casa ilesos?
Usted se ha olvidado del principio constitucional que dice que pueden expedirse leyes especiales porque así lo exige la naturaleza de las cosas, pero no por razón de la diferencia de personas.
Por eso, esta disposición del Ejecutivo, contrariamente a lo calculado por usted, no va a ser aplaudida por el personal en actividad y menos por los lisiados y las viudas, pues, además de tratarse de un “caramelito” que se diluirá rápidamente, ellos saben que se está cometiendo una injusticia con sus camaradas de armas.
Por otro lado, ha anunciado usted que se va a conformar una comisión encargada de estudiar y proponer la reestructuración del sistema remunerativo y de pensiones de las FF.AA. y de la Policía Nacional; sin embargo, vemos que esa comisión está integrada por los representantes de la Presidencia del Consejo de Ministros, del ministerio de Economía y Finanzas, del ministerio del Interior y del ministerio de Defensa, es decir, por un equipo de personas dependientes todas del Ejecutivo, además de una Secretaría Técnica encargada a una persona de reconocido prestigio. Esperemos que no se trate de algún prestigioso miembro del partido del pueblo.
En este punto debo resaltar lo siguiente: Cuando paralizaron los gremios de transportes, las comisiones de alto nivel del gobierno se reunieron con ellos y llegaron a un acuerdo. Cuando el turno le correspondió al gremio de construcción civil, igualmente, y en forma reactiva, han tenido que llegar a acuerdos con sus directivos. Y así lo han hecho con todos los gremios y con las comunidades campesinas y nativas de la selva, logrando inclusive derogar leyes o decretos legislativos que consideraban nocivos o injustos para sus intereses.
La pregunta lógica sería: ¿Por qué no conforman esta comisión también los directamente afectados? La respuesta cae por su propio peso: porque los militares y policías no pueden hacer huelga, ni hacer paros, ni tomar carreteras ni otras medidas de fuerza. Es por eso que este gobierno abusivo mira despectivamente a los miembros de las fuerzas del orden y no los considera para asuntos tan trascendentales como este.
En lo que respecta al Sistema de Pensiones, su novel ministra de economía ha afirmado que se trata de un “sistema quebrado”, mencionando la posibilidad de cambiar la administración previsional de la Caja de Pensiones Militar Policial, por una Administradora de Fondo de Pensiones (AFP). Por ese motivo me veo en la necesidad de aclararle a usted y a su ministra aspectos que, al parecer, no son de su conocimiento o donde ambos están pésimamente asesorados, lo cual, al tratarse de una segunda administración, en su caso, señor, es imperdonable.
¿Por qué el sistema de pensiones debe funcionar como lo establece la ley 19846 y no a través de una AFP, tal como lo ha propuesto la ministra Aráoz?
La ministra debería saber que la Tasa de Siniestralidad para el caso de personal de las fuerzas del orden se encuentra, en el último quinquenio, en una cifra de alrededor del 27%. Esa tasa de siniestralidad es producto de la naturaleza de las operaciones militares y policiales, un régimen y modalidad de trabajo diferente a otros regímenes públicos o privados. Con dicha tasa ninguna AFP podría sostener un sistema de carácter solidario, es decir un sistema de reparto y capitalización colectiva como lo es la CPMP y como lo son los sistemas pensionarios del personal militar tanto de los países de la región como de países de otras latitudes cuyos gobernantes sí entienden el tema.
El sistema de AFP’s no es solidario. Funciona a través de una Cuenta de Capitalización Individual (CCI), por lo cual un suboficial u oficial que, en sus primeros grados, sufra un siniestro o muera en acto o con ocasión del servicio, tendría una CCI muy baja que no permitiría cubrir sus requerimientos o los de su familia.
Como segundo punto es necesario hacer saber a la opinión pública el porqué de la actual situación caótica de la CPMP; situación que es de su conocimiento, pero que por falta de decisión o por cálculo político permanece en ese estado:
Al comenzar este sistema, en enero de 1973, la Tasa de Aporte era del 6%, correspondiéndole 3% al miembro aportante y 3% al Estado. Esta tasa debía haberse actualizado conforme iba ingresando más personal al sistema y de acuerdo a estudios actuariales que debían formularse cada cinco (05) años.
En el año 1979, y después del estudio actuarial respectivo, se incrementó la tasa de aporte al 12%, correspondiéndole 6% al aportante y 6% al Estado. A partir de ese año comenzaron los problemas, pues el aporte correspondiente del Estado dejó de pagarse por inexplicables razones (o por desidia o indiferencia de los sucesivos gobiernos).
A la fecha, la tasa de aporte debería estar (de acuerdo a cálculos actuariales) en el orden del 27 al 30%, lo cual no es novedad, pues diferentes países de la región tienen su sistema previsional militar en porcentajes similares, sino veamos:
En Argentina, la tasa de aporte asciende a 36%, correspondiéndole 11% al miembro aportante y 25% al Estado.
En Colombia, la tasa de aporte asciende a 27%, correspondiéndole 8% al miembro aportante y 19% al Estado.
En Venezuela, la tasa de aporte asciende a 30%, correspondiéndole 5% al miembro aportante y 25% al Estado.
Pero como usted puede decir que en Venezuela existe un gobierno cuasi militarizado, entonces le presento a continuación el enfoque de Chile, país que usted considera un ejemplo a seguir:
En Chile, la tasa de aporte asciende a 26%, correspondiéndole 7% al miembro aportante y 19% al Estado. A esta situación debe agregarse que, sólo en el presente año, la Presidenta Bachelet ha aumentado los salarios del personal de sus Fuerzas Armadas y carabineros hasta en un 12,7% adicional. Y es que los gobernantes Chilenos son estadistas que consideran que sus Fuerzas Armadas son un seguro para su supervivencia como Estado y para proteger sus inversiones.
Es bueno saber que el incumplimiento del aporte estatal que le corresponde según ley, ha causado que, al mes de enero del 2010, la deuda del Estado con la Caja ascienda a la suma de MIL TRESCIENTOS MILLONES CUATROCIENTOS CINCUENTA Y TRES MIL NUEVOS SOLES (S/.1,300´453,000.00, según datos de la Gerencia de Pensiones de la CPMP).
Señor presidente, admítalo: tanto usted (en sus dos administraciones), como los otros presidentes en las dos últimas décadas, han incumplido el pago que están obligados a hacer y que, actualmente, es la principal causa del desfinanciamiento de La Caja. ¡Ordene usted el pago de la deuda, presidente!
Presidente, está usted a tiempo de rectificarse.
Mayor General FAP
Carlos Ordóñez Velázquez
DNI: 43314159
sábado, 27 de febrero de 2010
º EL GRAN DINERO (Diario "La Primera" 27/02/10)
Mientras los políticos discuten sobre cosas menores, el señor García sigue empeñado en saquear al país cobrando comisiones por cada gran proyecto (cosa que se probará cuando algunas de sus víctimas decidan, en el próximo gobierno, hablar a cambio de inmunidad; de allí la imperiosa necesidad, para el doctor García Pérez, de que sean Castañeda o Keiko quienes lo sucedan).
Para mejor vender enormes extensiones de bosques y parajes, de humedales y colinas, García ha enviado al Congreso, donde gobierna el novio platónico de Fabiola de la Cuba, un proyecto de ley con su firma.
En ese texto García le pide al señor Alva Castro, o sea a su fiel y seguro servidor, que por favor le dé importancia debida al proyecto en cuestión, que tiene un título de aspecto inocente: “Ley que modifica el artículo 8 de la Ley 28223, Ley sobre los Desplazamientos Internos...”
El asunto de fondo tiene que ver con Bagua y sus consecuencias: la irreductible oposición, ambientalista y política, a los proyectos contaminadores y desfigurantes de la gran minería y de las empresas de exploración y explotación petrolera.
García, que no puede cobrar comisiones si no brinda una contraprestación, está desesperado: el gobierno empieza a terminársele y todavía hay mastodónticos proyectos a la espera de que el gobierno “facilite las cosas a la inversión”, que es lo que exige el lobismo corporativo.
¿Qué hacer, entonces? ¿Qué hacer para seguir cobrando?
Pues presentar proyectos como el que en estas líneas comentamos.
La modificación propuesta reza así:
“Si el desplazamiento se produjese a causa de proyectos de desarrollo en gran escala justificados por un interés público superior o primordial, la autoridad competente para
autorizar dicho desplazamiento será el Titular del ministerio de la Mujer y Desarrollo-MIM-DES...”
O sea que García aparta al ministerio del Ambiente de un manotazo y le entrega al ministerio de la Mujer (¿? ) la potestad de “autorizar” la expulsión de sus tierras nativas de quienes, por diferentes razones que van de la posesión inocente a la oposición activa, pueden llegar a ser un obstáculo para la inversión foránea.
¿“Proyectos de desarrollo en gran escala justificados por un interés público superior o primodial”?
¿Y quién determinará cuándo el interés público es superior o primordial?
¿No son los derechos de los peruanos que viven en la sierra y selva parte de un interés público superior? ¿No es primordial defender el medio ambiente de la voracidad tóxica de la gran minería o de la invasión geológica de los grandes faenones?
García, aconsejado por sus Piñeras, quiere optar por la solución Chilena: crear las condiciones que hagan posible declarar ilegales a quienes defienden sus tierras ancestrales y los viejos derechos de la naturaleza.
Creo haber dicho en alguna parte que aquel día de la entrevista de seis horas a Haya de la Torre lo que más me impresionó fue la frugalidad de su vida, la sobriedad de esa casa llena de libros y tesoros culturales, esa casa donde lo único que brillaba eran los años de sabiduría acumulados y algunos objetos que decían mucho de esa vejez amenazada por la pobreza: un piano de cola desafinado, una caja de laca comprada en Kyoto, un busto romano donado por una familia millonaria. Y afuera, en el jardín apenas cuidado y lleno de calvas, unos perros chuscos y hermosos que Haya quería más que a nadie.
A pesar de la difamación crónica de la que era víctima, Haya fue un hombre de clase media al que nunca le interesó hacer fortuna. Sabía que venimos de la fugacidad y que hacia ella vamos y que sólo un espíritu malogrado por la codicia podía dejarse seducir por lo material.
García, que pretendió ser su discípulo pero que de Haya sólo tiene la locuacidad, siempre pensó que Haya fue un tonto y que, al final de su vida, se expuso a las pellejerías de la escasez cuando hubo de ser examinado en Texas y fue necesario hacer una colecta entre amigos del partido para que ese viaje inútil se produjera.
Para curarse en salud y prevenirse de miserias García se ha vuelto rico, espléndidamente rico, podridamente rico, sin haber jamás trabajado. Todos sabemos cómo es que ha construido su fortuna.
Pero al presidente de la república le sucede lo que a muchos ricos les pasa: nada le es suficiente, nada calma su miedo al futuro.
Por eso, entre otras muchas cosas, presenta este proyecto de ley que hace más fácil la erradicación y el desalojo de tribus nativas o comunidades centenarias cuando la gran minería y el gran petróleo –y el gran dinero- estén de por medio. Porque de eso se trata, como en la novela de Dos Passos: del gran dinero.
Para mejor vender enormes extensiones de bosques y parajes, de humedales y colinas, García ha enviado al Congreso, donde gobierna el novio platónico de Fabiola de la Cuba, un proyecto de ley con su firma.
En ese texto García le pide al señor Alva Castro, o sea a su fiel y seguro servidor, que por favor le dé importancia debida al proyecto en cuestión, que tiene un título de aspecto inocente: “Ley que modifica el artículo 8 de la Ley 28223, Ley sobre los Desplazamientos Internos...”
El asunto de fondo tiene que ver con Bagua y sus consecuencias: la irreductible oposición, ambientalista y política, a los proyectos contaminadores y desfigurantes de la gran minería y de las empresas de exploración y explotación petrolera.
García, que no puede cobrar comisiones si no brinda una contraprestación, está desesperado: el gobierno empieza a terminársele y todavía hay mastodónticos proyectos a la espera de que el gobierno “facilite las cosas a la inversión”, que es lo que exige el lobismo corporativo.
¿Qué hacer, entonces? ¿Qué hacer para seguir cobrando?
Pues presentar proyectos como el que en estas líneas comentamos.
La modificación propuesta reza así:
“Si el desplazamiento se produjese a causa de proyectos de desarrollo en gran escala justificados por un interés público superior o primordial, la autoridad competente para
autorizar dicho desplazamiento será el Titular del ministerio de la Mujer y Desarrollo-MIM-DES...”
O sea que García aparta al ministerio del Ambiente de un manotazo y le entrega al ministerio de la Mujer (¿? ) la potestad de “autorizar” la expulsión de sus tierras nativas de quienes, por diferentes razones que van de la posesión inocente a la oposición activa, pueden llegar a ser un obstáculo para la inversión foránea.
¿“Proyectos de desarrollo en gran escala justificados por un interés público superior o primodial”?
¿Y quién determinará cuándo el interés público es superior o primordial?
¿No son los derechos de los peruanos que viven en la sierra y selva parte de un interés público superior? ¿No es primordial defender el medio ambiente de la voracidad tóxica de la gran minería o de la invasión geológica de los grandes faenones?
García, aconsejado por sus Piñeras, quiere optar por la solución Chilena: crear las condiciones que hagan posible declarar ilegales a quienes defienden sus tierras ancestrales y los viejos derechos de la naturaleza.
Creo haber dicho en alguna parte que aquel día de la entrevista de seis horas a Haya de la Torre lo que más me impresionó fue la frugalidad de su vida, la sobriedad de esa casa llena de libros y tesoros culturales, esa casa donde lo único que brillaba eran los años de sabiduría acumulados y algunos objetos que decían mucho de esa vejez amenazada por la pobreza: un piano de cola desafinado, una caja de laca comprada en Kyoto, un busto romano donado por una familia millonaria. Y afuera, en el jardín apenas cuidado y lleno de calvas, unos perros chuscos y hermosos que Haya quería más que a nadie.
A pesar de la difamación crónica de la que era víctima, Haya fue un hombre de clase media al que nunca le interesó hacer fortuna. Sabía que venimos de la fugacidad y que hacia ella vamos y que sólo un espíritu malogrado por la codicia podía dejarse seducir por lo material.
García, que pretendió ser su discípulo pero que de Haya sólo tiene la locuacidad, siempre pensó que Haya fue un tonto y que, al final de su vida, se expuso a las pellejerías de la escasez cuando hubo de ser examinado en Texas y fue necesario hacer una colecta entre amigos del partido para que ese viaje inútil se produjera.
Para curarse en salud y prevenirse de miserias García se ha vuelto rico, espléndidamente rico, podridamente rico, sin haber jamás trabajado. Todos sabemos cómo es que ha construido su fortuna.
Pero al presidente de la república le sucede lo que a muchos ricos les pasa: nada le es suficiente, nada calma su miedo al futuro.
Por eso, entre otras muchas cosas, presenta este proyecto de ley que hace más fácil la erradicación y el desalojo de tribus nativas o comunidades centenarias cuando la gran minería y el gran petróleo –y el gran dinero- estén de por medio. Porque de eso se trata, como en la novela de Dos Passos: del gran dinero.
viernes, 26 de febrero de 2010
º VIVA ZAPATA (Diario "La Primera" 26/02/10)
No sé qué dirán ahora los idólatras de los Castro, los incondicionales de la satrapía habanera, los tuertos de la mirada crítica, los que afirman, con razón, que Pinochet fue un criminal y, sin razón, que Fidel es un patriarca revolucionario.
Este modesto columnista sí dirá que la muerte del albañil y gasfitero Orlando Zapata Tamayo, muerte causada por una huelga de hambre de 85 días, es una vergüenza más para el estalinismo con palmeras que se instaló en Cuba a partir de los años 70.
Orlando Zapata Tamayo, de 42 años y miembro de la organización disidente Alternativa republicana –que plantea, entre otras cosas, la difusión del democratizante Proyecto Varela-, ha sido enterrado ayer a las 7 y 30 de la mañana en Banes, provincia de Holguín, a unos 800 kilómetros al este de La Habana.
Hasta allí llegó la policía castrista con el cadáver de Zapata, un afrocubano que mantuvo su promesa de morir por la causa de la libertad desde que lo detuvieron, en el 2002 y en pleno Parque Central, haciendo un ayuno público en contra del régimen.
No es que Zapata se haya suicidado, como dicen ahora los súbditos del castrismo. Zapata exigía ser tratado como un ser humano y denunció, más de una vez, las palizas de las que fue víctima por parte de los esbirros de la cárcel de Holguín.
Ha muerto convertido en puro hueso y pellejo después de una huelga de hambre que sólo al final, cuando ya era demasiado tarde, mereció atención médica en el hospital habanero Hermanos Almeijeiras. “Estuvo en los mejores hospitales, se hizo lo que se pudo”, llegó a decir Raúl Castro.
Este hombre valiente y martirizado sacó de quicio a los Castro –al fantasma que oficia de presidente y al caudillo tenaz que gobierna de verdad en las sombras- exigiendo dos cosas: 1) una cocina donde pudiera prepararse los alimentos –lo que lo eximiría de comer la bazofia que se reparte entre los acusados de delitos políticos-; y 2) la aceptación oficial de que se trataba –como de veras se trataba- de “un preso político”.
La cocina podían haberla negociado. Lo que el ministerio del Interior jamás habría aceptado negociar era la naturaleza de su detención. Hoy, la canalla estalinista dice que Zapata también quería “un teléfono celular” (como si no supiéramos que en Cuba tener un celular es algo casi imposible aun para los que no están encarcelados).
No, Zapata no quería un celular. Lo que exigió fue lo mismo que plantearon, en su tiempo, el comandante camagüeyano Hubert Matos y el guerrillero Eloy Gutiérrez Menoyo, compañeros de la revolución antes de que ésta fuera secuestrada por los comunistas prosiberianos: ser tratados como lo que eran: disidentes en prisión, opositores activos que pagaban con la cárcel el mero hecho de discrepar.
Amnistía Internacional, que tanto ha hecho por denunciar a las dictaduras latinoamericanas de derecha, consideraba a Zapata Tamayo como “prisionero de conciencia”, algo que irritaba hasta la histeria a la Cuba de los Castro.
Pero Zapata era, sin duda, un prisionero de conciencia desde que, en el 2003 y en el marco de una represión brutal, fue por segunda vez detenido y condenado a tres años de prisión por oponerse abiertamente a la dictadura (la acusación formal implicó tres cargos: desacato, desorden público, desobediencia a la autoridad).
Lo que sucedió después pinta de cuerpo entero la barbarie castrista. Rebelde y harto, dispuesto a todos los desafíos, Zapata se fue ganando, desde diversas cárceles, nuevas y más severas condenas, las que llegaron a sumar 25 años y 6 meses de prisión.
De la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, en La Habana, fue trasladado a uno de los más severos penales del régimen: la prisión de Taco Taco, en Pinar del Río. Fue allí donde empezó una de sus jornadas “irlandesas” de abstinencia alimentaria (es curioso que la cruel señora Thatcher se jactara, con la misma cara dura del castrismo, de jamás ceder “ante el chantaje”).
Tras la última de esas condenas, basadas en un Código Penal ideado por policías de la seguridad del Estado, Zapata empezó la que sería su última temeridad. “Estaba desesperado, dispuesto a todo”, ha dicho uno de sus familiares. En plena huelga de hambre, debilitado al extremo, fue golpeado por la policía de la prisión, tal como lo denunció a comienzos de enero del 2010, desde la televisión madrileña, el famoso desafecto Oswaldo Payá.
Banes, el pueblito donde nació y donde ha sido enterrado, ha estado tomado por la policía política de Castro desde hace 48 horas. Ha habido unas 30 detenciones previas, según ha denunciado el presidente de la Comisión de derechos humanos y Reconciliación Nacional Elizardo Sánchez, y los corresponsales extranjeros fueron advertidos por el gobierno de que “mejor desistieran de viajar a Banes”, tal como apunta el representante del diario “El País” en la isla, Mauricio Vicent.
Tan grande ha sido el miedo del régimen cubano a la difusión de esta noticia que ni la agencia “Prensa latina” ni el matutino oficial “Granma” han escrito una línea sobre la existencia, peripecia y muerte de Orlando Zapata. “Ni siquiera se han atrevido a calumniarlo, como hacen normalmente cuando de un contrarrevolucionario se trata”, se lee en una crónica despachada desde La Habana.
Zapata ha muerto mientras en la isla se paseaba y firmaba acuerdos el presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva.
Lula ha alcanzado a lamentar la muerte de Zapata. Raúl Castro, que estaba a su costado, ha llegado a lo más hondo de su propia miseria moral y ha afirmado lo siguiente:
“Lamentablemente, en esta confrontación que tenemos con Estados Unidos hemos perdido a miles de cubanos. El día que los Estados Unidos decidan convivir en paz con nosotros se van a acabar todos esos problemas...”
Antes de dejar el cuerpo de su hijo en el cementerio de La Güira, la señora Reina Luisa Tamayo Danger ha llegado a decir, fuera de sí y arriesgando futuras represalias:
“No le admito a Raúl Castro mensajes para esta madre porque ellos asesinaron premeditadamente a Orlando Zapata Tamayo...Mi hijo lleva impregnado en su cuerpo los golpes, las torturas, las tonfas y lo negro de la golpiza efectuada en Holguín... Esta madre dice: Raúl, Fidel: no me digan nada. Quisiera hablar de frente con ellos para decirles: cínicos, descarados, me mataron a mi hijo...”
La Cuba de Batista era un casino sórdido financiado por los Estados Unidos.
La Cuba de los Castro ya no es el lagarto verde con ojos de piedra y agua de Nicolás Guillén: es una gran prisión.
La Cuba de Martí era una Cuba libre.
Me quedo con la Cuba de Martí. Seguiré luchando por ella.
Este modesto columnista sí dirá que la muerte del albañil y gasfitero Orlando Zapata Tamayo, muerte causada por una huelga de hambre de 85 días, es una vergüenza más para el estalinismo con palmeras que se instaló en Cuba a partir de los años 70.
Orlando Zapata Tamayo, de 42 años y miembro de la organización disidente Alternativa republicana –que plantea, entre otras cosas, la difusión del democratizante Proyecto Varela-, ha sido enterrado ayer a las 7 y 30 de la mañana en Banes, provincia de Holguín, a unos 800 kilómetros al este de La Habana.
Hasta allí llegó la policía castrista con el cadáver de Zapata, un afrocubano que mantuvo su promesa de morir por la causa de la libertad desde que lo detuvieron, en el 2002 y en pleno Parque Central, haciendo un ayuno público en contra del régimen.
No es que Zapata se haya suicidado, como dicen ahora los súbditos del castrismo. Zapata exigía ser tratado como un ser humano y denunció, más de una vez, las palizas de las que fue víctima por parte de los esbirros de la cárcel de Holguín.
Ha muerto convertido en puro hueso y pellejo después de una huelga de hambre que sólo al final, cuando ya era demasiado tarde, mereció atención médica en el hospital habanero Hermanos Almeijeiras. “Estuvo en los mejores hospitales, se hizo lo que se pudo”, llegó a decir Raúl Castro.
Este hombre valiente y martirizado sacó de quicio a los Castro –al fantasma que oficia de presidente y al caudillo tenaz que gobierna de verdad en las sombras- exigiendo dos cosas: 1) una cocina donde pudiera prepararse los alimentos –lo que lo eximiría de comer la bazofia que se reparte entre los acusados de delitos políticos-; y 2) la aceptación oficial de que se trataba –como de veras se trataba- de “un preso político”.
La cocina podían haberla negociado. Lo que el ministerio del Interior jamás habría aceptado negociar era la naturaleza de su detención. Hoy, la canalla estalinista dice que Zapata también quería “un teléfono celular” (como si no supiéramos que en Cuba tener un celular es algo casi imposible aun para los que no están encarcelados).
No, Zapata no quería un celular. Lo que exigió fue lo mismo que plantearon, en su tiempo, el comandante camagüeyano Hubert Matos y el guerrillero Eloy Gutiérrez Menoyo, compañeros de la revolución antes de que ésta fuera secuestrada por los comunistas prosiberianos: ser tratados como lo que eran: disidentes en prisión, opositores activos que pagaban con la cárcel el mero hecho de discrepar.
Amnistía Internacional, que tanto ha hecho por denunciar a las dictaduras latinoamericanas de derecha, consideraba a Zapata Tamayo como “prisionero de conciencia”, algo que irritaba hasta la histeria a la Cuba de los Castro.
Pero Zapata era, sin duda, un prisionero de conciencia desde que, en el 2003 y en el marco de una represión brutal, fue por segunda vez detenido y condenado a tres años de prisión por oponerse abiertamente a la dictadura (la acusación formal implicó tres cargos: desacato, desorden público, desobediencia a la autoridad).
Lo que sucedió después pinta de cuerpo entero la barbarie castrista. Rebelde y harto, dispuesto a todos los desafíos, Zapata se fue ganando, desde diversas cárceles, nuevas y más severas condenas, las que llegaron a sumar 25 años y 6 meses de prisión.
De la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, en La Habana, fue trasladado a uno de los más severos penales del régimen: la prisión de Taco Taco, en Pinar del Río. Fue allí donde empezó una de sus jornadas “irlandesas” de abstinencia alimentaria (es curioso que la cruel señora Thatcher se jactara, con la misma cara dura del castrismo, de jamás ceder “ante el chantaje”).
Tras la última de esas condenas, basadas en un Código Penal ideado por policías de la seguridad del Estado, Zapata empezó la que sería su última temeridad. “Estaba desesperado, dispuesto a todo”, ha dicho uno de sus familiares. En plena huelga de hambre, debilitado al extremo, fue golpeado por la policía de la prisión, tal como lo denunció a comienzos de enero del 2010, desde la televisión madrileña, el famoso desafecto Oswaldo Payá.
Banes, el pueblito donde nació y donde ha sido enterrado, ha estado tomado por la policía política de Castro desde hace 48 horas. Ha habido unas 30 detenciones previas, según ha denunciado el presidente de la Comisión de derechos humanos y Reconciliación Nacional Elizardo Sánchez, y los corresponsales extranjeros fueron advertidos por el gobierno de que “mejor desistieran de viajar a Banes”, tal como apunta el representante del diario “El País” en la isla, Mauricio Vicent.
Tan grande ha sido el miedo del régimen cubano a la difusión de esta noticia que ni la agencia “Prensa latina” ni el matutino oficial “Granma” han escrito una línea sobre la existencia, peripecia y muerte de Orlando Zapata. “Ni siquiera se han atrevido a calumniarlo, como hacen normalmente cuando de un contrarrevolucionario se trata”, se lee en una crónica despachada desde La Habana.
Zapata ha muerto mientras en la isla se paseaba y firmaba acuerdos el presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva.
Lula ha alcanzado a lamentar la muerte de Zapata. Raúl Castro, que estaba a su costado, ha llegado a lo más hondo de su propia miseria moral y ha afirmado lo siguiente:
“Lamentablemente, en esta confrontación que tenemos con Estados Unidos hemos perdido a miles de cubanos. El día que los Estados Unidos decidan convivir en paz con nosotros se van a acabar todos esos problemas...”
Antes de dejar el cuerpo de su hijo en el cementerio de La Güira, la señora Reina Luisa Tamayo Danger ha llegado a decir, fuera de sí y arriesgando futuras represalias:
“No le admito a Raúl Castro mensajes para esta madre porque ellos asesinaron premeditadamente a Orlando Zapata Tamayo...Mi hijo lleva impregnado en su cuerpo los golpes, las torturas, las tonfas y lo negro de la golpiza efectuada en Holguín... Esta madre dice: Raúl, Fidel: no me digan nada. Quisiera hablar de frente con ellos para decirles: cínicos, descarados, me mataron a mi hijo...”
La Cuba de Batista era un casino sórdido financiado por los Estados Unidos.
La Cuba de los Castro ya no es el lagarto verde con ojos de piedra y agua de Nicolás Guillén: es una gran prisión.
La Cuba de Martí era una Cuba libre.
Me quedo con la Cuba de Martí. Seguiré luchando por ella.
jueves, 25 de febrero de 2010
º CATA Y CATITA (Diario "La Primera" 25/02/10)
Una de las industrias más rentables y a veces pintorescas inventadas en las últimas décadas es la de la cata de vinos.
Se supone siempre que el catador es un hombre de paladar sensible y de nariz inteligente, de lengua viva y de buen vivir, con mucho conocimiento sobre vides e historia y con una enorme información en relación a la siempre dinámica geografía del buen vino: la aparición de nuevas mixturas, la irrupción de países o regiones que se suman al mercado vitivinícola, la mejoría en la calidad de vinos antiguos, como el portugués, o de vinos recientes, como el sudafricano.
Todos recordamos el terremoto de 1976, el año en que, en una cata ciega organizada en París por la revista “Wine Spectator”, los vinos californianos del Valle del Napa derrotaron a los vinos franceses.
Como se sabe, esa nueva invasión de Normandía en clave espirituosa trajo consigo una guerra en la que estadounidenses y franceses se han dicho de todo y han empleado armas de todo calibre.
Hace unos años, por ejemplo, un equipo de televisión francés produjo un excelente reportaje sobre Robert Parker, gurú de la cata y director de la revista “Wine Advocate”, temida por sus calificaciones, “descubrimientos” y arbitrariedades.
Los franceses se vengaron de Parker, gran amigo de los vinos de la Ribera del Duero, mostrándolo en chancletas en su casa de California, grabando a su feo perro tirándose pedos y moviendo la cámara hacia piezas del mobiliario que no brillaban por su belleza. Como que querían demostrar que la cierta chusquedad privada de Parker lo descalificaba como árbitro de la exquisitez.
Como quizá alguna vez he dicho, para mí un buen vino es, junto al amor, lo más parecido a eso que algunos llamarían felicidad.
Y si vino y amor se juntan tendremos la certeza de que seremos envidiados por aquellos que beben cualquier cosa y aman lo que tuvieron a la mano.
Pero este catador aficionado, este bebedor ocasional de vinos sabe que hay muchas trampas en esto de las catas y, en nuestro caso, de las catitas (sí, porque aquí hay damitas que dicen que un buen borgoña de Surco te hará olvidar, cuando la verdad es que te producirá amnesia tóxica).
He conocido catadores de respeto, pero también he visto a supuestos conocedores del vino cuya vulgaridad de gustos y cuya manera tabernuda de vestir y de hablar hacen poco creíble su sapiencia como consejeros y degustadores.
En una industria que mueve cientos de miles de millones de dólares al año está claro que hay paladares a destajo que dirán que tal vino es excelente, cuando apenas es regular, y que tal otro es histórico, cuando apenas alcanza a ser bueno.
Porque en esto de los gustos, por supuesto, la suprema objetividad es una patraña y las mejores revistas sobre el vino han sido acusadas, alguna vez, de favorecer intereses comerciales o recibir estímulos para “entusiasmarse” con determinada cosecha.
No es casualidad que Robert Parker haya puesto en el primer lugar de la lista de los cien mejores vinos del 2009 a uno producido por su amigo Peter Sisseck, un enólogo danés afincado a orillas del Duero.
Y tampoco creo que sea casualidad pura que “Wine Spectator”, una revista que tiene un tiraje de dos millones de ejemplares, coloque en el top de su última lista a un vino estadounidense del valle de Columbia (estado de Washington).
Pero lo que está llegando a niveles sencillamente espectaculares de ilusionismo y “literaturalidad” es la prosa enológica, esa jerga de supuestos especialistas –los que dan vueltas a la copa y hacen buches repulsivos con el vino- que descubren lo que nadie puede compartir porque ocurre que no existe, los que ven canela donde hay ácido y saborean moras donde sólo hay un dejo de fermentos.
Cuídense entonces de textos publicitarios como este:
“Muy suave y aterciopelado, de largo final en boca con tonos frutados a moras, grosellas y pimienta verde...”
No lo dude: si un vino le recuerda a la pimienta verde, ¡escúpalo o llame a un policía!
La bodega argentina Humberto Canale, por ejemplo, debe de haber contratado a un escritor de tangos asesorado por el marqués de Valero de Palma para presentar a su íntimo Malbec con estas palabras:
“Vino rojo violáceo, con frutos rojos, notas especiadas, vainilla, coco y aguaribay (pimienta rosa). Boca de buena armonía y balances”.
Si a mí me sirvieran un vino que me recordara, aunque fuese con extrema sutileza, a un coco y a especias no definidas y a esa pimienta invasiva y, en este caso, rosa, pues lo que haría sería no pagarlo después de devolverlo. O irme a Indecopi a hacer una denuncia.
Eso de los “vinos aterciopelados” abunda. Por supuesto que no hay vinos aterciopelados. Como no los hay “amplios” ni “elegantes” ni “armoniosos”. Los buenos vinos son tautológicos: saben a sí mismos. Y nadie que sepa de vinos tendrá la insensatez de describir, ni siquiera aproximadamente, a qué nos remiten.
Esa jerigonza de expertos se ha extendido por todo el mundo y tiene cumbres de la cursilería.
Otro vino varietal de fama –este es otro ojemplo- es presentado así por sus apologistas de bolsillo:
“Vino rojo rubí de muy buena intensidad, con nariz compleja y elegante de frutos rojos, notas de vainilla y tabaco. Largo final en boca”.
Digamos que la última frase parece una felación con fines depravados. ¿Pero notas de vainilla y tabaco? ¿A quién se le han subido los humos del canabis? ¿Y eso de nariz compleja y elegante es una alusión a Barbra Streisand?
En resumen, que escribir sobre vinos es difícil y que mentir comercialmente respecto de ellos es muy fácil.
Escribir sobre vinos es, en todo caso, tan difícil como escribir sobre cocina.
Y en ambos casos la presión comercial es enorme. Y en ambos casos el poder económico de los Estados Unidos pretende dictar las normas y encumbrar sus intereses.
Una demostración especialmente zafia de esos intentos es el señor Anthony Bourdain, aquel que los tontos de capirote llaman aquí “célebre chef norteamericano” y que se pasea por todos los tugurios grasientos de Asia alabando, con la boca llena, la camisa sudada y las uñas sospechosamente grises, todo lo que se embute y todo lo que pica, agrede y muerde las entrañas.
Como si los estadounidenses nos fueran a enseñar a comer, cuando ellos son hijos palatinos de los ingleses, esos bárbaros cuyo único placer es despojar a otros de islas y peñones.
Se supone siempre que el catador es un hombre de paladar sensible y de nariz inteligente, de lengua viva y de buen vivir, con mucho conocimiento sobre vides e historia y con una enorme información en relación a la siempre dinámica geografía del buen vino: la aparición de nuevas mixturas, la irrupción de países o regiones que se suman al mercado vitivinícola, la mejoría en la calidad de vinos antiguos, como el portugués, o de vinos recientes, como el sudafricano.
Todos recordamos el terremoto de 1976, el año en que, en una cata ciega organizada en París por la revista “Wine Spectator”, los vinos californianos del Valle del Napa derrotaron a los vinos franceses.
Como se sabe, esa nueva invasión de Normandía en clave espirituosa trajo consigo una guerra en la que estadounidenses y franceses se han dicho de todo y han empleado armas de todo calibre.
Hace unos años, por ejemplo, un equipo de televisión francés produjo un excelente reportaje sobre Robert Parker, gurú de la cata y director de la revista “Wine Advocate”, temida por sus calificaciones, “descubrimientos” y arbitrariedades.
Los franceses se vengaron de Parker, gran amigo de los vinos de la Ribera del Duero, mostrándolo en chancletas en su casa de California, grabando a su feo perro tirándose pedos y moviendo la cámara hacia piezas del mobiliario que no brillaban por su belleza. Como que querían demostrar que la cierta chusquedad privada de Parker lo descalificaba como árbitro de la exquisitez.
Como quizá alguna vez he dicho, para mí un buen vino es, junto al amor, lo más parecido a eso que algunos llamarían felicidad.
Y si vino y amor se juntan tendremos la certeza de que seremos envidiados por aquellos que beben cualquier cosa y aman lo que tuvieron a la mano.
Pero este catador aficionado, este bebedor ocasional de vinos sabe que hay muchas trampas en esto de las catas y, en nuestro caso, de las catitas (sí, porque aquí hay damitas que dicen que un buen borgoña de Surco te hará olvidar, cuando la verdad es que te producirá amnesia tóxica).
He conocido catadores de respeto, pero también he visto a supuestos conocedores del vino cuya vulgaridad de gustos y cuya manera tabernuda de vestir y de hablar hacen poco creíble su sapiencia como consejeros y degustadores.
En una industria que mueve cientos de miles de millones de dólares al año está claro que hay paladares a destajo que dirán que tal vino es excelente, cuando apenas es regular, y que tal otro es histórico, cuando apenas alcanza a ser bueno.
Porque en esto de los gustos, por supuesto, la suprema objetividad es una patraña y las mejores revistas sobre el vino han sido acusadas, alguna vez, de favorecer intereses comerciales o recibir estímulos para “entusiasmarse” con determinada cosecha.
No es casualidad que Robert Parker haya puesto en el primer lugar de la lista de los cien mejores vinos del 2009 a uno producido por su amigo Peter Sisseck, un enólogo danés afincado a orillas del Duero.
Y tampoco creo que sea casualidad pura que “Wine Spectator”, una revista que tiene un tiraje de dos millones de ejemplares, coloque en el top de su última lista a un vino estadounidense del valle de Columbia (estado de Washington).
Pero lo que está llegando a niveles sencillamente espectaculares de ilusionismo y “literaturalidad” es la prosa enológica, esa jerga de supuestos especialistas –los que dan vueltas a la copa y hacen buches repulsivos con el vino- que descubren lo que nadie puede compartir porque ocurre que no existe, los que ven canela donde hay ácido y saborean moras donde sólo hay un dejo de fermentos.
Cuídense entonces de textos publicitarios como este:
“Muy suave y aterciopelado, de largo final en boca con tonos frutados a moras, grosellas y pimienta verde...”
No lo dude: si un vino le recuerda a la pimienta verde, ¡escúpalo o llame a un policía!
La bodega argentina Humberto Canale, por ejemplo, debe de haber contratado a un escritor de tangos asesorado por el marqués de Valero de Palma para presentar a su íntimo Malbec con estas palabras:
“Vino rojo violáceo, con frutos rojos, notas especiadas, vainilla, coco y aguaribay (pimienta rosa). Boca de buena armonía y balances”.
Si a mí me sirvieran un vino que me recordara, aunque fuese con extrema sutileza, a un coco y a especias no definidas y a esa pimienta invasiva y, en este caso, rosa, pues lo que haría sería no pagarlo después de devolverlo. O irme a Indecopi a hacer una denuncia.
Eso de los “vinos aterciopelados” abunda. Por supuesto que no hay vinos aterciopelados. Como no los hay “amplios” ni “elegantes” ni “armoniosos”. Los buenos vinos son tautológicos: saben a sí mismos. Y nadie que sepa de vinos tendrá la insensatez de describir, ni siquiera aproximadamente, a qué nos remiten.
Esa jerigonza de expertos se ha extendido por todo el mundo y tiene cumbres de la cursilería.
Otro vino varietal de fama –este es otro ojemplo- es presentado así por sus apologistas de bolsillo:
“Vino rojo rubí de muy buena intensidad, con nariz compleja y elegante de frutos rojos, notas de vainilla y tabaco. Largo final en boca”.
Digamos que la última frase parece una felación con fines depravados. ¿Pero notas de vainilla y tabaco? ¿A quién se le han subido los humos del canabis? ¿Y eso de nariz compleja y elegante es una alusión a Barbra Streisand?
En resumen, que escribir sobre vinos es difícil y que mentir comercialmente respecto de ellos es muy fácil.
Escribir sobre vinos es, en todo caso, tan difícil como escribir sobre cocina.
Y en ambos casos la presión comercial es enorme. Y en ambos casos el poder económico de los Estados Unidos pretende dictar las normas y encumbrar sus intereses.
Una demostración especialmente zafia de esos intentos es el señor Anthony Bourdain, aquel que los tontos de capirote llaman aquí “célebre chef norteamericano” y que se pasea por todos los tugurios grasientos de Asia alabando, con la boca llena, la camisa sudada y las uñas sospechosamente grises, todo lo que se embute y todo lo que pica, agrede y muerde las entrañas.
Como si los estadounidenses nos fueran a enseñar a comer, cuando ellos son hijos palatinos de los ingleses, esos bárbaros cuyo único placer es despojar a otros de islas y peñones.
miércoles, 24 de febrero de 2010
º DOMINGO DE TETA Y SUSTO (Diario "La Primera 23/02/10)
Hace unos días hice lo que había aplazado durante largos meses: ver “La teta asustada”, la película peruana más exitosa y reconocida de todos los tiempos, una obra que, sin ninguna duda, debe tener méritos y excelencias que este columnista, por alguna razón entre las que no se encuentra la cicatería, no pudo (o no supo) encontrar.
Como alguna vez he confesado, soy un viejo cinéfilo que ha pasado grandes momentos de su vida viendo películas de todos los estilos, todos los géneros, todos los directores y todas las calañas.
Me había resistido a ver “La teta asustada” porque temía que no me gustara (“Madeinusa” me había parecido un buen intento fallido) y porque, si así sucedía, tendría que escribirlo y no callarme como hacen tantos a la hora de mirar la dirección de los vientos.
Y al no callarme –pensé- tendría que enfrentar el callejón oscuro de los adocenados y los nacionalistas del culo que están viendo “antipatriotas” hasta en la sopa (en la sopa de Acurio por ejemplo, que es, como se sabe, sagrada).
De modo, que compré “La teta asustada” en una versión formal –soy de los que jamás compra piratería: no soy un “peruano cabal”- y la vi. Quiero decir, la vimos.
Cuando aparecieron los créditos finales no sabía a qué espectáculo había asistido: ¿era sólo una mala película o era el resumen más brioso de la huachafería vagamente progre y de exportación, esa que PromPerú podría auspiciar junto a algunas ruinas sobreestimadas?
Vamos a ver. Los actores de “La teta asustada” no son buenos y al no ser buenos no sostienen una historia hiperbólica que hubiera requerido un registro realista que compensara tanto exceso. ¡Y es que el realismo incluye también lo actoral y eso es algo que el cine sudamericano, con algunas excepciones, no logra entender!
La fotografía de “La teta asustada” combina las postales distantes, los planos abiertos de un observador frío, con algunos primeros planos voluntaristamente dramáticos y sin sentido y con encuadres gaudianos, retorcidos y amputadores. ¿Fue un aporte al cubismo que hubiese brazos cortados, contraplanos a media caña, manitas sin antebrazos, codos sueltos?
La película es un tour para catalanes y berlineses perversones en torno a un país trágico que Claudia Llosa se ha empeñado en hacer cómico (y, claro, así, en clave de humor negro y de sal gruesa, elude rozar siquiera el origen de todo: la raíz social no de la papa sino de la injusticia y la escisión social).
Como comedia varias veces involuntaria, “La teta asustada” es prodigiosa. Que un ginecólogo le diga al tío que recomendará “otro anticonceptivo” a la niña que tiene una papa en la vagina –dando por hecho que el tubérculo cumple esa función- es como para sonreír.
Que una ricachona tenga su palacete junto a un mercado del Perú profundo –realidades encarnizadamente enemigas separadas apenas por una puerta eléctrica-, ¿es una manera de ahorrar platós, agudizar las contradicciones o hacer una caricatura abreviada y en pocos metros cuadrados del Perú?
Que esa misma señora le diga a la protagonista que tome asiento cuando ésta ya está sentada, no es una distracción de vieja pituca: es la enésima tontería de un dialoguista empeñado en construir personajes oligofrénicos.
La señorita Llosa es una militante del realismo mágico, pero tiene un problema: no es García Márquez; es, más bien, la secretaria visual de Isabel Allende.
De allí, de ese almacén ingenuo de realismo mágico en versión “Coquito” salen, en desfile continuo, el barco que va a cruzar un túnel más estrecho que su diámetro y su altura, la poda con tijerita de uñas de la papa intravaginal, la venta de ataúdes con escudos futbolísticos para hinchas del más allá, el hecho de que la señorita Solier se desmaye y sea intervenida en un quirófano mientras mantiene en una mano crispada un puñado de perlas, los matrimonios masivos sin alcalde, la santa conservación inodora de un cadáver de varios días, el rostro aceradamente inmóvil y casi enyesado de la señorita Solier en su papel de víctima de la teta, la transformación repentina e inconvincente de la señora pianista luego de su concierto.
Todo folclórico y apretado, todo hecho para arrancar exclamaciones de risas, horror y condescendencia entre europeos culposos, oenegistas con mucho millaje y amantes del exotismo.
Y casi todos los personajes de la película exhiben una estupidez cacasena -¿de origen viral, hereditario, antropológico?-, como aquella novia que, teniendo un vestido con una cola de varios metros, está descontenta porque quiere más tela para más cola y que termina, como idiota mayúscula, subiendo al podio inverosímil que Claudia Llosa le ha puesto, no por los peldaños “majestuosos” de aquel armatoste de cartón sino por una escalera de albañil desde la que está a punto de caer.
“La teta asustada” no es una mala película porque retrate con saña de turista pronazi las miserias y pellejerías de la pobreza urbana de Lima ni aluda, con enorme timidez, a las fechorías que sufrieron nuestros campesinos de manos de terroristas y militares. Es mala porque cinematográficamente es un desastre.
La historia no te la crees –no porque sea irreal sino porque está mal contada-, los actores recitan muchas veces frases sin sentido, la señorita Solier canta cuando no debe –es decir, admitámoslo: casi siempre- y hay empalmes que no se explican, lentitudes que nada aportan, destellos visuales –la señorita Solier con una flor en la boca, el despegue de un artilugio impulsado por helio- que terminan por desbaratar la poca lógica interna que le quedaba a la ficción.
El Perú cambió el mundo con el aporte de la papa ancestral. Esta papa intravaginal y casi hidropónica, física y simbólicamente inmunda, no cambiará la historia del cine.
Sé a lo que me expongo con estas líneas. La verdad es que importa un ardite. Peor hubiese sido sumarme al coro extasiado y patriótico de los que creen que el honor nacional está en juego en la ceremonia del Oscar.
Ni conozco ni envidio ni siento nada por la señorita Llosa. Es más, espero que gane el Oscar y que lo disfrute. Pero eso no me impide decir lo que pienso. Tampoco le temo a sus primos fulminantes ni a sus tíos mitológicos ni a sus vínculos especiales con el agitprop ibérico.
Me alegra que haya tenido la suerte de contar con tantas anuencias internacionales y con tantos píos silencios domésticos. Pero de allí a decir que “La teta asustada” es una “gran película”, como la tetudez colectiva ha impuesto aquí y con letras de neón, hay tanta distancia como la que va de la alfombra roja del teatro Kodak a la posteridad de veras bien ganada.
Como alguna vez he confesado, soy un viejo cinéfilo que ha pasado grandes momentos de su vida viendo películas de todos los estilos, todos los géneros, todos los directores y todas las calañas.
Me había resistido a ver “La teta asustada” porque temía que no me gustara (“Madeinusa” me había parecido un buen intento fallido) y porque, si así sucedía, tendría que escribirlo y no callarme como hacen tantos a la hora de mirar la dirección de los vientos.
Y al no callarme –pensé- tendría que enfrentar el callejón oscuro de los adocenados y los nacionalistas del culo que están viendo “antipatriotas” hasta en la sopa (en la sopa de Acurio por ejemplo, que es, como se sabe, sagrada).
De modo, que compré “La teta asustada” en una versión formal –soy de los que jamás compra piratería: no soy un “peruano cabal”- y la vi. Quiero decir, la vimos.
Cuando aparecieron los créditos finales no sabía a qué espectáculo había asistido: ¿era sólo una mala película o era el resumen más brioso de la huachafería vagamente progre y de exportación, esa que PromPerú podría auspiciar junto a algunas ruinas sobreestimadas?
Vamos a ver. Los actores de “La teta asustada” no son buenos y al no ser buenos no sostienen una historia hiperbólica que hubiera requerido un registro realista que compensara tanto exceso. ¡Y es que el realismo incluye también lo actoral y eso es algo que el cine sudamericano, con algunas excepciones, no logra entender!
La fotografía de “La teta asustada” combina las postales distantes, los planos abiertos de un observador frío, con algunos primeros planos voluntaristamente dramáticos y sin sentido y con encuadres gaudianos, retorcidos y amputadores. ¿Fue un aporte al cubismo que hubiese brazos cortados, contraplanos a media caña, manitas sin antebrazos, codos sueltos?
La película es un tour para catalanes y berlineses perversones en torno a un país trágico que Claudia Llosa se ha empeñado en hacer cómico (y, claro, así, en clave de humor negro y de sal gruesa, elude rozar siquiera el origen de todo: la raíz social no de la papa sino de la injusticia y la escisión social).
Como comedia varias veces involuntaria, “La teta asustada” es prodigiosa. Que un ginecólogo le diga al tío que recomendará “otro anticonceptivo” a la niña que tiene una papa en la vagina –dando por hecho que el tubérculo cumple esa función- es como para sonreír.
Que una ricachona tenga su palacete junto a un mercado del Perú profundo –realidades encarnizadamente enemigas separadas apenas por una puerta eléctrica-, ¿es una manera de ahorrar platós, agudizar las contradicciones o hacer una caricatura abreviada y en pocos metros cuadrados del Perú?
Que esa misma señora le diga a la protagonista que tome asiento cuando ésta ya está sentada, no es una distracción de vieja pituca: es la enésima tontería de un dialoguista empeñado en construir personajes oligofrénicos.
La señorita Llosa es una militante del realismo mágico, pero tiene un problema: no es García Márquez; es, más bien, la secretaria visual de Isabel Allende.
De allí, de ese almacén ingenuo de realismo mágico en versión “Coquito” salen, en desfile continuo, el barco que va a cruzar un túnel más estrecho que su diámetro y su altura, la poda con tijerita de uñas de la papa intravaginal, la venta de ataúdes con escudos futbolísticos para hinchas del más allá, el hecho de que la señorita Solier se desmaye y sea intervenida en un quirófano mientras mantiene en una mano crispada un puñado de perlas, los matrimonios masivos sin alcalde, la santa conservación inodora de un cadáver de varios días, el rostro aceradamente inmóvil y casi enyesado de la señorita Solier en su papel de víctima de la teta, la transformación repentina e inconvincente de la señora pianista luego de su concierto.
Todo folclórico y apretado, todo hecho para arrancar exclamaciones de risas, horror y condescendencia entre europeos culposos, oenegistas con mucho millaje y amantes del exotismo.
Y casi todos los personajes de la película exhiben una estupidez cacasena -¿de origen viral, hereditario, antropológico?-, como aquella novia que, teniendo un vestido con una cola de varios metros, está descontenta porque quiere más tela para más cola y que termina, como idiota mayúscula, subiendo al podio inverosímil que Claudia Llosa le ha puesto, no por los peldaños “majestuosos” de aquel armatoste de cartón sino por una escalera de albañil desde la que está a punto de caer.
“La teta asustada” no es una mala película porque retrate con saña de turista pronazi las miserias y pellejerías de la pobreza urbana de Lima ni aluda, con enorme timidez, a las fechorías que sufrieron nuestros campesinos de manos de terroristas y militares. Es mala porque cinematográficamente es un desastre.
La historia no te la crees –no porque sea irreal sino porque está mal contada-, los actores recitan muchas veces frases sin sentido, la señorita Solier canta cuando no debe –es decir, admitámoslo: casi siempre- y hay empalmes que no se explican, lentitudes que nada aportan, destellos visuales –la señorita Solier con una flor en la boca, el despegue de un artilugio impulsado por helio- que terminan por desbaratar la poca lógica interna que le quedaba a la ficción.
El Perú cambió el mundo con el aporte de la papa ancestral. Esta papa intravaginal y casi hidropónica, física y simbólicamente inmunda, no cambiará la historia del cine.
Sé a lo que me expongo con estas líneas. La verdad es que importa un ardite. Peor hubiese sido sumarme al coro extasiado y patriótico de los que creen que el honor nacional está en juego en la ceremonia del Oscar.
Ni conozco ni envidio ni siento nada por la señorita Llosa. Es más, espero que gane el Oscar y que lo disfrute. Pero eso no me impide decir lo que pienso. Tampoco le temo a sus primos fulminantes ni a sus tíos mitológicos ni a sus vínculos especiales con el agitprop ibérico.
Me alegra que haya tenido la suerte de contar con tantas anuencias internacionales y con tantos píos silencios domésticos. Pero de allí a decir que “La teta asustada” es una “gran película”, como la tetudez colectiva ha impuesto aquí y con letras de neón, hay tanta distancia como la que va de la alfombra roja del teatro Kodak a la posteridad de veras bien ganada.
martes, 23 de febrero de 2010
º TORERO O MATARIFE (Diario "La Primera" 23/02/10)
Nadie debe haberse sentido más feliz viendo a Jaime Bayly despeñarse que el propio Baruch Ivcher.
Bayly quizá calculó que su pregrabación iba a ser vetada por la ira de Ivcher. De ese modo el misterio lo absolvería, la censura lo engrandecería y la victimización acompañaría la marcha de su candidatura.
Pero todo fue un mal cálculo. Aconsejado por sus mejores diablos azules, Ivcher le dio paso a una larga diatriba –a ratos divertida, a ratos vulgar, muchas veces lumpen- dirigida al propietario del circo en cuestión y, para usar las palabras de Bayly, a “los monos que le sirven y que se cagan en donde pueden” (o sea Beto Ortiz y un tal Miyashiro).
Y cuando Bayly insultaba, Ivcher –esa gran impostura- renacía. Y cuando Bayly volvía a insultar, desde una histeria maníaca y quejumbrosa, Ivcher se llenaba de vida y de esperanza y marchaba con el tranco resuelto de los muertos vivientes.
¿Quién era el demócrata, entonces? ¿Era Bayly, el insultador; o era Ivcher, el presidente del directorio permisivo y, en este caso, mucho más suizo que israelí?
El demócrata aquella noche fatal no fue Bayly. Bayly fue el lúcido tardío que, después de varios años, se daba cuenta de que Ivcher era un tal por cual (y justo cuando, desde el miércoles pasado, tiene en su bolsillo una oferta de Canal 4 para hacer allí “El francotirador”).
Ivcher no lo censuró y quedó, aunque a algunos nos duela, como un ejemplo de tolerancia.
Fue una noche fatal porque asistimos a un suicidio que se veía venir pero que superó todo lo imaginable en relación a ese arte equívoco de la autodestrucción.
No soy de quienes odian a Bayly. Siempre le guardé aprecio y casi siempre me enternecieron sus primeras locuras y sus apariciones fulgurantes en la tele.
Me dio lástima, eso sí, verlo agusanado en Miami y uribizado en Colombia. Y, antes, en los tiempos de la persecución y el SIN, me dio rabia que su antiFujimorismo fuera mudo y sus silencios explícitos.
No soy lector de sus libros pero sería rácano negar que es un escritor de enorme éxito internacional y un personaje continental de la comunicación.
Dicho esto, tengo que añadir que lo que vi hace dos días ha sido un show sombrío y crepuscular de alguien que, con el nombre de Jaime Bayly, imita al escritor, desfigura al conductor, desacredita al personaje y envilece la propia memoria.
Ese Bayly que vimos carraspeando groserías, inyectadamente temerario, contradiciéndose cada diez minutos, no es el Bayly que una vez apareció en “La Prensa” y en Canal 5 y se convirtió en líder de opinión.
El Bayly que vimos hace días derrapa en la procacidad y es un eco malo de los buenos tiempos.
Pero, sobre todo, es un Bayly que parece no tener ninguna reputación que preservar.
Su capacidad de ser grosero, que llega a tener tintes patológicos, lo que demuestra es un narcisismo con sueños de omnipotencia. Bayly no candidatea a la presidencia: candidatea a ser Dios, un Dios cruel e impune que azota y/o quema a los herejes.
Cuando insultaba a Ivcher de un modo tan rastrero, tan racista, tan xenófobo y tan primario, yo pensaba:
-Este Jaime no sabe hasta dónde ha metido la pata. Cree que es un desplante lo que es una fechoría.
Y el hecho de que Bayly siguiera fingiendo que todo su enojo (divino) se debía a que Beto Ortiz y el tal Miyashiro “habían saqueado la propiedad intelectual” de su amigueta (primero novia, luego íntima, más tarde amiga), me causó la viva impresión de que ese programa estaba siendo transmitido desde una casa de salud y que, en cualquier momento, aparecerían batas blancas, jeringas goteando pócimas sedantes, enfermeros musculosos y dispuestos a dominar al paciente.
¿Alguien puede creer que Jaime se enojó porque dos aviesos colegas de pantalla leyeron párrafos de una novela inédita?
El problema no era ese. Si Jaime recordase, a estas alturas, que es posible decir la verdad diría que lo que de verdad lo molestó no fue la incursión bucanera del dúo Ortiz-Miyashiro sino la espantosa calidad de lo leído, la indigencia literaria del manuscrito en cuestión, el final del juego de un libro que a él se le había ocurrido recomendar antes de que saliera a la venta. Es que Jaime no sólo es Dios: también es Midas –el rey que todo lo que tocaba lo hacía de oro- y la niñata en cuestión era oro en polvo.
Y si Jaime siguiera empeñado en ser honesto –una virtud que tuvo hasta que la televisión lo volvió un monstruo- diría también que todo ese arrebato histriónico, esa furia teatral, eran una manera de darle a su ego –convertido en peleador de sumo- la sobrealimentación de notoriedad y de escándalo que cada día reclama.
A todo esto hay que sumar el asunto de la candidatura, algo que la personalidad escindida de Bayly proclama una noche por la boca y rechaza al día siguiente por la imprenta, algo que ha terminado de perturbar a este personaje complejo que cree que escribir es vomitar y que hace tiempo ya no lucha con sus demonios sino que los obedece.
Ivcher se dio el gusto de propalar en su canal la transmisión radiográfica de Jaime Bayly, la autobiografía hablada de un escritor talentosísimo y de un ser humano ayer entrañable convertido en esa fábrica de agravios, en ese géiser del mal gusto y la incontinencia.
A tanto llegó Bayly que Ortiz y el tal Miyashiro parecieron, por contraste, unos caballeritos vestidos en Gamarra, pundonorosos, subordinados y con el bozal en su sitio.
A tanto llegó que Ivcher, el hombre del cheque discreto de 20 millones de soles entregados por Toledo, pareció víctima de un Hugo Chávez que le hubiese expropiado el canal y lo mandase insultar desde sus propios estudios.
Lo curioso es que Bayly cedió en el único asunto que a Ivcher de veras le importaba: el del dinero.
Porque cuando Bayly se retractó de lo dicho en relación a la deuda tributaria de Ivcher, le dio en la yema del gusto al dueño de la silla en la que estaba sentado.
Y esa indebida concesión –indebida porque la deuda de 54 millones de soles de Ivcher es un asunto que la Sunat mantiene vivo- es la que, al final, quizá explique por qué el propietario de Frecuencia latina propaló lo que Lúcar le había aconsejado no propalar. Total, si el dinero es lo que importa, ¿qué importan algunos adjetivos que el viento y Youtube se llevarán?
El hombre-bomba que explosionó ante nuestros ojos hace unos días era lo que quedaba de Jaime Bayly después de varios años de coquetear con la locura.
Tengo la sensación de que Bayly comenzó su vida pública temiendo que descubrieran su bisexualidad. Cuando la confesó y la vendió como mercancía y la registró como marca, dejó de tener un gran secreto que cuidar. Fue un alivio.
Pero Bayly necesitaba más. Las parejas que hizo desfilar en sus columnas, las infidencias de cama y de camastro que describió con placer, el confeso odio a su padre, el desprecio a buena parte de su familia, sus furias anecdóticas de infancia contra curas y militares, el estilo de autoabominarse para inspirar respeto y compasión, la coprolalia creciente que parece empobrecer su lenguaje y afear su interior, todo eso constituye un cuadro clínico tan evidente y desgarrador que sólo una sociedad enferma como la nuestra pudo pasar por alto y, más bien, aplaudir y fomentar.
Jaime se sintió un torero hace unos días. Pero el mandil ensagrentado, la sierra de motor, los anteojos de mica salpicados de sanguaza, la mirada turbulenta, la decisión gozosa de cortar y trocear, no engañaban. Sus peores enemigos gozaban como cerdos: Bayly había sido –por fin- un matarife más en el viejo camal de Baruch Ivcher.
Y cuando, en su mensaje final, dijo que, en realidad, lo que quería “era quedarse en Canal 2 y reconciliarse con Ivcher” este columnista creyó ver en pantalla un remedo de esos psicópatas que, en las películas B, terminan diciendo que no recuerdan nada y preguntando qué es lo que hicieron y por qué tienen las manos manchadas de sangre.
Bayly quizá calculó que su pregrabación iba a ser vetada por la ira de Ivcher. De ese modo el misterio lo absolvería, la censura lo engrandecería y la victimización acompañaría la marcha de su candidatura.
Pero todo fue un mal cálculo. Aconsejado por sus mejores diablos azules, Ivcher le dio paso a una larga diatriba –a ratos divertida, a ratos vulgar, muchas veces lumpen- dirigida al propietario del circo en cuestión y, para usar las palabras de Bayly, a “los monos que le sirven y que se cagan en donde pueden” (o sea Beto Ortiz y un tal Miyashiro).
Y cuando Bayly insultaba, Ivcher –esa gran impostura- renacía. Y cuando Bayly volvía a insultar, desde una histeria maníaca y quejumbrosa, Ivcher se llenaba de vida y de esperanza y marchaba con el tranco resuelto de los muertos vivientes.
¿Quién era el demócrata, entonces? ¿Era Bayly, el insultador; o era Ivcher, el presidente del directorio permisivo y, en este caso, mucho más suizo que israelí?
El demócrata aquella noche fatal no fue Bayly. Bayly fue el lúcido tardío que, después de varios años, se daba cuenta de que Ivcher era un tal por cual (y justo cuando, desde el miércoles pasado, tiene en su bolsillo una oferta de Canal 4 para hacer allí “El francotirador”).
Ivcher no lo censuró y quedó, aunque a algunos nos duela, como un ejemplo de tolerancia.
Fue una noche fatal porque asistimos a un suicidio que se veía venir pero que superó todo lo imaginable en relación a ese arte equívoco de la autodestrucción.
No soy de quienes odian a Bayly. Siempre le guardé aprecio y casi siempre me enternecieron sus primeras locuras y sus apariciones fulgurantes en la tele.
Me dio lástima, eso sí, verlo agusanado en Miami y uribizado en Colombia. Y, antes, en los tiempos de la persecución y el SIN, me dio rabia que su antiFujimorismo fuera mudo y sus silencios explícitos.
No soy lector de sus libros pero sería rácano negar que es un escritor de enorme éxito internacional y un personaje continental de la comunicación.
Dicho esto, tengo que añadir que lo que vi hace dos días ha sido un show sombrío y crepuscular de alguien que, con el nombre de Jaime Bayly, imita al escritor, desfigura al conductor, desacredita al personaje y envilece la propia memoria.
Ese Bayly que vimos carraspeando groserías, inyectadamente temerario, contradiciéndose cada diez minutos, no es el Bayly que una vez apareció en “La Prensa” y en Canal 5 y se convirtió en líder de opinión.
El Bayly que vimos hace días derrapa en la procacidad y es un eco malo de los buenos tiempos.
Pero, sobre todo, es un Bayly que parece no tener ninguna reputación que preservar.
Su capacidad de ser grosero, que llega a tener tintes patológicos, lo que demuestra es un narcisismo con sueños de omnipotencia. Bayly no candidatea a la presidencia: candidatea a ser Dios, un Dios cruel e impune que azota y/o quema a los herejes.
Cuando insultaba a Ivcher de un modo tan rastrero, tan racista, tan xenófobo y tan primario, yo pensaba:
-Este Jaime no sabe hasta dónde ha metido la pata. Cree que es un desplante lo que es una fechoría.
Y el hecho de que Bayly siguiera fingiendo que todo su enojo (divino) se debía a que Beto Ortiz y el tal Miyashiro “habían saqueado la propiedad intelectual” de su amigueta (primero novia, luego íntima, más tarde amiga), me causó la viva impresión de que ese programa estaba siendo transmitido desde una casa de salud y que, en cualquier momento, aparecerían batas blancas, jeringas goteando pócimas sedantes, enfermeros musculosos y dispuestos a dominar al paciente.
¿Alguien puede creer que Jaime se enojó porque dos aviesos colegas de pantalla leyeron párrafos de una novela inédita?
El problema no era ese. Si Jaime recordase, a estas alturas, que es posible decir la verdad diría que lo que de verdad lo molestó no fue la incursión bucanera del dúo Ortiz-Miyashiro sino la espantosa calidad de lo leído, la indigencia literaria del manuscrito en cuestión, el final del juego de un libro que a él se le había ocurrido recomendar antes de que saliera a la venta. Es que Jaime no sólo es Dios: también es Midas –el rey que todo lo que tocaba lo hacía de oro- y la niñata en cuestión era oro en polvo.
Y si Jaime siguiera empeñado en ser honesto –una virtud que tuvo hasta que la televisión lo volvió un monstruo- diría también que todo ese arrebato histriónico, esa furia teatral, eran una manera de darle a su ego –convertido en peleador de sumo- la sobrealimentación de notoriedad y de escándalo que cada día reclama.
A todo esto hay que sumar el asunto de la candidatura, algo que la personalidad escindida de Bayly proclama una noche por la boca y rechaza al día siguiente por la imprenta, algo que ha terminado de perturbar a este personaje complejo que cree que escribir es vomitar y que hace tiempo ya no lucha con sus demonios sino que los obedece.
Ivcher se dio el gusto de propalar en su canal la transmisión radiográfica de Jaime Bayly, la autobiografía hablada de un escritor talentosísimo y de un ser humano ayer entrañable convertido en esa fábrica de agravios, en ese géiser del mal gusto y la incontinencia.
A tanto llegó Bayly que Ortiz y el tal Miyashiro parecieron, por contraste, unos caballeritos vestidos en Gamarra, pundonorosos, subordinados y con el bozal en su sitio.
A tanto llegó que Ivcher, el hombre del cheque discreto de 20 millones de soles entregados por Toledo, pareció víctima de un Hugo Chávez que le hubiese expropiado el canal y lo mandase insultar desde sus propios estudios.
Lo curioso es que Bayly cedió en el único asunto que a Ivcher de veras le importaba: el del dinero.
Porque cuando Bayly se retractó de lo dicho en relación a la deuda tributaria de Ivcher, le dio en la yema del gusto al dueño de la silla en la que estaba sentado.
Y esa indebida concesión –indebida porque la deuda de 54 millones de soles de Ivcher es un asunto que la Sunat mantiene vivo- es la que, al final, quizá explique por qué el propietario de Frecuencia latina propaló lo que Lúcar le había aconsejado no propalar. Total, si el dinero es lo que importa, ¿qué importan algunos adjetivos que el viento y Youtube se llevarán?
El hombre-bomba que explosionó ante nuestros ojos hace unos días era lo que quedaba de Jaime Bayly después de varios años de coquetear con la locura.
Tengo la sensación de que Bayly comenzó su vida pública temiendo que descubrieran su bisexualidad. Cuando la confesó y la vendió como mercancía y la registró como marca, dejó de tener un gran secreto que cuidar. Fue un alivio.
Pero Bayly necesitaba más. Las parejas que hizo desfilar en sus columnas, las infidencias de cama y de camastro que describió con placer, el confeso odio a su padre, el desprecio a buena parte de su familia, sus furias anecdóticas de infancia contra curas y militares, el estilo de autoabominarse para inspirar respeto y compasión, la coprolalia creciente que parece empobrecer su lenguaje y afear su interior, todo eso constituye un cuadro clínico tan evidente y desgarrador que sólo una sociedad enferma como la nuestra pudo pasar por alto y, más bien, aplaudir y fomentar.
Jaime se sintió un torero hace unos días. Pero el mandil ensagrentado, la sierra de motor, los anteojos de mica salpicados de sanguaza, la mirada turbulenta, la decisión gozosa de cortar y trocear, no engañaban. Sus peores enemigos gozaban como cerdos: Bayly había sido –por fin- un matarife más en el viejo camal de Baruch Ivcher.
Y cuando, en su mensaje final, dijo que, en realidad, lo que quería “era quedarse en Canal 2 y reconciliarse con Ivcher” este columnista creyó ver en pantalla un remedo de esos psicópatas que, en las películas B, terminan diciendo que no recuerdan nada y preguntando qué es lo que hicieron y por qué tienen las manos manchadas de sangre.
sábado, 20 de febrero de 2010
º PATRICIA Y AUGUSTO (Diario "La Primera 20/02/10)
No sé qué tendrá que pasar en RPP para que Patricia del Río y Augusto Álvarez Rodrich presenten su renuncia o digan algo (o susurren alguito, o se incomoden un poco).
Y es que lo que está haciendo Raúl Vargas con esa emisora es sencillamente indigno de llamarse prensa.
Como las encuestas señalan que la popularidad de Alan García está -a nivel nacional- por los suelos, Vargas ha decidido servir de pulidor del régimen.
¿Que el modelo no llega a todos?
Pues allí está Vargas para preguntarle al director del programa Juntos las preguntas que sólo le harían en el “Melody” y las repreguntas que sólo le haría su santa abuelita.
-¿Vamos bien, pero podemos ir mejor? –pregunta Vargas.
-Hemos aprendido y claro que vamos a mejorar –le responde el burócrata locuaz.
¿Que en salud&sa=Buscar" title="buscar información sobre Essalud">Essalud matan y rebanan y sierran y no pasa nada?
Pues allí está Vargas, en su papel de Jabba the Hutt del palacio de Pizarro, haciéndole “al ingeniero Fernando Barrios”, el director de salud&sa=Buscar" title="buscar información sobre Essalud">Essalud y el que paga la publicidad y abona muertos y heridos por cada servicio prestado, la entrevista más horizontal que uno pueda imaginar “con ocasión de inaugurarse este gran hospital de Chiclayo-Oeste, el Luis Heysen Incháustegui”.
¿Que Luis Alva Castro es un monigote con el pelo teñido por Miss Clairol cuyas dos últimas hazañas son haberse enredado con un patrocinio de quince mil dólares a Fabiola de la Cuba y con un aumento de connotaciones delictivas a sus secretarias?
Pues allí va Vargas, en su papel de Chino de la Esquina, diciendo a los millones de oyentes de RPP que él conoce a Alva Castro “por sus preocupaciones filosóficas” y por “su vocación editorial y literaria” (cuando Alva Castro es a la literatura lo que Chemo del Solar al éxito y a la filosofía lo que los ácaros al finado gliptodonte).
Y va enseguida una entrevista que podría ser más útil que un dedo en la garganta a la hora de librarse de un contenido estomacal incómodo.
O sea que Nava, Mirtha y el jefe de todos los capos deben haberse sentado con Vargas y deben haberle dicho que la estabilidad del gobierno y la legitimidad del sistema dependen de RPP y de esta nueva campaña de planchado y pintura.
Y Vargas ha llegado a un arreglo conveniente. Total, si estuvo a punto de viajar a México como embajador de Alan García –y no lo hizo porque Manuel Delgado Parker se lo pidió y le aumentó el sueldo-, ¿por qué no va a oficiar de cataplasma de este contuso gobierno?
Da vergüenza ajena escuchar la agonía de este Vargas. Porque no sólo es un asunto de contenido.
La voz de Vargas era grave y muchas veces noticiosa. Ahora se ha hecho meliflua, zalamera, coqueta bajo cuerda.
Antes sus bajos continuos respaldaban una melodía que iba al son del día y tenía el eco vibrante del directo en directo. Hoy la voz de Vargas parece la de Pedro (también Vargas) cuando cantaba boleros para señoras en un cabaré.
Vargas fue nuestro Wálter Cronkite radial. Hoy es una melopea de Radio Nacional tomada por la Apdayc.
Si Radio Incahuasi –la que Haya usaba para mandar a insultar a sus enemigos- estuviese en el dial, la sacarían del aire por hacerle competencia desleal a la RPP de Vargas.
Pero, bien, el problema ya no es Vargas, que ha decidido ser, como en el viejo icono de la RCA Victor, la voz del amo y jugar a la cocinita con su amigo Alan García.
El problema para mí, lo que me pone tenso y confundido como oyente y colega es no tener una respuesta para la siguiente pregunta: ¿por qué Augusto y Patricia no se ponen en sus trece, pierden el miedo escénico y hacen, sin miedo, las preguntas que (estoy seguro) quieren hacer?
Está muy bien que don Raúl Vargas quiera terminar sus días de radio como lo está haciendo –si Macera bailó con Fujimori, ¡imagínense!-, pero está mal que lo haga en compañía de dos periodistas respetables.
Patricia, Augusto: ¿pueden ustedes hacer algo? Los estamos viendo y escuchando
Y es que lo que está haciendo Raúl Vargas con esa emisora es sencillamente indigno de llamarse prensa.
Como las encuestas señalan que la popularidad de Alan García está -a nivel nacional- por los suelos, Vargas ha decidido servir de pulidor del régimen.
¿Que el modelo no llega a todos?
Pues allí está Vargas para preguntarle al director del programa Juntos las preguntas que sólo le harían en el “Melody” y las repreguntas que sólo le haría su santa abuelita.
-¿Vamos bien, pero podemos ir mejor? –pregunta Vargas.
-Hemos aprendido y claro que vamos a mejorar –le responde el burócrata locuaz.
¿Que en salud&sa=Buscar" title="buscar información sobre Essalud">Essalud matan y rebanan y sierran y no pasa nada?
Pues allí está Vargas, en su papel de Jabba the Hutt del palacio de Pizarro, haciéndole “al ingeniero Fernando Barrios”, el director de salud&sa=Buscar" title="buscar información sobre Essalud">Essalud y el que paga la publicidad y abona muertos y heridos por cada servicio prestado, la entrevista más horizontal que uno pueda imaginar “con ocasión de inaugurarse este gran hospital de Chiclayo-Oeste, el Luis Heysen Incháustegui”.
¿Que Luis Alva Castro es un monigote con el pelo teñido por Miss Clairol cuyas dos últimas hazañas son haberse enredado con un patrocinio de quince mil dólares a Fabiola de la Cuba y con un aumento de connotaciones delictivas a sus secretarias?
Pues allí va Vargas, en su papel de Chino de la Esquina, diciendo a los millones de oyentes de RPP que él conoce a Alva Castro “por sus preocupaciones filosóficas” y por “su vocación editorial y literaria” (cuando Alva Castro es a la literatura lo que Chemo del Solar al éxito y a la filosofía lo que los ácaros al finado gliptodonte).
Y va enseguida una entrevista que podría ser más útil que un dedo en la garganta a la hora de librarse de un contenido estomacal incómodo.
O sea que Nava, Mirtha y el jefe de todos los capos deben haberse sentado con Vargas y deben haberle dicho que la estabilidad del gobierno y la legitimidad del sistema dependen de RPP y de esta nueva campaña de planchado y pintura.
Y Vargas ha llegado a un arreglo conveniente. Total, si estuvo a punto de viajar a México como embajador de Alan García –y no lo hizo porque Manuel Delgado Parker se lo pidió y le aumentó el sueldo-, ¿por qué no va a oficiar de cataplasma de este contuso gobierno?
Da vergüenza ajena escuchar la agonía de este Vargas. Porque no sólo es un asunto de contenido.
La voz de Vargas era grave y muchas veces noticiosa. Ahora se ha hecho meliflua, zalamera, coqueta bajo cuerda.
Antes sus bajos continuos respaldaban una melodía que iba al son del día y tenía el eco vibrante del directo en directo. Hoy la voz de Vargas parece la de Pedro (también Vargas) cuando cantaba boleros para señoras en un cabaré.
Vargas fue nuestro Wálter Cronkite radial. Hoy es una melopea de Radio Nacional tomada por la Apdayc.
Si Radio Incahuasi –la que Haya usaba para mandar a insultar a sus enemigos- estuviese en el dial, la sacarían del aire por hacerle competencia desleal a la RPP de Vargas.
Pero, bien, el problema ya no es Vargas, que ha decidido ser, como en el viejo icono de la RCA Victor, la voz del amo y jugar a la cocinita con su amigo Alan García.
El problema para mí, lo que me pone tenso y confundido como oyente y colega es no tener una respuesta para la siguiente pregunta: ¿por qué Augusto y Patricia no se ponen en sus trece, pierden el miedo escénico y hacen, sin miedo, las preguntas que (estoy seguro) quieren hacer?
Está muy bien que don Raúl Vargas quiera terminar sus días de radio como lo está haciendo –si Macera bailó con Fujimori, ¡imagínense!-, pero está mal que lo haga en compañía de dos periodistas respetables.
Patricia, Augusto: ¿pueden ustedes hacer algo? Los estamos viendo y escuchando
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