El conversatorio de intelectuales de derecha realizado en Caracas, en el que ha brillado Mario Vargas Llosa y ha asomado su silueta de polemista hirsuto y huidizo el señor Hugo Chávez, ha sido auspiciado por el Cato Institute. Eso lo explica todo.
El Cato Institute es una organización privada de la que emana una de las corrientes más reaccionarias de la derecha “académica” estadounidense.
Cuando digo derecha “académica” hablo de ese espejismo que pretende mostrar como científico lo que es ideológico y como próximo a la filosofía lo que es vulgar propaganda ultraconservadora.
En la construcción de esas fortalezas de cartón ha estado, desde el año 2000 por lo menos, el novelista Mario Vargas Llosa, considerado uno de los más aguerridos voceros del Cato Institute.
Como una escisión universitaria del abortado Partido Libertario, el Cato se fundó en 1977 en San Francisco. Su creador fue Edward Crane, quien contó con el apoyo financiero del conglomerado petroquímico Koch Industries.
Al principio fue una de esas tantas oenegés dedicadas a predicar la libertad sexual, los derechos de los homosexuales o la legalización de la marihuana.
Poco a poco, sin embargo, el Cato Institute fue perfilándose como un abastecedor disciplinado y constante de ideas para montar aquello que, en la época de Ronald Reagan, se llamaría “la revolución conservadora”.
De lo que se trataba, en el fondo, era de barrer con el New Deal de los años de Roosevelt. Y si para ello había que convertir el egoísmo en credo, la avaricia en motor social y la falta de compasión en una espantosa pero imprescindible necesidad, Cato Institute se puso manos a la obra.
Esta entidad fue clave en darle coartadas “liberales” al reaganismo más duro pregonando la privatización del sistema pensionario, la asistencia social y médica y la enseñanza. Logró bastante con Reagan y muchísimo con George W. Bush.
La “desregulación” fue la palabra clave que el Cato Institute soltó a los cuatro vientos. Dado que su casi anarquismo de derechas no era aceptable, la “desregulación” era bastante mejor que el Estado arbitral de Roosevelt.
Por eso es que hoy muchísimos estadounidenses enterados culpan al Cato Institute de haber colaborado decisivamente en la creación de esa economía plagada por el hampa bancaria y corporativa.
José Piñera, el fascista ex ministro de Trabajo de Pinochet, es una de las luminarias del Cato Institute. Autor de la privatización del régimen de pensiones en el Chile acuartelado de los 80, Piñera publicó recientemente, gracias a la imprenta del Cato, un libro delirantemente inmundo: “Una casa dividida: Cómo la violencia política destruyó la democracia en Chile”.
En el portal electrónico del Cato, entre los libros recomendados por la institución, se puede leer lo siguiente: “José Piñera, por fin, demuestra convincentemente que la remoción de Allende fue el resultado del rechazo de las instituciones chilenas a sus reiteradas violaciones a los procedimientos legales y a sus esfuerzos por instalar en Chile un sistema totalitario”.
Cato Institute llama “remoción de Allende” al bombardeo de La Moneda, la masacre de la democracia, la desaparición de más de tres mil chilenos y la instauración de ese fascismo que impuso, por el terror, el “régimen liberal” que Cato Institute dice defender.
En efecto, Milton Friedman, visitador y asesor de Pinochet, fue parte estelar del Cato Institute. Tan estelar, que el premio bianual del Cato Institute “a quien haya defendido la libertad” se llama, precisamente, “Premio Milton Friedman”.
Ese premio lo obtuvo en el año 2008 un venezolano de 24 años, autor de ningún libro, llamado Yon Goicochea. Su mérito fue llamar a la insurrección popular en contra del gobierno de Hugo Chávez y fundar la organización “Resistencia Estudiantil Venezolana”. El “programa” político de Yon Goicochea tiene dos vistosos pronunciamientos: el derrocamiento de Chávez y la legalización de la marihuana.
No es difícil deducir, entonces, que Cato Institute está decidido a librar una batalla abierta en contra del chavismo. Y es fácil suponer cuánto habrán disfrutado sus mentores con la torpe retención de hora y media de los Vargas Llosa en Maiquetía y la más torpe desconvocatoria de la polémica que ya había sido tácitamente aceptada. Y es que a Chávez lo aconsejan su propia estupidez y algunos estúpidos adjuntos.
Chávez, sin quererlo, ha trabajado para el Cato Institute, al que sirven tan amablemente los Vargas Llosa.
Ahora el Cato Institute, que estaba acribillado por las críticas dado su papel en los desmanes republicanos del periodo Bush junior, podrá inflar el pecho y obtener quizá bastante más de los veinte millones de dólares anuales que recibe de personas y corporaciones en los Estados Unidos.
Entre esos donantes están Philip Morris y Exxon-Mobil. Por pura coincidencia, Cato Institute está en contra de las leyes antitabaco y niega que el calentamiento global se haya producido por causa del hombre. Gale Norton, próxima al Cato, fue directora del Medio Ambiente de Bush hijo e ideóloga de la resistencia al Protocolo de Kyoto.
Desde 1998 está en el Consejo de Administración del Cato Institute el señor Rupert Murdoch, zar de la Fox y de una vasta cadena periodística dedicada a enaltecer a Cheney, defender a Rumsfeld y predicar el liberalismo salvaje como solución.
Entre los libros que Cato recomienda para llevarse a la cama a leer están, aparte del de Piñera, uno titulado “El poder y el delirio”, escrito por Enrique Krauze, presente en el foro de Caracas. El libro intenta ser una lapidación “liberal” de Hugo Chávez.
Otro libro que Cato encomia es “La transformación económica de Chile”, del ex ministro de Economía de Pinochet, Hernán Buchi. Y no podemos dejar de mencionar en este libro de lecturas inexorables (según Cato) uno que don Mario Vargas Llosa, de puro modesto, no ha publicitado.
Su título es “Elogio a un liberal: Homenaje a Revel”. Sus autores son José María Aznar y Mario Vargas Llosa. Sí, así: Aznar primero y Vargas Llosa después. Me dispongo a comprarlo de inmediato.
domingo, 31 de mayo de 2009
viernes, 29 de mayo de 2009
VARGAS LLOSA EN CARACAS (28/05/09)
Escuchar a Mario Vargas Llosa decir simplezas solemnes como las que acaba de decir en Caracas es como volver a los tiempos de la guerra fría.
Según Vargas Llosa el mundo se divide, pobremente, entre los que piensan como él (o sea los buenos) y los que piensan distinto (o sea los peligrosos).
Ahora bien, hay varios tipos de peligrosos. Están los peligrosos arqueológicos, que son los comunistas, y los peligrosos inofensivos, que son los socialdemócratas.
Sin embargo, para el pensamiento catatónico de don Mario hay un tercer tipo de peligrosos y estos son los peligrosos-peligrosos.
Los peligrosos-peligrosos son los que no han pasado por el comunismo ni han militado en la socialdemocracia y ni siquiera han querido participar de la política (candidateando a una presidencia, por ejemplo).
Pero esos peligrosos-peligrosos son los que piensan por su cuenta, los que el sistema no engríe sino hostiliza, los que las corporaciones no financian sino tratan de enlodar. Son, en suma, los intelectuales, esa categoría a la que perteneció, brillantemente, Mario Vargas Llosa.
Porque Mario fue el entusiasta castrista de los años 60, el autor de aquel discurso inolvidable leído al recibir el premio Rómulo Gallegos, el gran novelista que nos restregó la imagen del joven Javier Heraud muriendo en la selva.
Y no fue intelectual porque fuera de izquierda. Lo fue porque pensaba libremente y era soberano de su percepción.
Y como era un intelectual comprometido con la verdad y no con los dogmas, Vargas Llosa se fue distanciando de la revolución cubana a medida que la revolución cubana se fue haciendo hangar soviético y sucursal estalinista.
Fue más intelectual que nunca cuando, en 1968, se apartó para siempre de cualquier incondicionalidad censurando la salvaje invasión del llamado Pacto de Varsovia a tierras checoslovacas. Como se sabe, la URSS ejecutó ese zarpazo para impedir que Alexander Dubcek “suavizara” la dictadura checa y diera con ello el mal ejemplo que podía prender.
Quien escribe tenía 20 años cuando los tanques rusos entraron a Checoslovaquia. Todavía recuerdo la furia de los muchachos y muchachas que se enfrentaron, en las imágenes en blanco y negro de la época, a los blindados que tenían como misión aplastar “la primavera de Praga”. Recuerdo esa furia checa y eslovaca y recuerdo la mía, limpia como un relámpago: ¿Para esto se hacían las revoluciones? ¿Para aplastarlas con la soldadesca?
Mario siguió dando ejemplo de autonomía cuando, en 1971, rompió abiertamente con lo que quedaba de aquella original revolución barbuda liderada por Fidel.
Yo trabajaba en “Caretas” y recuerdo haberlo entrevistado por teléfono (de Lima a París) sobre el caso del poeta Heberto Padilla, obligado por Castro y sus secuaces a demolerse en público y a vomitar una confesión que parecía salida de los juicios de Moscú de los años 30.
Pero pasaron los años y Mario dejó de ser el hombre libre que vagaba por el mundo a su entender, el escritor que decía verdades de a puño, el intelectual distanciado del dinero y de los proveedores del poder.
Romper con el comunismo había sido una exigencia de la libertad. Transar con el establecimiento fue una interpretación de estirpe mexicana de la tarea del intelectual (aunque Octavio Paz, por ejemplo, se contaminó bastante menos con la telaraña del PRI).
Curiosamente, cuando Mario se amistó con el orden establecido por las corporaciones y perdió ese malestar que lo hacía escribir deicidamente para sustituir el mundo, fue, al mismo tiempo, cuando de su inmenso talento empezaron a salir los divertimentos editoriales y las performances que tanto alegraron a su nuevo y creciente público. Las risas producidas por “Pantaleón y las visitadoras” empezaron a cundir entre los que cortaban el jamón.
Su último gran libro genial (y brotado del desasosiego) fue “Conversación en la catedral”. A partir de allí, un Mario integrado al sistema global del poder decidió que pelear en contra de esa energía oscura no era sólo inútil sino también agotador y hasta suicida. Entre Chomsky y Camus, Vargas Llosa eligió a Gore Vidal y sus objeciones secundarias.
Escucharlo ahora, en plena crisis mundial, decir que el liberalismo sólo trae abundancia y justicia y que los países que han seguido esa receta son y serán los más prósperos (¿verdad Irlanda, no es cierto España, te acuerdas Islandia?) es como escuchar a un señor que tiene el físico de Vargas Llosa, el pasaporte de Vargas Llosa, el habla cantarina de Vargas Llosa pero que, de algún modo, usurpa al escritor, difama al combatiente libertario y anima y reconforta a sus enemigos.
Ir a Venezuela en estos días y redundar en las críticas que el caudillo procaz de esas tierras merece está muy bien, siempre y cuando no se vaya como plenipotenciario de aquellos valores que permitieron la criminal hegemonía invasiva de los Estados Unidos en América Latina. Censurar a Chávez y olvidar a Arbenz (y a Bosch y a Panamá y a Granada y al bloqueo cubano) no es lo que se espera de un hombre decente como Vargas Llosa.
Escuchar a Vargas Llosa como propagandista del capitalismo realmente existente produce, en suma, un agudo ataque de melancolía.
Según Vargas Llosa el mundo se divide, pobremente, entre los que piensan como él (o sea los buenos) y los que piensan distinto (o sea los peligrosos).
Ahora bien, hay varios tipos de peligrosos. Están los peligrosos arqueológicos, que son los comunistas, y los peligrosos inofensivos, que son los socialdemócratas.
Sin embargo, para el pensamiento catatónico de don Mario hay un tercer tipo de peligrosos y estos son los peligrosos-peligrosos.
Los peligrosos-peligrosos son los que no han pasado por el comunismo ni han militado en la socialdemocracia y ni siquiera han querido participar de la política (candidateando a una presidencia, por ejemplo).
Pero esos peligrosos-peligrosos son los que piensan por su cuenta, los que el sistema no engríe sino hostiliza, los que las corporaciones no financian sino tratan de enlodar. Son, en suma, los intelectuales, esa categoría a la que perteneció, brillantemente, Mario Vargas Llosa.
Porque Mario fue el entusiasta castrista de los años 60, el autor de aquel discurso inolvidable leído al recibir el premio Rómulo Gallegos, el gran novelista que nos restregó la imagen del joven Javier Heraud muriendo en la selva.
Y no fue intelectual porque fuera de izquierda. Lo fue porque pensaba libremente y era soberano de su percepción.
Y como era un intelectual comprometido con la verdad y no con los dogmas, Vargas Llosa se fue distanciando de la revolución cubana a medida que la revolución cubana se fue haciendo hangar soviético y sucursal estalinista.
Fue más intelectual que nunca cuando, en 1968, se apartó para siempre de cualquier incondicionalidad censurando la salvaje invasión del llamado Pacto de Varsovia a tierras checoslovacas. Como se sabe, la URSS ejecutó ese zarpazo para impedir que Alexander Dubcek “suavizara” la dictadura checa y diera con ello el mal ejemplo que podía prender.
Quien escribe tenía 20 años cuando los tanques rusos entraron a Checoslovaquia. Todavía recuerdo la furia de los muchachos y muchachas que se enfrentaron, en las imágenes en blanco y negro de la época, a los blindados que tenían como misión aplastar “la primavera de Praga”. Recuerdo esa furia checa y eslovaca y recuerdo la mía, limpia como un relámpago: ¿Para esto se hacían las revoluciones? ¿Para aplastarlas con la soldadesca?
Mario siguió dando ejemplo de autonomía cuando, en 1971, rompió abiertamente con lo que quedaba de aquella original revolución barbuda liderada por Fidel.
Yo trabajaba en “Caretas” y recuerdo haberlo entrevistado por teléfono (de Lima a París) sobre el caso del poeta Heberto Padilla, obligado por Castro y sus secuaces a demolerse en público y a vomitar una confesión que parecía salida de los juicios de Moscú de los años 30.
Pero pasaron los años y Mario dejó de ser el hombre libre que vagaba por el mundo a su entender, el escritor que decía verdades de a puño, el intelectual distanciado del dinero y de los proveedores del poder.
Romper con el comunismo había sido una exigencia de la libertad. Transar con el establecimiento fue una interpretación de estirpe mexicana de la tarea del intelectual (aunque Octavio Paz, por ejemplo, se contaminó bastante menos con la telaraña del PRI).
Curiosamente, cuando Mario se amistó con el orden establecido por las corporaciones y perdió ese malestar que lo hacía escribir deicidamente para sustituir el mundo, fue, al mismo tiempo, cuando de su inmenso talento empezaron a salir los divertimentos editoriales y las performances que tanto alegraron a su nuevo y creciente público. Las risas producidas por “Pantaleón y las visitadoras” empezaron a cundir entre los que cortaban el jamón.
Su último gran libro genial (y brotado del desasosiego) fue “Conversación en la catedral”. A partir de allí, un Mario integrado al sistema global del poder decidió que pelear en contra de esa energía oscura no era sólo inútil sino también agotador y hasta suicida. Entre Chomsky y Camus, Vargas Llosa eligió a Gore Vidal y sus objeciones secundarias.
Escucharlo ahora, en plena crisis mundial, decir que el liberalismo sólo trae abundancia y justicia y que los países que han seguido esa receta son y serán los más prósperos (¿verdad Irlanda, no es cierto España, te acuerdas Islandia?) es como escuchar a un señor que tiene el físico de Vargas Llosa, el pasaporte de Vargas Llosa, el habla cantarina de Vargas Llosa pero que, de algún modo, usurpa al escritor, difama al combatiente libertario y anima y reconforta a sus enemigos.
Ir a Venezuela en estos días y redundar en las críticas que el caudillo procaz de esas tierras merece está muy bien, siempre y cuando no se vaya como plenipotenciario de aquellos valores que permitieron la criminal hegemonía invasiva de los Estados Unidos en América Latina. Censurar a Chávez y olvidar a Arbenz (y a Bosch y a Panamá y a Granada y al bloqueo cubano) no es lo que se espera de un hombre decente como Vargas Llosa.
Escuchar a Vargas Llosa como propagandista del capitalismo realmente existente produce, en suma, un agudo ataque de melancolía.
miércoles, 27 de mayo de 2009
FRASES HIRIENTES (II) (Diario "La Primera" 27/05/09)
- Los ateos son los que le han puesto una cruz a Dios.
- El sueño secreto de muchas mujeres es que las traten con dureza.
- Aldo Miyashiro no quiere tocar a Magaly. Nadie en su sano juicio quiere tocar a Magaly.
- RPP se sintonizaba muy bien en la banda del Chino.
- Los gusanos más grandes están en La Gran Manzana.
- Vargas Llosa terminará escribiendo “Conservación en la catedral”.
- Ser gay consiste en asumir el pasivo.
- Los que dicen no tener sombra de dudas es que tampoco han sido iluminados.
- El perro del hortelano de García tiene un problema: mira el árbol pero no aprecia el bosque.
- El colegio “José Olaya” era un homenaje al ex director de “El Chino”.
- “¿Montevideo es una productora de televisión?” (Susy Díaz)
- Hay que ser muy canalla para decir que a Bugs Bunny le gustaban el palo y la zanahoria.
- “Aló Presidente”, el programa radial de Hugo Chávez, es el único petroaudio que se transmite en vivo.
- Los textos de Martín Tanaka siempre parecen un ensayo.
- Castañeda Lossio no es mala persona. Sólo es huachafo.
- “Por la razón o por la fuerza”. (Momón).
- Eso de “Corredor Segregado de Alta Capacidad” (COSAC), aparte de huachafo, parece la biografía de Nelson Mandela.
- Hugo Chávez es un billete de bolívar.
- De alguien tienen que ser las tierras de nadie.
- Beto Ortiz termina pagando el pato.
- Biografía marinera de Fujimori: del falso bacalao al auténtico choro.
- “El Apra siempre creyó que La Haya tenía la última palabra”. (Alberto Hidalgo)
- En el “templo” de la prensa hay quienes se ocultan detrás de las columnas.
- Con esta crisis, todos los dólares son falsos.
- “¡Que viva el roto Quesada!” (Armando Villanueva)
- Sonia Medina será enterrada en una caja municipal.
- El matrimonio es un permanente Hábeas Corpus.
- “Tengo que ir donde el gastroenterólogo. Tengo pedofilia”. (La amiga de todos)
- En Haití hasta los cabos sueltos conspiraban.
- “El show de los sueños” fue idea de Freud.
- Se tomó 20 miligramos de Fritz Du Bois y durmió catorce horas.
- “Lo que le falta a Keiko para ser igualita a su papá es el golpe”. (Mark)
- “En relación al Perú, Chile sigue la línea del Ecuador”. (M. Bachelet)
- En México han hallado el fósil de la honestidad.
- En Cuba la medicina ha avanzado tanto que el Estado te pone la banda gástrica con tratamiento ambulatorio.
- Yehude Simon dice que Chile nos provoca. Lo dice como si él fuera a responder.
- Los barristas de la “U” están reclamando a gritos un penal.
- “Esa CAN no sirve para nada”. (El perro del hortelano de García).
- La condesa Potocki acaba de renunciar a su apellido.
- “No hay nada peor que el tabaco”. (La Marihuana)
- Nada produce más dicha que un ataque de amnesia.
- Los dólares son también viejos verdes.
- “¿Qué hacer con los periódicos viejos?” (Reportaje de “El Comercio”)
- Los peruanos no deberíamos preocuparnos tanto por los F-16 chilenos. Total, la última vez que la FACH entró en acción fue para bombardear el palacio presidencial.
- El drama de Bayly es una pieza de ficción.
- Keiko no es naranja. Es una mandarina.
- Las guerras son el orgasmo de la muerte.
- No me explico cómo es que en Corea del Norte le han permitido al uranio enriquecerse.
- El sueño secreto de muchas mujeres es que las traten con dureza.
- Aldo Miyashiro no quiere tocar a Magaly. Nadie en su sano juicio quiere tocar a Magaly.
- RPP se sintonizaba muy bien en la banda del Chino.
- Los gusanos más grandes están en La Gran Manzana.
- Vargas Llosa terminará escribiendo “Conservación en la catedral”.
- Ser gay consiste en asumir el pasivo.
- Los que dicen no tener sombra de dudas es que tampoco han sido iluminados.
- El perro del hortelano de García tiene un problema: mira el árbol pero no aprecia el bosque.
- El colegio “José Olaya” era un homenaje al ex director de “El Chino”.
- “¿Montevideo es una productora de televisión?” (Susy Díaz)
- Hay que ser muy canalla para decir que a Bugs Bunny le gustaban el palo y la zanahoria.
- “Aló Presidente”, el programa radial de Hugo Chávez, es el único petroaudio que se transmite en vivo.
- Los textos de Martín Tanaka siempre parecen un ensayo.
- Castañeda Lossio no es mala persona. Sólo es huachafo.
- “Por la razón o por la fuerza”. (Momón).
- Eso de “Corredor Segregado de Alta Capacidad” (COSAC), aparte de huachafo, parece la biografía de Nelson Mandela.
- Hugo Chávez es un billete de bolívar.
- De alguien tienen que ser las tierras de nadie.
- Beto Ortiz termina pagando el pato.
- Biografía marinera de Fujimori: del falso bacalao al auténtico choro.
- “El Apra siempre creyó que La Haya tenía la última palabra”. (Alberto Hidalgo)
- En el “templo” de la prensa hay quienes se ocultan detrás de las columnas.
- Con esta crisis, todos los dólares son falsos.
- “¡Que viva el roto Quesada!” (Armando Villanueva)
- Sonia Medina será enterrada en una caja municipal.
- El matrimonio es un permanente Hábeas Corpus.
- “Tengo que ir donde el gastroenterólogo. Tengo pedofilia”. (La amiga de todos)
- En Haití hasta los cabos sueltos conspiraban.
- “El show de los sueños” fue idea de Freud.
- Se tomó 20 miligramos de Fritz Du Bois y durmió catorce horas.
- “Lo que le falta a Keiko para ser igualita a su papá es el golpe”. (Mark)
- “En relación al Perú, Chile sigue la línea del Ecuador”. (M. Bachelet)
- En México han hallado el fósil de la honestidad.
- En Cuba la medicina ha avanzado tanto que el Estado te pone la banda gástrica con tratamiento ambulatorio.
- Yehude Simon dice que Chile nos provoca. Lo dice como si él fuera a responder.
- Los barristas de la “U” están reclamando a gritos un penal.
- “Esa CAN no sirve para nada”. (El perro del hortelano de García).
- La condesa Potocki acaba de renunciar a su apellido.
- “No hay nada peor que el tabaco”. (La Marihuana)
- Nada produce más dicha que un ataque de amnesia.
- Los dólares son también viejos verdes.
- “¿Qué hacer con los periódicos viejos?” (Reportaje de “El Comercio”)
- Los peruanos no deberíamos preocuparnos tanto por los F-16 chilenos. Total, la última vez que la FACH entró en acción fue para bombardear el palacio presidencial.
- El drama de Bayly es una pieza de ficción.
- Keiko no es naranja. Es una mandarina.
- Las guerras son el orgasmo de la muerte.
- No me explico cómo es que en Corea del Norte le han permitido al uranio enriquecerse.
martes, 26 de mayo de 2009
FRASES HIRIENTES (Diario "La Primera" 26/05/09)
- “Caminante: no hay camino, se hace camino al robar”. (Antonio Manchado, poeta porteño)
- “Con esta gambeta, nadie nos detiene”. (Jugador del Total Chalaco)
- Entre el Sida de la derecha que no aprende y el cáncer de la corrupción a lo García me quedo con “Cien años de soledad”.
- Baudelaire se equivocó: todos los paraísos son artificiales.
- La monarquía yacerá en una tumba real.
- Al padre Cutié ya le ofrecieron un rol en Miami Vice.
- “Sin agua no hay democracia”. (Los pirañitas)
- San Lucas es un escritor de culto.
- Lo que entrega la novia antes de la boda es un adelanto de legítima.
- El amor debería venir con preservantes.
- Chichi demostró que desde una ventana de oportunidad uno también puede lanzarse.
- El producto interno bruto más frecuente es el cáncer.
- Obama corre el riesgo de terminar como esclavo del sistema.
- Eso de llamarlas toallas higiénicas es algo relativo.
- El Parque de las Leyendas será administrado por un famoso caricaturista. Es que él sabe cuánto cuesta cada mono.
- Muchos de los que se entregaron a Dios nunca debieron ser devueltos.
- Fujimori también es uruguayo. Por aquello de la banda oriental del río de la plata.
- Con “Claro” los teléfonos de Indecopi suenan ocupados.
- Las colas inglesas también son coloradas.
- La memoria suele ser un museo de la mentira.
- Stalin sembró al hombre nuevo en fosas comunes.
- Israel terminará lamentándose en un muro.
- A Chávez todas las cuentas se le cuadran.
- Los matrimonios prolongados son mutuos secuestros.
- Las tetas de silicona entusiasman a los consoladores.
- El cociente intelectual peruano es medido a diario por Ibope.
- La fiebre porcina no atacará a ningún fujimorista. Es un asunto de principios.
- Los neuróticos quieren llamar la tensión.
- Lo peor de la envidia del pene es que no tiene remedio.
- Los pezones tienen aspecto de promesa.
- Las plumas pagadas son las que peor escriben de los indios selváticos.
- Hay críticos de cine que piensan en 8 milímetros.
- La verdadera peste es la de la influencia porcina.
- El que siempre termina cediendo a las presiones es el corazón.
- Para ciertos personajes luchar de veras contra la corrupción implicaría suicidarse.
- Se visten de naranja porque le piensan sacar el jugo al tesoro público.
- Lo que más le gustaba a Lugo era la Confirmación.
- El divorcio es como una segunda vuelta.
- La Franja de Gaza es el campo de concentración más grande de la historia.
- El problema de los chilenos es el norte magnético.
- La crisis económica siempre es un ajuste de cuentas.
- Cuando Van Gogh arrancó esa oreja se hizo precursor del cubismo.
- El primer TLC de América lo firmó Malinche.
- Hablando del carácter, la mitad de los peruanos descienden de Felipillo.
- “Yo ya estoy vacunado contra las mentiras”. (El perro del hortelano)
- “Con esta gambeta, nadie nos detiene”. (Jugador del Total Chalaco)
- Entre el Sida de la derecha que no aprende y el cáncer de la corrupción a lo García me quedo con “Cien años de soledad”.
- Baudelaire se equivocó: todos los paraísos son artificiales.
- La monarquía yacerá en una tumba real.
- Al padre Cutié ya le ofrecieron un rol en Miami Vice.
- “Sin agua no hay democracia”. (Los pirañitas)
- San Lucas es un escritor de culto.
- Lo que entrega la novia antes de la boda es un adelanto de legítima.
- El amor debería venir con preservantes.
- Chichi demostró que desde una ventana de oportunidad uno también puede lanzarse.
- El producto interno bruto más frecuente es el cáncer.
- Obama corre el riesgo de terminar como esclavo del sistema.
- Eso de llamarlas toallas higiénicas es algo relativo.
- El Parque de las Leyendas será administrado por un famoso caricaturista. Es que él sabe cuánto cuesta cada mono.
- Muchos de los que se entregaron a Dios nunca debieron ser devueltos.
- Fujimori también es uruguayo. Por aquello de la banda oriental del río de la plata.
- Con “Claro” los teléfonos de Indecopi suenan ocupados.
- Las colas inglesas también son coloradas.
- La memoria suele ser un museo de la mentira.
- Stalin sembró al hombre nuevo en fosas comunes.
- Israel terminará lamentándose en un muro.
- A Chávez todas las cuentas se le cuadran.
- Los matrimonios prolongados son mutuos secuestros.
- Las tetas de silicona entusiasman a los consoladores.
- El cociente intelectual peruano es medido a diario por Ibope.
- La fiebre porcina no atacará a ningún fujimorista. Es un asunto de principios.
- Los neuróticos quieren llamar la tensión.
- Lo peor de la envidia del pene es que no tiene remedio.
- Los pezones tienen aspecto de promesa.
- Las plumas pagadas son las que peor escriben de los indios selváticos.
- Hay críticos de cine que piensan en 8 milímetros.
- La verdadera peste es la de la influencia porcina.
- El que siempre termina cediendo a las presiones es el corazón.
- Para ciertos personajes luchar de veras contra la corrupción implicaría suicidarse.
- Se visten de naranja porque le piensan sacar el jugo al tesoro público.
- Lo que más le gustaba a Lugo era la Confirmación.
- El divorcio es como una segunda vuelta.
- La Franja de Gaza es el campo de concentración más grande de la historia.
- El problema de los chilenos es el norte magnético.
- La crisis económica siempre es un ajuste de cuentas.
- Cuando Van Gogh arrancó esa oreja se hizo precursor del cubismo.
- El primer TLC de América lo firmó Malinche.
- Hablando del carácter, la mitad de los peruanos descienden de Felipillo.
- “Yo ya estoy vacunado contra las mentiras”. (El perro del hortelano)
martes, 19 de mayo de 2009
LA GRAN PRUEBA DE OBAMA (Diario "La Primera" 19/05/09)
Ahora se sabe, gracias a la publicación GQ Magazine, que ese bruto fascista llamado Donald Rumsfeld usaba textos bíblicos para apuntalar algunos informes secretos elaborados por el ministerio de Defensa bajo su mando.
En uno de esos informes se puso la foto de una formación de blindados estadounidenses entrando a Bagdad, en los comienzos de la segunda invasión de Irak, con un entrecomillado de origen “divino” salido del Antiguo Testamento:
“Abran las puertas para que pueda entrar la nación justa, la que permanece fiel”.
O sea que Rumsfeld no sólo era un asesino insaciable sino un psicópata poseído por ese Dios expansivo y ruidosamente aéreo que ordena matar en Islamabad, Kabul, Bagdad.
Añadamos a esos rasgos de místico del fósforo blanco, de devoto de las bombas de racimo, el de la huachafería. Porque sólo a un huachafo en busca de inmortalidad se le puede ocurrir poner al lado de un tanque “patriota” esta cita caída del cielo:
“Por tanto, tomen toda la armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, permanecer firmes...”
Este Rumsfeld no era una caricatura sino la fiel expresión del imperialismo hirsuto y panameño que George Bush hijo impuso como política mundial.
El problema es que esos puchos bushianos siguen humeando en los ceniceros de la Casa Blanca.
Ayer, por ejemplo, el señor Obama no ha logrado que el señor Netanyahu, primer ministro israelí, diga la frase “dos Estados” para referirse al destino de israelíes y palestinos.
Y es que Netanyahu, que tiene como ministro de relaciones exteriores a un enfermo mental que propuso desaparecer con bombas nucleares la Franja de Gaza, no acepta por ahora la posibilidad de un Estado palestino. Eso implicaría cuotas de soberanía que Israel, secuestrador crónico de territorios y poblaciones palestinas, no está dispuesto a conceder.
Y esa será la prueba del sapito para el señor Obama.
La reunión de ayer, en Washington, empezó con los peores augurios para los intereses del pueblo palestino.
A la hora en que Obama recibió a Netanyahu, Washington ya estaba enterado de que Israel, burlándose de todos los acuerdos firmados y por firmar, ha comenzado a construir un nuevo asentamiento al norte de Cisjordania: veinte lotes de viviendas que ya se licitaron y que expresan la brutal política de hechos consumados del sionismo en armas.
¿Hablaron de eso Obama y Netanyahu?
Parece que no.
¿Hablaron del muro que hasta el Papa ha tenido que condenar, el muro carcelario con el que Israel pretende capturar sin remedio tierras que debió devolver hace 40 años?
¿Hablaron de Liberman –el segundo de Netanyahu- y sus planes de fusilar a los israelíes de origen árabe que no juren fidelidad incondicional a los planes del ejército judío?
¿Hablaron de la campaña de continuar destruyendo viviendas árabes en la Jerusalén que Israel tomó y mantiene como botín desde l967?
No se sabe.
Lo que se sabe es que Netanyahu se negó a hablar de “dos Estados” y apenas aludió “al derecho palestino de gobernarse”. Es decir, a la farsa siniestra de la llamada Autoridad Palestina, carente de toda autoridad, de toda autonomía y de toda dignidad.
Israel quiere mantener “el gobierno palestino” de Ramala. Aquel que encabezó Arafat y cuya sede fue demolida, con obuses y maquinaria pesada, por orden de Ariel Sharon y con Arafat y sus funcionarios adentro. Esa imagen de Arafat emergido de los escombros, patético en su furia, inolvidable en su impotencia, es la que Israel quiere mantener como emblema del destino del pueblo que sojuzga.
La derecha israelí sigue pensando que los palestinos carecen de condición humana y aspira a que el gobierno de Obama le dé la misma luz verde que tuvo con Bush y Rumsfeld para sus atrocidades.
Esta es la gran prueba para Obama. Aquí veremos si su administración pretende distinguirse o no de la banda criminal que infectó la Casa Blanca hasta hace algunos meses.
Israel pretende hacernos creer que el gran problema del mundo es Irán. Los excesos verbales de la dirigencia iraní, sus matonadas fundamentalistas, son, por supuesto, algo estúpido y condenable.
Pero los crímenes de guerra y el terrorismo de Estado que practica esa potencia atómica clandestina llamada Israel, ¿seguirán teniendo patente de corso? Sólo Obama lo sabe. Pronto lo sabremos todos.
En uno de esos informes se puso la foto de una formación de blindados estadounidenses entrando a Bagdad, en los comienzos de la segunda invasión de Irak, con un entrecomillado de origen “divino” salido del Antiguo Testamento:
“Abran las puertas para que pueda entrar la nación justa, la que permanece fiel”.
O sea que Rumsfeld no sólo era un asesino insaciable sino un psicópata poseído por ese Dios expansivo y ruidosamente aéreo que ordena matar en Islamabad, Kabul, Bagdad.
Añadamos a esos rasgos de místico del fósforo blanco, de devoto de las bombas de racimo, el de la huachafería. Porque sólo a un huachafo en busca de inmortalidad se le puede ocurrir poner al lado de un tanque “patriota” esta cita caída del cielo:
“Por tanto, tomen toda la armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, permanecer firmes...”
Este Rumsfeld no era una caricatura sino la fiel expresión del imperialismo hirsuto y panameño que George Bush hijo impuso como política mundial.
El problema es que esos puchos bushianos siguen humeando en los ceniceros de la Casa Blanca.
Ayer, por ejemplo, el señor Obama no ha logrado que el señor Netanyahu, primer ministro israelí, diga la frase “dos Estados” para referirse al destino de israelíes y palestinos.
Y es que Netanyahu, que tiene como ministro de relaciones exteriores a un enfermo mental que propuso desaparecer con bombas nucleares la Franja de Gaza, no acepta por ahora la posibilidad de un Estado palestino. Eso implicaría cuotas de soberanía que Israel, secuestrador crónico de territorios y poblaciones palestinas, no está dispuesto a conceder.
Y esa será la prueba del sapito para el señor Obama.
La reunión de ayer, en Washington, empezó con los peores augurios para los intereses del pueblo palestino.
A la hora en que Obama recibió a Netanyahu, Washington ya estaba enterado de que Israel, burlándose de todos los acuerdos firmados y por firmar, ha comenzado a construir un nuevo asentamiento al norte de Cisjordania: veinte lotes de viviendas que ya se licitaron y que expresan la brutal política de hechos consumados del sionismo en armas.
¿Hablaron de eso Obama y Netanyahu?
Parece que no.
¿Hablaron del muro que hasta el Papa ha tenido que condenar, el muro carcelario con el que Israel pretende capturar sin remedio tierras que debió devolver hace 40 años?
¿Hablaron de Liberman –el segundo de Netanyahu- y sus planes de fusilar a los israelíes de origen árabe que no juren fidelidad incondicional a los planes del ejército judío?
¿Hablaron de la campaña de continuar destruyendo viviendas árabes en la Jerusalén que Israel tomó y mantiene como botín desde l967?
No se sabe.
Lo que se sabe es que Netanyahu se negó a hablar de “dos Estados” y apenas aludió “al derecho palestino de gobernarse”. Es decir, a la farsa siniestra de la llamada Autoridad Palestina, carente de toda autoridad, de toda autonomía y de toda dignidad.
Israel quiere mantener “el gobierno palestino” de Ramala. Aquel que encabezó Arafat y cuya sede fue demolida, con obuses y maquinaria pesada, por orden de Ariel Sharon y con Arafat y sus funcionarios adentro. Esa imagen de Arafat emergido de los escombros, patético en su furia, inolvidable en su impotencia, es la que Israel quiere mantener como emblema del destino del pueblo que sojuzga.
La derecha israelí sigue pensando que los palestinos carecen de condición humana y aspira a que el gobierno de Obama le dé la misma luz verde que tuvo con Bush y Rumsfeld para sus atrocidades.
Esta es la gran prueba para Obama. Aquí veremos si su administración pretende distinguirse o no de la banda criminal que infectó la Casa Blanca hasta hace algunos meses.
Israel pretende hacernos creer que el gran problema del mundo es Irán. Los excesos verbales de la dirigencia iraní, sus matonadas fundamentalistas, son, por supuesto, algo estúpido y condenable.
Pero los crímenes de guerra y el terrorismo de Estado que practica esa potencia atómica clandestina llamada Israel, ¿seguirán teniendo patente de corso? Sólo Obama lo sabe. Pronto lo sabremos todos.
domingo, 17 de mayo de 2009
DE LA SELVA SU CÓLERA (Diario "La Primera" 16/05/09)
La selva tiene razón. Algunos de los métodos de la Aidesep pueden cuestionarse, pero nadie puede objetar seriamente la legitimidad de los reclamos de las ocho regiones y las 65 bases indígenas que están pidiendo el cumplimiento de las leyes vigentes y de los acuerdos que se adoptaron -para el gobierno- sólo en apariencia.
El gobierno de García ha querido burlarse de la selva y avasallar a sus poblaciones.
Como el señor García ignora la historia del Perú de un modo que podría llamarse exhaustivo, cree que vender los bosques y las cochas es algo novedoso.
No, hombre: pregúntele a algún aprista que no pertenezca al círculo del saqueo qué pasó en la selva en las primeras décadas del siglo XX.
La región más extensa y más olvidada del Perú ya sabe qué es eso de “poner en valor” sus tierras: al final, el valor se va a la casa matriz y las tierras, envenenadas o exhaustas, son las que pagan el pato.
García cree que el perro del hortelano es su peor enemigo. Y llama perro del hortelano a quien se oponga a sus planes de vendeselva.
Y sale a decir que las riquezas del Perú son de los peruanos. Habría que preguntarle, entonces, por qué la tajada inmensa de la torta se la llevan estadounidenses, canadienses o chinos.
Y manda al fantasmagórico Simon a decir que los selváticos son dueños del suelo pero no del subsuelo.
Habría que cavar en el jardín de Simon para ver si hay allí petróleo.
Porque Simon es también dueño del suelo por el que discurre para sobrevivir políticamente.
En el fondo de la polémica está el asunto del “modelo brasileño”, que García quiere imitar como si el Perú tuviese el tamaño de ese gigante idiota que siembra maíz y soya para hacer etanol mientras explora en la jungla para encontrar petróleo.
Brasil puede experimentar con una extensión del tamaño del Perú entero. Es su derecho al suicidio ambiental. Pero el perverso modelo de destinar el cultivo de alimentos a elaborar combustible no debería ser el nuestro.
Como no debería ser tampoco nuestro modelo meter a las petroleras donde sea y a como dé lugar. Ni conceder por cincuenta años millones de hectáreas a madereros forasteros sin ningún otro interés que no sea el beneficio pronto y desmedido.
Y es que el otro asunto de fondo en este debate distorsionado por los gritos y las furias, es el modelo de desarrollo que queremos para esa región.
Para el señor García, ese modelo no está en discusión. Ni siquiera la aterradora crisis global lo ha puesto en discusión. El súbdito García piensa que sólo el perro del hortelano es renuente a aceptar esa verdad ecuménica.
Pero el señor García se equivoca. En los libros que él no lee, en los blogs que no visita, en las cabezas que no consulta y entre los disconformes que le apestan asoma, cada vez más vigorosa, la idea de que el modelo que imitamos es inviable en el largo plazo, antiagrícola y anticomunitario en el corto e injusto de modo permanente.
¿Qué queremos para la selva? ¿Varios Cerros de Pasco? ¿Un archipiélago de Oroyas? ¿Una legión de Pluspetrol? ¿Ríos de gasolina? ¿Cientos de campamentos de exploradores petrolíferos, con sus respectivos Forzas y sus respectivas putas nómadas?
¿Qué hacemos con este pulmón sobreviviente del planeta, que nos pertenece desde un punto de vista geográfico y administrativo pero que, en realidad, es un asunto que le concierne a todos los terrícolas? ¿Ponemos a Rómulo León y al doctor Químper a venderlo por lotes?
En todo caso, digamos que hay terreno amplio para el debate.
Aceptemos que el ambientalismo radical debe de hacer concesiones al pragmatismo.
Pero aquí no ha habido debate sino puñalada.
García se burló de la OIT y aprovechó facultades especiales para legislar, en contra de la Constitución por lo menos en seis casos, sobre el modelo de desarrollo que él, vendedor civilista, cree que debe ser el único a aplicarse.
La selva le advirtió que eso estaba mal.
En mi programa de Canal 11 el señor Pizango dijo hace dos domingos que el gobierno se burlaba con esas mesas de diálogo y esos decretos monologantes.
Y no le hicieron caso.
Ha hecho bien el señor Pizango en deponer su llamado a la insurgencia. Ante un gobierno legicida no cabe una oposición sediciosa.
Que ahora venga el diálogo. Y que García entienda que el Perú no es su chacra ni su piso en París ni las cuentas de Mantilla ni el fideicomiso en Suiza. El señor García está de paso. La selva, no.
El gobierno de García ha querido burlarse de la selva y avasallar a sus poblaciones.
Como el señor García ignora la historia del Perú de un modo que podría llamarse exhaustivo, cree que vender los bosques y las cochas es algo novedoso.
No, hombre: pregúntele a algún aprista que no pertenezca al círculo del saqueo qué pasó en la selva en las primeras décadas del siglo XX.
La región más extensa y más olvidada del Perú ya sabe qué es eso de “poner en valor” sus tierras: al final, el valor se va a la casa matriz y las tierras, envenenadas o exhaustas, son las que pagan el pato.
García cree que el perro del hortelano es su peor enemigo. Y llama perro del hortelano a quien se oponga a sus planes de vendeselva.
Y sale a decir que las riquezas del Perú son de los peruanos. Habría que preguntarle, entonces, por qué la tajada inmensa de la torta se la llevan estadounidenses, canadienses o chinos.
Y manda al fantasmagórico Simon a decir que los selváticos son dueños del suelo pero no del subsuelo.
Habría que cavar en el jardín de Simon para ver si hay allí petróleo.
Porque Simon es también dueño del suelo por el que discurre para sobrevivir políticamente.
En el fondo de la polémica está el asunto del “modelo brasileño”, que García quiere imitar como si el Perú tuviese el tamaño de ese gigante idiota que siembra maíz y soya para hacer etanol mientras explora en la jungla para encontrar petróleo.
Brasil puede experimentar con una extensión del tamaño del Perú entero. Es su derecho al suicidio ambiental. Pero el perverso modelo de destinar el cultivo de alimentos a elaborar combustible no debería ser el nuestro.
Como no debería ser tampoco nuestro modelo meter a las petroleras donde sea y a como dé lugar. Ni conceder por cincuenta años millones de hectáreas a madereros forasteros sin ningún otro interés que no sea el beneficio pronto y desmedido.
Y es que el otro asunto de fondo en este debate distorsionado por los gritos y las furias, es el modelo de desarrollo que queremos para esa región.
Para el señor García, ese modelo no está en discusión. Ni siquiera la aterradora crisis global lo ha puesto en discusión. El súbdito García piensa que sólo el perro del hortelano es renuente a aceptar esa verdad ecuménica.
Pero el señor García se equivoca. En los libros que él no lee, en los blogs que no visita, en las cabezas que no consulta y entre los disconformes que le apestan asoma, cada vez más vigorosa, la idea de que el modelo que imitamos es inviable en el largo plazo, antiagrícola y anticomunitario en el corto e injusto de modo permanente.
¿Qué queremos para la selva? ¿Varios Cerros de Pasco? ¿Un archipiélago de Oroyas? ¿Una legión de Pluspetrol? ¿Ríos de gasolina? ¿Cientos de campamentos de exploradores petrolíferos, con sus respectivos Forzas y sus respectivas putas nómadas?
¿Qué hacemos con este pulmón sobreviviente del planeta, que nos pertenece desde un punto de vista geográfico y administrativo pero que, en realidad, es un asunto que le concierne a todos los terrícolas? ¿Ponemos a Rómulo León y al doctor Químper a venderlo por lotes?
En todo caso, digamos que hay terreno amplio para el debate.
Aceptemos que el ambientalismo radical debe de hacer concesiones al pragmatismo.
Pero aquí no ha habido debate sino puñalada.
García se burló de la OIT y aprovechó facultades especiales para legislar, en contra de la Constitución por lo menos en seis casos, sobre el modelo de desarrollo que él, vendedor civilista, cree que debe ser el único a aplicarse.
La selva le advirtió que eso estaba mal.
En mi programa de Canal 11 el señor Pizango dijo hace dos domingos que el gobierno se burlaba con esas mesas de diálogo y esos decretos monologantes.
Y no le hicieron caso.
Ha hecho bien el señor Pizango en deponer su llamado a la insurgencia. Ante un gobierno legicida no cabe una oposición sediciosa.
Que ahora venga el diálogo. Y que García entienda que el Perú no es su chacra ni su piso en París ni las cuentas de Mantilla ni el fideicomiso en Suiza. El señor García está de paso. La selva, no.
sábado, 16 de mayo de 2009
SUSURROS DE SOCIEDAD (Diario "La Primera" 16/05/09)
En la casa de Gabriela Chávez Bonifaz, especie de guardaespaldas mediática de Alex Kouri y consejera de Salvador Heresi Chicoma, se realizó hace unos días la despedida de don Rafael Rey, flamante embajador del Perú en Roma por decisión de Su Excelencia Dr. Alan García, el esposo de la señora Pilar Nores, la Primera Dama que, según palabras del presidente de la República, “no recibe sueldo de nadie” y, al mismo tiempo, “viaja con su propio peculio” (aporte al realismo mágico que algún día será reconocido).
En fin, en el animado cóctel estuvieron personalidades de lo más influyentes en el mundo de la prensa, el lobismo con y sin caperucita, el editorial por encargo, la difamación delivery, el sobasoba con RUC, la custodia de valores, la cornucopia y afines, el canje y la viceversa y, en suma, el negocio de defender el sistema y el sistema de defender el negocio.
Estuvo parte de la crema y nata del poder prensil, aunque también hubo periodistas de verdad. Uno de estos fue Juan Carlos Tafur, que se tomó una simpática foto con Laura Cáceres, propietaria de la empresa ADN, especializada en investigar el genoma de la figuración. Otro de los auténticos fue Mario Ghibellini, quien, disfrazado de senador romano en tiempos de Constantino, demostró que el talento puede ser compasivo, la inteligencia democrática y el peluquero un sujeto de alta peligrosidad.
Lourdes Alcorta, por ejemplo, se vistió de rosado no sanguíneo y llegó hasta sonreír y batió su propia marca de permanencia en la cordura llegando a las épicas dos horas, treinta y dos minutos y catorce segundos.
Entre los variados otros estuvo Baruch Ivcher, luciendo su mejor traje de tarde-noche y la sincera expresión de víctima profesional (ahora de la Sunat) que lo caracteriza. Se diría que en ese rostro lagrimea siempre el errante trovador que se detuvo en Lima para mejorar la cultura de la ciudad, la televisión nacional y el castellano universal.
Bueno, también estuvo Jack Levy, quien solicitó a la anfitriona poner en el volumen más alto que se pudiera “La sinfonía del nuevo mundo”, de Anton Dvorak, música que le trae maravillosos recuerdos. La escuchó pegado al aparato y sentado en el mejor banco que pudieron encontrarle. Se comenta que Spielberg estaría interesado en el guión de “La lista de Levy”, preparado por Uri Ben Schmuel, también presente en el ágape.
Martín Pérez, emparentado con los Baertl y mandamás de CPN Radio, bebió con la moderación de siempre mientras que Juan Paredes Castro, heredero absoluto de Alfonso Baella Tuesta, se hizo visible para las fotos.
Martín Bustamante, cuya obra narrativa permanecerá inédita por inexplicable decisión del propio autor, sostuvo que el error de Kafka fue no invertir el proceso de Gregorio Samsa mientras daba cuenta de unos canapés.
Aurelio Pastor, por su parte, tuvo una conversación especial con Verónica Becerra, la que fuera relacionista pública de Yanacocha y brindara a diversos medios los datos más concretos y veraces en relación con el derrame de mercurio y la asonada izquierdista que pretendió paralizar el yacimiento. Pastor, que es todo menos alemán, demostró la esplendidez de su alegría y no dijo nada, por supuesto, de las próximas elecciones internas del Apra.
Rafael Rey, el despedido, conversó con cada uno de los invitados y habló de los dos años de Roma que habrá de disfrutar y de lo que eso significa como coronación de una carrera dedicada a servir a Dios, a Vargas Llosa, a Fujimori y a García.
Mostró tanto entusiasmo respecto de su destino diplomático que, si su castidad no fuera una certeza absoluta, algún mal pensado podría haber pensado que hablaba de Betty di Roma.
Todo fue inolvidable.
En fin, en el animado cóctel estuvieron personalidades de lo más influyentes en el mundo de la prensa, el lobismo con y sin caperucita, el editorial por encargo, la difamación delivery, el sobasoba con RUC, la custodia de valores, la cornucopia y afines, el canje y la viceversa y, en suma, el negocio de defender el sistema y el sistema de defender el negocio.
Estuvo parte de la crema y nata del poder prensil, aunque también hubo periodistas de verdad. Uno de estos fue Juan Carlos Tafur, que se tomó una simpática foto con Laura Cáceres, propietaria de la empresa ADN, especializada en investigar el genoma de la figuración. Otro de los auténticos fue Mario Ghibellini, quien, disfrazado de senador romano en tiempos de Constantino, demostró que el talento puede ser compasivo, la inteligencia democrática y el peluquero un sujeto de alta peligrosidad.
Lourdes Alcorta, por ejemplo, se vistió de rosado no sanguíneo y llegó hasta sonreír y batió su propia marca de permanencia en la cordura llegando a las épicas dos horas, treinta y dos minutos y catorce segundos.
Entre los variados otros estuvo Baruch Ivcher, luciendo su mejor traje de tarde-noche y la sincera expresión de víctima profesional (ahora de la Sunat) que lo caracteriza. Se diría que en ese rostro lagrimea siempre el errante trovador que se detuvo en Lima para mejorar la cultura de la ciudad, la televisión nacional y el castellano universal.
Bueno, también estuvo Jack Levy, quien solicitó a la anfitriona poner en el volumen más alto que se pudiera “La sinfonía del nuevo mundo”, de Anton Dvorak, música que le trae maravillosos recuerdos. La escuchó pegado al aparato y sentado en el mejor banco que pudieron encontrarle. Se comenta que Spielberg estaría interesado en el guión de “La lista de Levy”, preparado por Uri Ben Schmuel, también presente en el ágape.
Martín Pérez, emparentado con los Baertl y mandamás de CPN Radio, bebió con la moderación de siempre mientras que Juan Paredes Castro, heredero absoluto de Alfonso Baella Tuesta, se hizo visible para las fotos.
Martín Bustamante, cuya obra narrativa permanecerá inédita por inexplicable decisión del propio autor, sostuvo que el error de Kafka fue no invertir el proceso de Gregorio Samsa mientras daba cuenta de unos canapés.
Aurelio Pastor, por su parte, tuvo una conversación especial con Verónica Becerra, la que fuera relacionista pública de Yanacocha y brindara a diversos medios los datos más concretos y veraces en relación con el derrame de mercurio y la asonada izquierdista que pretendió paralizar el yacimiento. Pastor, que es todo menos alemán, demostró la esplendidez de su alegría y no dijo nada, por supuesto, de las próximas elecciones internas del Apra.
Rafael Rey, el despedido, conversó con cada uno de los invitados y habló de los dos años de Roma que habrá de disfrutar y de lo que eso significa como coronación de una carrera dedicada a servir a Dios, a Vargas Llosa, a Fujimori y a García.
Mostró tanto entusiasmo respecto de su destino diplomático que, si su castidad no fuera una certeza absoluta, algún mal pensado podría haber pensado que hablaba de Betty di Roma.
Todo fue inolvidable.
viernes, 15 de mayo de 2009
¿VENEZUELA DEMOCRÁTICA? (Diario "La Primera" 15/05/09)
Un grupo de peruanos, algunos renombrados y hasta ilustres, ha firmado ayer un comunicado público en el que saludan el gesto del gobierno del Perú al asilar al señor Manuel Rosales, expresan su preocupación por las libertades en Venezuela y anuncian la fundación de un Foro de Apoyo a la Democracia en Venezuela.
Entre los firmantes hay gente de solera democrática y algunos personajes más bien pintorescos.
A mí no me van a decir que al señor Enrique Ghersi, el vencedor de don Felipe Tudela y Barreda, lo desvelan los excesos autoritarios de Hugo Chávez.
Ni que a Gabriela Pérez del Solar la matan los desmanes orales del caudillo bolivariano.
Y en cuanto a Ricardo Vega Llona, tan feliz con la metástasis del alanismo en la administración pública peruana, ¿lo desespera que el socialismo del siglo XXI procedente de Caracas amenace a Globovisión?
Que Hugo Guerra Arteaga, quien desciende ideológicamente de los vencedores de la batalla del Ebro, firme el comunicado ya es cosa discutible. Lo que es abiertamente cómico es que Luis Agois Banchero, escritor de recibos y pagarés, se sume a este conjunto de libertarios preocupados.
Y que Mauricio Mulder Bedoya, que sería el Fouché de una monarquía aprista con el rey Alan I a la cabeza, ponga su firma al pie de esta proclama puede resultar no sólo desternillante sino que cínico.
¿Y Raúl Castro, este Rosales del PPC, recordaría que Venezuela existe si en ella siguiera gobernando el Copei pálido y la AD lívida de los Caldera y de los Pérez, padrinos de Bedoya Reyes y de Villanueva del Campo, respectivamente?
Natale Amprimo, el abogado de Cipriani en el asunto de desplumar a la universidad Católica, también está de lo más preocupado por el caso de Venezuela. Y Wálter Menchola, el amigo tardío de la señorita Kú, también pone su firma de libertador de Venezuela. Lo mismo que el “canciller de entrecasa” Gustavo Pacheco, que el ex gerente de Canal 7 Eduardo Bruce, que la dulce cantante Susana Baca y que el ex asesor de Palacio Agustín Figueroa.
El comunicado invita a toda América Latina a crear foros similares al constituido aquí y habla de “hacer realidad la Carta Democrática Interamericana” –clara alusión a lo que podría llamarse una versión benévola de la injerencia-.
Como bastantes de los firmantes están lo suficientemente mayorcitos, habría que preguntarles dónde estaban y qué hacían cuando en este continente gobernaban gorilas de derecha auspiciados por Washington. A ver, que me diga Carlos Adrianzén, el economista de la San Martín, cuántos comunicados firmó por la libertad pisoteada en Chile hasta fines de la década del 80. Y que Ignacio Basombrío nos calle la boca mostrándonos los recortes de lo que hizo por las víctimas de ese homínido que decía presente cuando se pronunciaba la frase “Jorge Rafael Videla”.
Y que nos digan también quién o quiénes están detrás de estos financiamientos. Porque en estos tiempos de hiperactividad de las embajadas estadounidenses hay razones para creer que Washington puede estar invirtiendo en nuevas cruzadas.
Preocupa la situación de Venezuela. Pero esa preocupación puede tener aspecto de caricatura si quienes la expresan bailan al son de Obama y su “nueva” administración.
Nada mejor para un proyecto de autócrata, como es Chávez, que la oposición le venga de las derechas aceitadas y faenonas de esta parte del mundo.
Y los que se preocupan por las platas del chavismo en el Perú debieran también aguzar el oído en relación a los dólares negros que vienen de Washington.
Entre los firmantes hay gente de solera democrática y algunos personajes más bien pintorescos.
A mí no me van a decir que al señor Enrique Ghersi, el vencedor de don Felipe Tudela y Barreda, lo desvelan los excesos autoritarios de Hugo Chávez.
Ni que a Gabriela Pérez del Solar la matan los desmanes orales del caudillo bolivariano.
Y en cuanto a Ricardo Vega Llona, tan feliz con la metástasis del alanismo en la administración pública peruana, ¿lo desespera que el socialismo del siglo XXI procedente de Caracas amenace a Globovisión?
Que Hugo Guerra Arteaga, quien desciende ideológicamente de los vencedores de la batalla del Ebro, firme el comunicado ya es cosa discutible. Lo que es abiertamente cómico es que Luis Agois Banchero, escritor de recibos y pagarés, se sume a este conjunto de libertarios preocupados.
Y que Mauricio Mulder Bedoya, que sería el Fouché de una monarquía aprista con el rey Alan I a la cabeza, ponga su firma al pie de esta proclama puede resultar no sólo desternillante sino que cínico.
¿Y Raúl Castro, este Rosales del PPC, recordaría que Venezuela existe si en ella siguiera gobernando el Copei pálido y la AD lívida de los Caldera y de los Pérez, padrinos de Bedoya Reyes y de Villanueva del Campo, respectivamente?
Natale Amprimo, el abogado de Cipriani en el asunto de desplumar a la universidad Católica, también está de lo más preocupado por el caso de Venezuela. Y Wálter Menchola, el amigo tardío de la señorita Kú, también pone su firma de libertador de Venezuela. Lo mismo que el “canciller de entrecasa” Gustavo Pacheco, que el ex gerente de Canal 7 Eduardo Bruce, que la dulce cantante Susana Baca y que el ex asesor de Palacio Agustín Figueroa.
El comunicado invita a toda América Latina a crear foros similares al constituido aquí y habla de “hacer realidad la Carta Democrática Interamericana” –clara alusión a lo que podría llamarse una versión benévola de la injerencia-.
Como bastantes de los firmantes están lo suficientemente mayorcitos, habría que preguntarles dónde estaban y qué hacían cuando en este continente gobernaban gorilas de derecha auspiciados por Washington. A ver, que me diga Carlos Adrianzén, el economista de la San Martín, cuántos comunicados firmó por la libertad pisoteada en Chile hasta fines de la década del 80. Y que Ignacio Basombrío nos calle la boca mostrándonos los recortes de lo que hizo por las víctimas de ese homínido que decía presente cuando se pronunciaba la frase “Jorge Rafael Videla”.
Y que nos digan también quién o quiénes están detrás de estos financiamientos. Porque en estos tiempos de hiperactividad de las embajadas estadounidenses hay razones para creer que Washington puede estar invirtiendo en nuevas cruzadas.
Preocupa la situación de Venezuela. Pero esa preocupación puede tener aspecto de caricatura si quienes la expresan bailan al son de Obama y su “nueva” administración.
Nada mejor para un proyecto de autócrata, como es Chávez, que la oposición le venga de las derechas aceitadas y faenonas de esta parte del mundo.
Y los que se preocupan por las platas del chavismo en el Perú debieran también aguzar el oído en relación a los dólares negros que vienen de Washington.
jueves, 14 de mayo de 2009
LA NANA INVISIBLE (Diario "La Primera" 14/05/09)
Son las 5 y 30 de la tarde y estoy en la cafetería del “Fármax” de Salaverry.
Al entrar he visto, parada en la puerta, mirando hacia la calle, a una nana vestida entera de blanco. ¿Es una nana o es una enfermera? ¿Y qué hace allí en la puerta, disciplinadamente inmóvil?
En el café hay mucha gente. En una de las mesas conversan dos mujeres. Una de ellas tendrá sesenta años. La otra, que parece su madre, debe andar por los noventa.
La sexagenaria le dice cosas con cierto aire de desgano. La anciana la mira con esos ojos acuosos de quienes han emprendido la tarea de vivir hasta el extremo. Es imposible saber si asiente o se desagrada y si lo que escucha es una amonestación o alguna anécdota. Se diría que ni la boca ni la mirada la obedecen.
Toman té las dos mujeres. Té y pastelitos. Unos suntuosos para la más joven. Un trozo de algo indefinidamente inglés para la madre. Sí, es la madre. La otra le ha dicho hace unos instantes y en voz alta:
-Pero mamá, eso no es así...
Piden la cuenta mientras yo bebo el café tinto que quizá me ayude a evitar la jaqueca. Esa jaqueca que sobrevuela como un cuervo.
La mujer menos vieja paga con dos billetes y algunas monedas. Deja una propina rala. Está vestida pericamente, tiene dos o tres operaciones de remozamiento en la cara, pero deja una propina rala.
Cuando están listas para marcharse, la mujer de la propina rala gira la cabeza y hace una seña. Se la hace, a través del ventanal vidriado, a la nana que había sido motivo de mi curiosidad.
La nana, que en realidad es más enfermera que otra cosa, ha estado atenta, esperando en los primeros fríos del otoño, a recibir ese gesto.
Se acerca entonces la nana-enfermera a la mesa de las dos mujeres y le extiende el brazo a la mujer de noventa años.
¡Eso era! La nana-enfermera esperaba que le dieran la señal para entrar y cumplir su rol.
Prótesis humana, bastón viviente, la nana-enfermera ayuda a marcarle el trémulo paso a la mujer de noventa años que tiene el cabello teñido de color lavanda y que sigue llevando alhajas. Le pasa el brazo derecho por detrás de la cintura para ayudarla a subir unos peldaños. La mujer de sesenta ya ni las mira. Está unos pasos más adelante.
La nana-enfermera ha esperado a la intemperie. Como si fuera la mascota impedida de entrar. Como si fuera una negra en el Misisipi de los años cincuenta. Como si fuera una sirvienta en el Perú del 2009.
¿No hubiera sido más humano permitir que entrara con ellas y se tomara un té? ¿O que entrara con ellas y se sentara, sencillamente que se sentara, sin té ni galletitas ni conversación ni proximidad? ¿Que se sentara en silencio, invisible pero a salvo de esos primeros fríos?
Pero no. Las nanas-enfermeras no deben sentarse junto a los boer de Eisha, los blancos de Alabama, los escogidos por el Dios con pinta de ario de los de arriba. Ese es el Perú de siempre. De Pardo a García. El impertérrito Perú que te puede conmover y sacudir mientras terminas el café que no debiste pedir.
Al entrar he visto, parada en la puerta, mirando hacia la calle, a una nana vestida entera de blanco. ¿Es una nana o es una enfermera? ¿Y qué hace allí en la puerta, disciplinadamente inmóvil?
En el café hay mucha gente. En una de las mesas conversan dos mujeres. Una de ellas tendrá sesenta años. La otra, que parece su madre, debe andar por los noventa.
La sexagenaria le dice cosas con cierto aire de desgano. La anciana la mira con esos ojos acuosos de quienes han emprendido la tarea de vivir hasta el extremo. Es imposible saber si asiente o se desagrada y si lo que escucha es una amonestación o alguna anécdota. Se diría que ni la boca ni la mirada la obedecen.
Toman té las dos mujeres. Té y pastelitos. Unos suntuosos para la más joven. Un trozo de algo indefinidamente inglés para la madre. Sí, es la madre. La otra le ha dicho hace unos instantes y en voz alta:
-Pero mamá, eso no es así...
Piden la cuenta mientras yo bebo el café tinto que quizá me ayude a evitar la jaqueca. Esa jaqueca que sobrevuela como un cuervo.
La mujer menos vieja paga con dos billetes y algunas monedas. Deja una propina rala. Está vestida pericamente, tiene dos o tres operaciones de remozamiento en la cara, pero deja una propina rala.
Cuando están listas para marcharse, la mujer de la propina rala gira la cabeza y hace una seña. Se la hace, a través del ventanal vidriado, a la nana que había sido motivo de mi curiosidad.
La nana, que en realidad es más enfermera que otra cosa, ha estado atenta, esperando en los primeros fríos del otoño, a recibir ese gesto.
Se acerca entonces la nana-enfermera a la mesa de las dos mujeres y le extiende el brazo a la mujer de noventa años.
¡Eso era! La nana-enfermera esperaba que le dieran la señal para entrar y cumplir su rol.
Prótesis humana, bastón viviente, la nana-enfermera ayuda a marcarle el trémulo paso a la mujer de noventa años que tiene el cabello teñido de color lavanda y que sigue llevando alhajas. Le pasa el brazo derecho por detrás de la cintura para ayudarla a subir unos peldaños. La mujer de sesenta ya ni las mira. Está unos pasos más adelante.
La nana-enfermera ha esperado a la intemperie. Como si fuera la mascota impedida de entrar. Como si fuera una negra en el Misisipi de los años cincuenta. Como si fuera una sirvienta en el Perú del 2009.
¿No hubiera sido más humano permitir que entrara con ellas y se tomara un té? ¿O que entrara con ellas y se sentara, sencillamente que se sentara, sin té ni galletitas ni conversación ni proximidad? ¿Que se sentara en silencio, invisible pero a salvo de esos primeros fríos?
Pero no. Las nanas-enfermeras no deben sentarse junto a los boer de Eisha, los blancos de Alabama, los escogidos por el Dios con pinta de ario de los de arriba. Ese es el Perú de siempre. De Pardo a García. El impertérrito Perú que te puede conmover y sacudir mientras terminas el café que no debiste pedir.
miércoles, 13 de mayo de 2009
LA FIESTA INOLVIDABLE (Diario "La Primera" 13/05/09)
En Valencia, España, este fin de semana, un hombre ha asesinado a su vecino con una katana.
¿El motivo? El ruido fiestero con el que el vecino torturó a quien terminó matándolo.
A mí lo que más justo me parece en todo este percance es lo de la katana, ese instrumento claro y limpio que también se usa para el arbitrio de las diferencias.
Y en cuanto al homicidio, no es que lo justifique. Es que envidio su autoría.
Ya hubiera querido tener el valor de este ciudadano ejemplar que, a las 2 de la mañana, impotente después de haber llamado a la policía, decidió que más vale la cárcel que el deshonor de vivir al lado de un insomne atorrante.
Y como del honor se trataba, ¡la katana! ¡Justicia Meiji!
Mi miedo a la cárcel y al escándalo, mi vil cobardía cívica me impedirán –ya lo sé- actuar de un modo tan drástico. Pero cuántas veces –debo confesarlo- he soñado tener un mortero de 105 milímetros y lanzar con él, en parábola perfecta, una granada israelí de uranio empobrecido o fósforo blanco sobre una de esas fiestas con las que la vulgaridad proclama su contento.
Vivo en una zona relativamente vivible y, sin embargo, cada cierto tiempo, debo tolerar, entre llamadas al serenazgo y delusiones homicidas, que un animal y su fauna próxima me digan, con tambores y voces, cuántos años cumple la compañera babuina, el hijito que devora bananos, el matrimonio de alfas que festeja.
No he conocido a un imbécil que no ame la estridencia. La estridencia de la voz que saluda, la del coche que trepida con el estéreo, la del grito que reconoce, la de la fiesta del cumpleaños, la del televisor que sacude la sala.
Siempre imaginé que el paraíso –si existiera- tendría que ser una comarca de gente considerada y amante del silencio. ¿Qué es la felicidad, al fin y al cabo? Pues la felicidad consiste en no tener que gritar.
Por razones obvias, el infierno tiene que ser una gran fiesta animada por Los Cinco, sudada por una provincia entera, respaldada por doscientos parlantes, interrumpida brevemente por la rifa de dos pasajes a Punta Cana.
He huido de muchísimas cosas. Pero de nada he huido con más espanto que del sonido de los borrachos decididos a hacerse notar. Y nada puede ponerme más cerca del crimen que el silencio de la noche violado por una recua.
Aprecio tanto el silencio que hasta huí de Wagner, que, siendo genial, prefirió muchas veces las cumbres del sonido y no las complejidades de la moderación. Y no necesito decir con qué palidez salí corriendo de Yma Sumac, esa estalactita pendiendo sobre el tímpano. O de Bárbara Streisand, esa trepadora de registros.
No hay nada procaz que se diga en voz baja. No hay vocerío en la fineza. La persuasión discurre: el odio grita. La muerte aparece en los estruendos. La vida es un agradable sonido de fondo de pájaros y grillos. Antes del estéreo fue el estornino.
Cuando González Prada habló de acabar con el pacto infame de hablar a media voz, le hizo un enorme daño al Perú. Porque la mayoría pareció no entender que este gran hombre hablaba de la hipocresía y la complicidad. Y como no entendió, supuso quizá que en el estrépito estaba el secreto y que despepitarse era vivir. Igual que el ruidoso de Valencia, pobre hombre.
¿El motivo? El ruido fiestero con el que el vecino torturó a quien terminó matándolo.
A mí lo que más justo me parece en todo este percance es lo de la katana, ese instrumento claro y limpio que también se usa para el arbitrio de las diferencias.
Y en cuanto al homicidio, no es que lo justifique. Es que envidio su autoría.
Ya hubiera querido tener el valor de este ciudadano ejemplar que, a las 2 de la mañana, impotente después de haber llamado a la policía, decidió que más vale la cárcel que el deshonor de vivir al lado de un insomne atorrante.
Y como del honor se trataba, ¡la katana! ¡Justicia Meiji!
Mi miedo a la cárcel y al escándalo, mi vil cobardía cívica me impedirán –ya lo sé- actuar de un modo tan drástico. Pero cuántas veces –debo confesarlo- he soñado tener un mortero de 105 milímetros y lanzar con él, en parábola perfecta, una granada israelí de uranio empobrecido o fósforo blanco sobre una de esas fiestas con las que la vulgaridad proclama su contento.
Vivo en una zona relativamente vivible y, sin embargo, cada cierto tiempo, debo tolerar, entre llamadas al serenazgo y delusiones homicidas, que un animal y su fauna próxima me digan, con tambores y voces, cuántos años cumple la compañera babuina, el hijito que devora bananos, el matrimonio de alfas que festeja.
No he conocido a un imbécil que no ame la estridencia. La estridencia de la voz que saluda, la del coche que trepida con el estéreo, la del grito que reconoce, la de la fiesta del cumpleaños, la del televisor que sacude la sala.
Siempre imaginé que el paraíso –si existiera- tendría que ser una comarca de gente considerada y amante del silencio. ¿Qué es la felicidad, al fin y al cabo? Pues la felicidad consiste en no tener que gritar.
Por razones obvias, el infierno tiene que ser una gran fiesta animada por Los Cinco, sudada por una provincia entera, respaldada por doscientos parlantes, interrumpida brevemente por la rifa de dos pasajes a Punta Cana.
He huido de muchísimas cosas. Pero de nada he huido con más espanto que del sonido de los borrachos decididos a hacerse notar. Y nada puede ponerme más cerca del crimen que el silencio de la noche violado por una recua.
Aprecio tanto el silencio que hasta huí de Wagner, que, siendo genial, prefirió muchas veces las cumbres del sonido y no las complejidades de la moderación. Y no necesito decir con qué palidez salí corriendo de Yma Sumac, esa estalactita pendiendo sobre el tímpano. O de Bárbara Streisand, esa trepadora de registros.
No hay nada procaz que se diga en voz baja. No hay vocerío en la fineza. La persuasión discurre: el odio grita. La muerte aparece en los estruendos. La vida es un agradable sonido de fondo de pájaros y grillos. Antes del estéreo fue el estornino.
Cuando González Prada habló de acabar con el pacto infame de hablar a media voz, le hizo un enorme daño al Perú. Porque la mayoría pareció no entender que este gran hombre hablaba de la hipocresía y la complicidad. Y como no entendió, supuso quizá que en el estrépito estaba el secreto y que despepitarse era vivir. Igual que el ruidoso de Valencia, pobre hombre.
domingo, 10 de mayo de 2009
EL TAXISTA Y EL DESARMADOR (Diario "La Primera" 10/05/09)
A mí se me hace que el taxista del desarmador era un intérprete criollo de la barbarie que, en muchos sentidos, es Lima.
¿No es esta la ciudad del machismo punzocortante? ¿No es un riesgo de muerte subirse a un taxi en esta ciudad sin taxistas ni taxímetros? ¿No nos asaltan todos los días los que disponen de la hacienda pública? ¿No somos como la diligencia de Wells Fargo borrosa en la polvareda de un atraco?
Pero la prensa insiste en el taxista del desarmador y en su captura. Como si así nos aliviara. Como si así las mujeres de Lima se pudieran sentir menos amenazadas.
Este psicópata de poca monta no es sino la metáfora viva de lo que también somos: ciudad sin ley, territorio comanche.
Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a vivir en la cornisa de la barbaridad.
Y lo anormal nos parece de regla y la basura nos huele a rosas y el quemeimportismo es nuestra versión de la solidaridad.
Durante muchos años, la puta Lima me ha querido convencer de su acogedora belleza. Y si le hubiese hecho caso a muchos de mis colegas, me habría sumado a ese estado sonámbulo y querendón de los que dicen que Lima es una grande y hermosa ciudad.
Lima es una gran ciudad sólo si se la mira desde una celosía de Chabuca Granda. Lima es irresistible si se la juzga con la mirada huna de Castañeda Lossio.
Y claro que hay zonas bellas de Lima y miles de limeños en apuros que podrían ser considerados ciudadanos. Pero el limeño promedial es el que todo lo consiente menos faltarle a la madre. Y para llegar a ser ese limeño son necesarios un montón de requisitos:
-No respetar casi a nadie, excepto al miedo, al palo, a la tropa y a los Colina. Porque el limeño estadístico no ama ser gobernado sino mandado.
-Suponer que somos ingeniosos y muy creativos pensando en la Inca Kola y en un sánguche con barbas de cebolla.
-Sacarle la vuelta a todas las normas que pueden hacer la vida en común más llevadera.
-Tutear a los mozos y a las camareras.
-Si hay visita, no presentar jamás al personal de servicio.
-Robar cuanto se pueda y a quienes lo permitan.
-Convertir a los choferes de combi en paradigmas.
-Ver el noticiero de América Televisión y estar convencido de que esa pocilga de llantitos y cadáveres, de cadáveres y llantitos, refleja lo que pasa en el Perú y el mundo.
-Enterarse de las tramas literarias a través de “Mi novela favorita”.
-Creer que un vino tabernero tiene algún parentesco con la uva.
-Leer “Somos” de cabo a rabo.
-Escuchar radio “Capital” y creer que allí se ejerce la crítica al gobierno.
-Hablar en los cines.
-Callarse en clase.
-Ausentarse a la hora del coraje.
-Mandar anónimos.
-Despreciar lo andino porque nos recuerda el despojo primordial del que venimos.
-Decir que la reforma agraria fue una fatalidad y que Mariano Prado Heudebert fue un gran banquero y su hijito una víctima del destino.
-Remedar mentalmente al borborigmo.
-Simular una isquemia a la hora de recordar las deudas.
-Alabar la temeridad judicial y financiera de Genaro Delgado Parker.
-Envejecer viendo el cable mientras se cabecea.
-Adorar al locuaz.
-Creer que la ignorancia es un mérito de los que pueden apelar al apellido.
-Admirar al conquistador español, al gringo hegemónico y al chileno que puede volver en plan de Lynch en cualquier momento del futuro.
-Decir recatafila en vez de retahíla.
-Leer a Valenzuela sin orinarse de la risa.
-Desear a la mujer del prójimo sin decírselo ni a la mujer ni al prójimo.
-Esperar la “feria de octubre” y leer al marqués de Valero de Palma sin tener que tomar “Gravol”.
-Creer que la CGTP es una amenaza, el salario mínimo vital una exageración, Cipriani una bendición, la tecnocumbia música, la globalización panacea, el mal aliento ley, la hipocresía Dios, Gore Vidal desconozco, Miguel Hernández mayormente.
Y no sigo porque la lista es un inventario siempre abierto, un mundo complejo y vivo que se añade capas y muta y cambia de parecer y de gobiernos y nunca llueve sino que llovizna.
Frente a todo eso el taxista del desarmador no debería de alarmarnos. Es creación heroica de una ciudad sin policías y tomada por el vandalismo. Es el punto en la i “latina”. Es el personaje de una historia que lo necesitaba para estar completa y redonda. Lima: un modelo para desarmar.
¿No es esta la ciudad del machismo punzocortante? ¿No es un riesgo de muerte subirse a un taxi en esta ciudad sin taxistas ni taxímetros? ¿No nos asaltan todos los días los que disponen de la hacienda pública? ¿No somos como la diligencia de Wells Fargo borrosa en la polvareda de un atraco?
Pero la prensa insiste en el taxista del desarmador y en su captura. Como si así nos aliviara. Como si así las mujeres de Lima se pudieran sentir menos amenazadas.
Este psicópata de poca monta no es sino la metáfora viva de lo que también somos: ciudad sin ley, territorio comanche.
Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a vivir en la cornisa de la barbaridad.
Y lo anormal nos parece de regla y la basura nos huele a rosas y el quemeimportismo es nuestra versión de la solidaridad.
Durante muchos años, la puta Lima me ha querido convencer de su acogedora belleza. Y si le hubiese hecho caso a muchos de mis colegas, me habría sumado a ese estado sonámbulo y querendón de los que dicen que Lima es una grande y hermosa ciudad.
Lima es una gran ciudad sólo si se la mira desde una celosía de Chabuca Granda. Lima es irresistible si se la juzga con la mirada huna de Castañeda Lossio.
Y claro que hay zonas bellas de Lima y miles de limeños en apuros que podrían ser considerados ciudadanos. Pero el limeño promedial es el que todo lo consiente menos faltarle a la madre. Y para llegar a ser ese limeño son necesarios un montón de requisitos:
-No respetar casi a nadie, excepto al miedo, al palo, a la tropa y a los Colina. Porque el limeño estadístico no ama ser gobernado sino mandado.
-Suponer que somos ingeniosos y muy creativos pensando en la Inca Kola y en un sánguche con barbas de cebolla.
-Sacarle la vuelta a todas las normas que pueden hacer la vida en común más llevadera.
-Tutear a los mozos y a las camareras.
-Si hay visita, no presentar jamás al personal de servicio.
-Robar cuanto se pueda y a quienes lo permitan.
-Convertir a los choferes de combi en paradigmas.
-Ver el noticiero de América Televisión y estar convencido de que esa pocilga de llantitos y cadáveres, de cadáveres y llantitos, refleja lo que pasa en el Perú y el mundo.
-Enterarse de las tramas literarias a través de “Mi novela favorita”.
-Creer que un vino tabernero tiene algún parentesco con la uva.
-Leer “Somos” de cabo a rabo.
-Escuchar radio “Capital” y creer que allí se ejerce la crítica al gobierno.
-Hablar en los cines.
-Callarse en clase.
-Ausentarse a la hora del coraje.
-Mandar anónimos.
-Despreciar lo andino porque nos recuerda el despojo primordial del que venimos.
-Decir que la reforma agraria fue una fatalidad y que Mariano Prado Heudebert fue un gran banquero y su hijito una víctima del destino.
-Remedar mentalmente al borborigmo.
-Simular una isquemia a la hora de recordar las deudas.
-Alabar la temeridad judicial y financiera de Genaro Delgado Parker.
-Envejecer viendo el cable mientras se cabecea.
-Adorar al locuaz.
-Creer que la ignorancia es un mérito de los que pueden apelar al apellido.
-Admirar al conquistador español, al gringo hegemónico y al chileno que puede volver en plan de Lynch en cualquier momento del futuro.
-Decir recatafila en vez de retahíla.
-Leer a Valenzuela sin orinarse de la risa.
-Desear a la mujer del prójimo sin decírselo ni a la mujer ni al prójimo.
-Esperar la “feria de octubre” y leer al marqués de Valero de Palma sin tener que tomar “Gravol”.
-Creer que la CGTP es una amenaza, el salario mínimo vital una exageración, Cipriani una bendición, la tecnocumbia música, la globalización panacea, el mal aliento ley, la hipocresía Dios, Gore Vidal desconozco, Miguel Hernández mayormente.
Y no sigo porque la lista es un inventario siempre abierto, un mundo complejo y vivo que se añade capas y muta y cambia de parecer y de gobiernos y nunca llueve sino que llovizna.
Frente a todo eso el taxista del desarmador no debería de alarmarnos. Es creación heroica de una ciudad sin policías y tomada por el vandalismo. Es el punto en la i “latina”. Es el personaje de una historia que lo necesitaba para estar completa y redonda. Lima: un modelo para desarmar.
sábado, 9 de mayo de 2009
LAS CUENTAS DE NADINE (Diario "La Primera" 09/05/09)
La señora Nadine de Humala es víctima de una campaña malévola que busca, desde el peor estilo Valenzuela, fusilarla mediáticamente y contaminar la campaña de su marido para el 2011.
Eso está claro. Porque nadie va a creer que los Agois están preocupados por la moral de los asuntos públicos y el dinero que discurre debajo de las candidaturas.
Una vez dicho esto, añado lo siguiente: es lamentable que la señora Nadine no pueda explicar la naturaleza de los trabajos por los que ha sido remunerada, tal como lo demuestra ayer en la entrevista, respetuosa pero severa, que le hizo el diario “La República”.
Y más lamentable todavía es que el binomio conyugal Ollanta-Nadine sea tan vulnerable y ofrezca tantos flancos a las búsquedas que, frecuentemente, organiza en contra suya la prensa derechista.
O es Madre Mía y sus pasados pesares o es el reloj de lujo que se luce como si de un cursi aspirante a rico se tratara. O es este capítulo desagradable de los dineros que se reciben por escribir asesorías para un diario que no las necesitaba porque no era un diario sino una repartija publicitaria de la diplomacia de Caracas.
¿Que la derecha hipócrita no tiene autoridad moral alguna para cuestionar a la señora Nadine?
Es cierto. Pero que la derecha avale, con su silencio, que los capitalistas-comunistas chinos financien al Apra (o que el alcalde de San Miguel le regale más de 500,000 soles al patriarca Luis Bedoya Reyes por una asesoría improbable) es un asunto de la vieja y podrida derecha que se apoderó del país desde 1824.
La izquierda no puede adoptar la ceguera, la sordera, la afasia y el cinismo de sus adversarios. La izquierda no puede ser la derecha colorada.
¿Que el Banco de Crédito, cuyo presidente fue asesor de Fujimori y pedigüeño judicial en el SIN, le ha pasado datos confidenciales al diario “Correo”?
Así es. Pero el Banco de Crédito no le habría podido pasar ningún dato a ningún maligno requiriente si la señora Nadine no tuviese las cuentas tan pródigas y enredadas.
¿Que el Banco de Crédito ha cometido un delito de infidencia?
Seguramente. Pero eso no borra ni las cuentas ni los aportes misteriosos ni las triangulaciones inexplicables ni las consultorías omniscientes de una señora que parece experta en todo pero que no aclara nada a la hora de las aclaraciones.
Todo esto demuestra, al fin y al cabo, que la izquierda peruana hace muy mal en seguir confiando en la locomotora Humala. Y quizá demuestre también que el señor Humala no es de izquierda ni debería representarla.
Catatónica, sepultada por los escombros del muro de Berlín, con la cara de la momia de Lenin, huérfana de José Carlos Mariátegui y viuda de Alfonso Barrantes, la izquierda peruana quiere dejarse llevar por la viada de un nacionalismo errático y de un líder que deja para su esposa las cuitas financieras de la casa.
A pesar de Stalin, a pesar de don Jorge del Prado, a pesar de sus pecados, la izquierda peruana merece algo mejor. Merece, por ejemplo, una candidatura propia salida de una elección abierta y limpia.
Porque si la izquierda no es limpieza y cuentas claras, ¿qué diablos es?
Eso está claro. Porque nadie va a creer que los Agois están preocupados por la moral de los asuntos públicos y el dinero que discurre debajo de las candidaturas.
Una vez dicho esto, añado lo siguiente: es lamentable que la señora Nadine no pueda explicar la naturaleza de los trabajos por los que ha sido remunerada, tal como lo demuestra ayer en la entrevista, respetuosa pero severa, que le hizo el diario “La República”.
Y más lamentable todavía es que el binomio conyugal Ollanta-Nadine sea tan vulnerable y ofrezca tantos flancos a las búsquedas que, frecuentemente, organiza en contra suya la prensa derechista.
O es Madre Mía y sus pasados pesares o es el reloj de lujo que se luce como si de un cursi aspirante a rico se tratara. O es este capítulo desagradable de los dineros que se reciben por escribir asesorías para un diario que no las necesitaba porque no era un diario sino una repartija publicitaria de la diplomacia de Caracas.
¿Que la derecha hipócrita no tiene autoridad moral alguna para cuestionar a la señora Nadine?
Es cierto. Pero que la derecha avale, con su silencio, que los capitalistas-comunistas chinos financien al Apra (o que el alcalde de San Miguel le regale más de 500,000 soles al patriarca Luis Bedoya Reyes por una asesoría improbable) es un asunto de la vieja y podrida derecha que se apoderó del país desde 1824.
La izquierda no puede adoptar la ceguera, la sordera, la afasia y el cinismo de sus adversarios. La izquierda no puede ser la derecha colorada.
¿Que el Banco de Crédito, cuyo presidente fue asesor de Fujimori y pedigüeño judicial en el SIN, le ha pasado datos confidenciales al diario “Correo”?
Así es. Pero el Banco de Crédito no le habría podido pasar ningún dato a ningún maligno requiriente si la señora Nadine no tuviese las cuentas tan pródigas y enredadas.
¿Que el Banco de Crédito ha cometido un delito de infidencia?
Seguramente. Pero eso no borra ni las cuentas ni los aportes misteriosos ni las triangulaciones inexplicables ni las consultorías omniscientes de una señora que parece experta en todo pero que no aclara nada a la hora de las aclaraciones.
Todo esto demuestra, al fin y al cabo, que la izquierda peruana hace muy mal en seguir confiando en la locomotora Humala. Y quizá demuestre también que el señor Humala no es de izquierda ni debería representarla.
Catatónica, sepultada por los escombros del muro de Berlín, con la cara de la momia de Lenin, huérfana de José Carlos Mariátegui y viuda de Alfonso Barrantes, la izquierda peruana quiere dejarse llevar por la viada de un nacionalismo errático y de un líder que deja para su esposa las cuitas financieras de la casa.
A pesar de Stalin, a pesar de don Jorge del Prado, a pesar de sus pecados, la izquierda peruana merece algo mejor. Merece, por ejemplo, una candidatura propia salida de una elección abierta y limpia.
Porque si la izquierda no es limpieza y cuentas claras, ¿qué diablos es?
jueves, 7 de mayo de 2009
MANOS A LA OBRA (Diario "La Primera" 07/05/09)
Al cura Alberto Cutié lo han pescado con las manos en la masa. Si Cutié, el héroe de la pequeña Habana, fuera del Opus Dei, gritado habría:
-¡Manos a la Obra!
Dicen que era un espectáculo oírlo y/o verlo hablar de las virtudes teologales, las tierras santas, el carácter salutífero de las bienaventuranzas y el fuego eterno de gas natural que aguardaba a quienes se salieran de la disciplina mariana.
Me imagino cómo se habrá reído de todos y hasta de sí mismo cada vez que embocaba en alguna latina de South Beach o visitaba algún departamentico del Ocean View para afilar la herramienta y probarse cuán doble podía ser.
Como el cura Lugo, que llegó a obispo de San Pedro, en Asunción, sembrando su doctrina allí donde más puede florecer, del mismo modo el cura Cutié le metía la mano al bikini de la potranca que lo acompañaba, cansado quizá de emplear la mano en tareas ermitañas o de meterla sólo en la alcancía de la arquidiócesis de Miami Beach.
En favor de Cutié y Lugo puede decirse, sin embargo, que por lo menos no han sido pedófilos ni han hecho de la confesión un sucedáneo masturbatorio ni de la educación un pretexto para asaltar braguetas.
Pero el problema para la iglesia de Roma es que hace décadas que Freud le va ganando el partido por goleada. Y no hay cómo impedirlo.
El sexo no es opcional ni electivo ni postergable. Su abolición por decreto conduce al crimen o a la hipocresía. O al crimen de la hipocresía, que es tan íntimo de la iglesia.
El celibato es una creencia de origen pagano que llegó a mitos populares y religiones establecidas. En la India se le llama brhamacarya, que significa “modo de ser de Brhama”, y está ligado a la idea de que el celibato es un método insuperable para vencer la magia.
En el budismo japonés, el celibato fue esencial hasta la reforma de Shinran (1173-1262), considerado una personalidad enorme en la historia del budismo. Shinran hizo lo que hace rato debieron de hacer los curas de Roma: casarse para no mentir, casarse para no ser despreciables.
Como se sabe, el celibato no nació con la iglesia de Roma. Ni siquiera figura en el Nuevo Testamento.
Fueron los excesos papales en el dormitorio, el nepotismo y la promiscuidad de tanto santo padre de próstata cansada por el uso, los factores que llevaron a la reforma gregoriana que, en el siglo XIII, introdujo por vez primera la invalidez de los matrimonios de clérigos.
Fue el teócrata Inocencio III, el Papa de la cuarta cruzada y la campaña contra los abigenses, el que firmó esa primera disposición sobre el celibato.
A pesar de eso, la desobediencia continuó y las camas de la gleba siguieron rechinando debajo de tanta castidad contradicha. Es por eso que en el Concilio de Trento, que empezó en 1545 y se prolongó durante 18 años, el papa Pío IV confirmó el mandato del celibato y condenó a la iglesia de Roma a edificar el más grande templo que la simulación haya merecido.
A San Ambrosio se le atribuye esta hermosa frase:
“Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto, la disciplina de la Iglesia es rica”.
Cutié y Lugo podrían añadir:
“Muy rica”.
-¡Manos a la Obra!
Dicen que era un espectáculo oírlo y/o verlo hablar de las virtudes teologales, las tierras santas, el carácter salutífero de las bienaventuranzas y el fuego eterno de gas natural que aguardaba a quienes se salieran de la disciplina mariana.
Me imagino cómo se habrá reído de todos y hasta de sí mismo cada vez que embocaba en alguna latina de South Beach o visitaba algún departamentico del Ocean View para afilar la herramienta y probarse cuán doble podía ser.
Como el cura Lugo, que llegó a obispo de San Pedro, en Asunción, sembrando su doctrina allí donde más puede florecer, del mismo modo el cura Cutié le metía la mano al bikini de la potranca que lo acompañaba, cansado quizá de emplear la mano en tareas ermitañas o de meterla sólo en la alcancía de la arquidiócesis de Miami Beach.
En favor de Cutié y Lugo puede decirse, sin embargo, que por lo menos no han sido pedófilos ni han hecho de la confesión un sucedáneo masturbatorio ni de la educación un pretexto para asaltar braguetas.
Pero el problema para la iglesia de Roma es que hace décadas que Freud le va ganando el partido por goleada. Y no hay cómo impedirlo.
El sexo no es opcional ni electivo ni postergable. Su abolición por decreto conduce al crimen o a la hipocresía. O al crimen de la hipocresía, que es tan íntimo de la iglesia.
El celibato es una creencia de origen pagano que llegó a mitos populares y religiones establecidas. En la India se le llama brhamacarya, que significa “modo de ser de Brhama”, y está ligado a la idea de que el celibato es un método insuperable para vencer la magia.
En el budismo japonés, el celibato fue esencial hasta la reforma de Shinran (1173-1262), considerado una personalidad enorme en la historia del budismo. Shinran hizo lo que hace rato debieron de hacer los curas de Roma: casarse para no mentir, casarse para no ser despreciables.
Como se sabe, el celibato no nació con la iglesia de Roma. Ni siquiera figura en el Nuevo Testamento.
Fueron los excesos papales en el dormitorio, el nepotismo y la promiscuidad de tanto santo padre de próstata cansada por el uso, los factores que llevaron a la reforma gregoriana que, en el siglo XIII, introdujo por vez primera la invalidez de los matrimonios de clérigos.
Fue el teócrata Inocencio III, el Papa de la cuarta cruzada y la campaña contra los abigenses, el que firmó esa primera disposición sobre el celibato.
A pesar de eso, la desobediencia continuó y las camas de la gleba siguieron rechinando debajo de tanta castidad contradicha. Es por eso que en el Concilio de Trento, que empezó en 1545 y se prolongó durante 18 años, el papa Pío IV confirmó el mandato del celibato y condenó a la iglesia de Roma a edificar el más grande templo que la simulación haya merecido.
A San Ambrosio se le atribuye esta hermosa frase:
“Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto, la disciplina de la Iglesia es rica”.
Cutié y Lugo podrían añadir:
“Muy rica”.
miércoles, 6 de mayo de 2009
VARGAS LLOSA Y LA PESTE (Diario "LA Primera" 06/05/09)
Todo lo que Mario Vargas Llosa dijo sobre el nacionalismo lo debió decir en Santiago de Chile, la capital del país que ha invertido diez mil millones de dólares en un plan militar “disuasivo” dirigido exclusivamente al Perú.
Pero, claro, cuando va a Santiago, al gran novelista sólo se le ocurre hablar de libros de caballería y de lo bien que lo hace la socialista archinacionalista y ultramilitarista Michelle Bachelet. Digamos que un poco de equidad no le haría mal.
“El nacionalismo es la peste del siglo XX”, dice Vargas Llosa, equivocándose otra vez de siglo.
El nacionalismo, como lo sabe cualquier estudiante de Estudios Generales, se vincula, como proceso, a los siglos XVIII y XIX y se nutrió de muchos fenómenos, entre ellos la Revolución Francesa y los movimientos revolucionarios que hicieron posibles, por ejemplo, la creación de las modernas Italia y Alemania.
El nacionalismo le plantó cara a los rezagos reaccionarios implicados en la creencia de un mundo unificado por un imperio (Roma) o por una fuerza espiritual (la Iglesia). Si alguien odió el nacionalismo como movimiento de resistencia fue, por ejemplo, César Borgia, el múltiple asesino que actuaba a órdenes del Papa Alejandro VI, que era su Papa y también su papá. El papado de aliento feudal habló siempre horrores de las entidades nacionales y de los nacionalismos que se le encabritaban.
Sin el nacionalismo como fuerza modernizante Europa seguiría atada al Sacro Imperio Germánico y sin el nacionalismo Estados Unidos no habría osado liberarse de la tutela británica.
Hay nacionalismos funestos, desde luego. Uno de ellos es el procaz y asaltante nacionalismo chileno, expresado en su escudo con la famosa frase “por la razón o por la fuerza”. Otro ejemplos son el nacionalismo fascista, nazi o estalinista.
Pero decir que el nacionalismo es “la peste del siglo XX” no sólo es demostrar que de historia poco se ha leído sino es tratar de desarmar, desde la descalificación, a quienes piensan que las naciones existen, que eso de la aldea global es muchas veces una trampa y que adoptar la idea de una fórmula única de desarrollo es volver a Roma y sus legiones.
Porque lo que el célebre escritor no dice es que el nacionalismo, en su versión exacerbada y continuamente criminal, lo encarna Estados Unidos de América, que está en Irak como antes ocupó Cuba y que está en Afganistán como antes incineró a Vietnam.
Y es que el nacionalismo hecho buba y depravación, el nacionalismo como pandemia porcina, ya no se llama nacionalismo porque la palabra no le basta y el concepto no lo puede contener.
El nacionalismo salido de cauce y de fronteras, ése que al gran novelista no le disgusta demasiado desde hace treinta años, se llama, al final, imperialismo. Y la globalización es el triunfo del nacionalismo de los Estados Unidos y de la Europa liderada por la señora Merkel, los señores Sarkozy y Berlusconi y el pobre diablo de Brown.
El nacionalismo te puede llevar al abismo. Sobre todo cuando es el nacionalismo de tu vecino armamentista que se prepara para agredirte mientras tú confías en el derecho internacional, los fueros del pacifismo y los discursos de algunos intelectuales.
El nacionalismo de un pequeño país es, en todo caso, una anécdota. El nacionalismo delivery de los Estados Unidos es un oprobio. ¿Y cómo llamar al nacionalismo israelí en Gaza? ¿Disgustará al extraordinario escritor la idea del Gran Israel bíblico abriéndose paso entre niños acribillados, muros racistas y retroexcavadoras? Estoy seguro que sí. ¿Por qué no hablar de ese nacionalismo entonces?
Cuando Estados Unidos de América protege a sus granjeros con miles de millones de dólares en subsidios, burlándose así de la Organización Mundial de Comercio y de su propio discurso, ¿es la capital del mundo liberal globalizado o el viejo Washington de la United Fruit?
Está muy bien hablar del nacionalismo. Pero sería mucho más temerario hacerlo en Santiago de Chile o en Boston. O en Tel Aviv.
Pero, claro, cuando va a Santiago, al gran novelista sólo se le ocurre hablar de libros de caballería y de lo bien que lo hace la socialista archinacionalista y ultramilitarista Michelle Bachelet. Digamos que un poco de equidad no le haría mal.
“El nacionalismo es la peste del siglo XX”, dice Vargas Llosa, equivocándose otra vez de siglo.
El nacionalismo, como lo sabe cualquier estudiante de Estudios Generales, se vincula, como proceso, a los siglos XVIII y XIX y se nutrió de muchos fenómenos, entre ellos la Revolución Francesa y los movimientos revolucionarios que hicieron posibles, por ejemplo, la creación de las modernas Italia y Alemania.
El nacionalismo le plantó cara a los rezagos reaccionarios implicados en la creencia de un mundo unificado por un imperio (Roma) o por una fuerza espiritual (la Iglesia). Si alguien odió el nacionalismo como movimiento de resistencia fue, por ejemplo, César Borgia, el múltiple asesino que actuaba a órdenes del Papa Alejandro VI, que era su Papa y también su papá. El papado de aliento feudal habló siempre horrores de las entidades nacionales y de los nacionalismos que se le encabritaban.
Sin el nacionalismo como fuerza modernizante Europa seguiría atada al Sacro Imperio Germánico y sin el nacionalismo Estados Unidos no habría osado liberarse de la tutela británica.
Hay nacionalismos funestos, desde luego. Uno de ellos es el procaz y asaltante nacionalismo chileno, expresado en su escudo con la famosa frase “por la razón o por la fuerza”. Otro ejemplos son el nacionalismo fascista, nazi o estalinista.
Pero decir que el nacionalismo es “la peste del siglo XX” no sólo es demostrar que de historia poco se ha leído sino es tratar de desarmar, desde la descalificación, a quienes piensan que las naciones existen, que eso de la aldea global es muchas veces una trampa y que adoptar la idea de una fórmula única de desarrollo es volver a Roma y sus legiones.
Porque lo que el célebre escritor no dice es que el nacionalismo, en su versión exacerbada y continuamente criminal, lo encarna Estados Unidos de América, que está en Irak como antes ocupó Cuba y que está en Afganistán como antes incineró a Vietnam.
Y es que el nacionalismo hecho buba y depravación, el nacionalismo como pandemia porcina, ya no se llama nacionalismo porque la palabra no le basta y el concepto no lo puede contener.
El nacionalismo salido de cauce y de fronteras, ése que al gran novelista no le disgusta demasiado desde hace treinta años, se llama, al final, imperialismo. Y la globalización es el triunfo del nacionalismo de los Estados Unidos y de la Europa liderada por la señora Merkel, los señores Sarkozy y Berlusconi y el pobre diablo de Brown.
El nacionalismo te puede llevar al abismo. Sobre todo cuando es el nacionalismo de tu vecino armamentista que se prepara para agredirte mientras tú confías en el derecho internacional, los fueros del pacifismo y los discursos de algunos intelectuales.
El nacionalismo de un pequeño país es, en todo caso, una anécdota. El nacionalismo delivery de los Estados Unidos es un oprobio. ¿Y cómo llamar al nacionalismo israelí en Gaza? ¿Disgustará al extraordinario escritor la idea del Gran Israel bíblico abriéndose paso entre niños acribillados, muros racistas y retroexcavadoras? Estoy seguro que sí. ¿Por qué no hablar de ese nacionalismo entonces?
Cuando Estados Unidos de América protege a sus granjeros con miles de millones de dólares en subsidios, burlándose así de la Organización Mundial de Comercio y de su propio discurso, ¿es la capital del mundo liberal globalizado o el viejo Washington de la United Fruit?
Está muy bien hablar del nacionalismo. Pero sería mucho más temerario hacerlo en Santiago de Chile o en Boston. O en Tel Aviv.
domingo, 3 de mayo de 2009
NUEVA TEORÍA DEL CAOS (Diario "La Primera" 03/05/09)
En Estados Unidos, madre de todas las batallas del capitalismo, el IGV o Impuesto General a las Ventas es, en promedio, de 8,25% (en Florida es 6%, mientras que en Los Ángeles llega a 9,75%). En el Perú es 19%.
Era 18% hasta el 2003. Pero, como si remedase a un viejo atracador del Banco de la Nación (sede de Chimbote), el señor Alejandro Toledo, siguiendo los consejos de PPK, lo subió un punto. ¡19 por ciento! ¡En algo somos los primeros!
El señor García ha continuado disfrutando de ese saqueo generalizado (que compensa los privilegios particulares de los grandotes).
Y ahora la SUNAT, ladrona y con antifaz, se dispone a poner un nuevo impuesto. Esta vez se trata de penalizar toda transacción que se haga con tarjeta de crédito o débito.
Más plata para robar. Para robar en Essalud, para robar en la “reconstrucción de Pisco”, para robar en las compras directas del ministerio de Vivienda. Para robar como maníacos.
Para cobrar 700 mil dólares negros al lado del Canal de Panamá y luego aliarse con el ministro Chang y con Garrido Lecca y comprar la cadena “Crisol” (que ya quebró en España). Para hacerse rico como cualquier Carbajal, como el que le vendió a la Universidad San Martín la revista “Business” apenas estalló el escándalo de Bavaria y Polar y se supo lo del maletín traído desde Panamá. Sí, el socio de Dufour papá y de Dufour Cattaneo (también vienen documentos).
Y ahora le dicen a los pobres empleados que se tiren la plata de su CTS, o sea que se devoren su futuro, su relativa calma de viejos desempleados, su mañana dudoso de asalariados. Eso sí: nada de subir el salario mínimo. Que se coman la CTS, que no hay para más.
Porque hay que meter plata en el bolsillo de la gente para que “la demanda interna jale de la economía” ahora que nuestros telecés no sirven de mucho. No vaya a ser que los Favre quiebren. O que quiebre Pepe Graña. No vaya a ser.
Y como las grandes mineras tóxicas han sido y son tributariamente intocables para este gobierno de hijas del japonés (del japonés Fukuyama, digo), entonces la plata tiene que salir de donde siempre ha salido. O sea de la choledad.
Porque de la choledad salió la plata con la que le cubrimos las espaldas a los señores Wiese y a los señores Picasso, banqueros quebrados cuya declaratoria formal de quiebra “iba a poner peligro el sistema”.
Y como CPN es la radio de los mineros mercuriales, y RPP es la radio de los favores, y el 90 por ciento de las prensas viven de lo que mienta Claro y de lo que pague Lan, el eco que se escucha en relación a lo de la CTS, y en relación a casi todo, es el de la anuencia, el aplauso desde el palco y el “¡bravo!” gritado en la sombra.
Es difícil no indignarse en este país de forajas. Es casi no estar vivo. Porque aquí el cartesianismo funciona de otra manera: “Me indigno, luego existo”.
Hace unos días se ha presentado una antología de textos de Manuel González Prada. Lo que no se dice en las reseñas es que Don Manuel es el padre del anarquismo peruano. Y viendo a tanto gobierno escapero y a tanto dignatario en banda y a tanto ministro agravado, uno se pregunta si la solución en el Perú no será la abolición de este orden. Una nueva teoría del caos al servicio de la limpieza, digamos. La baja policía tomando el poder.
Era 18% hasta el 2003. Pero, como si remedase a un viejo atracador del Banco de la Nación (sede de Chimbote), el señor Alejandro Toledo, siguiendo los consejos de PPK, lo subió un punto. ¡19 por ciento! ¡En algo somos los primeros!
El señor García ha continuado disfrutando de ese saqueo generalizado (que compensa los privilegios particulares de los grandotes).
Y ahora la SUNAT, ladrona y con antifaz, se dispone a poner un nuevo impuesto. Esta vez se trata de penalizar toda transacción que se haga con tarjeta de crédito o débito.
Más plata para robar. Para robar en Essalud, para robar en la “reconstrucción de Pisco”, para robar en las compras directas del ministerio de Vivienda. Para robar como maníacos.
Para cobrar 700 mil dólares negros al lado del Canal de Panamá y luego aliarse con el ministro Chang y con Garrido Lecca y comprar la cadena “Crisol” (que ya quebró en España). Para hacerse rico como cualquier Carbajal, como el que le vendió a la Universidad San Martín la revista “Business” apenas estalló el escándalo de Bavaria y Polar y se supo lo del maletín traído desde Panamá. Sí, el socio de Dufour papá y de Dufour Cattaneo (también vienen documentos).
Y ahora le dicen a los pobres empleados que se tiren la plata de su CTS, o sea que se devoren su futuro, su relativa calma de viejos desempleados, su mañana dudoso de asalariados. Eso sí: nada de subir el salario mínimo. Que se coman la CTS, que no hay para más.
Porque hay que meter plata en el bolsillo de la gente para que “la demanda interna jale de la economía” ahora que nuestros telecés no sirven de mucho. No vaya a ser que los Favre quiebren. O que quiebre Pepe Graña. No vaya a ser.
Y como las grandes mineras tóxicas han sido y son tributariamente intocables para este gobierno de hijas del japonés (del japonés Fukuyama, digo), entonces la plata tiene que salir de donde siempre ha salido. O sea de la choledad.
Porque de la choledad salió la plata con la que le cubrimos las espaldas a los señores Wiese y a los señores Picasso, banqueros quebrados cuya declaratoria formal de quiebra “iba a poner peligro el sistema”.
Y como CPN es la radio de los mineros mercuriales, y RPP es la radio de los favores, y el 90 por ciento de las prensas viven de lo que mienta Claro y de lo que pague Lan, el eco que se escucha en relación a lo de la CTS, y en relación a casi todo, es el de la anuencia, el aplauso desde el palco y el “¡bravo!” gritado en la sombra.
Es difícil no indignarse en este país de forajas. Es casi no estar vivo. Porque aquí el cartesianismo funciona de otra manera: “Me indigno, luego existo”.
Hace unos días se ha presentado una antología de textos de Manuel González Prada. Lo que no se dice en las reseñas es que Don Manuel es el padre del anarquismo peruano. Y viendo a tanto gobierno escapero y a tanto dignatario en banda y a tanto ministro agravado, uno se pregunta si la solución en el Perú no será la abolición de este orden. Una nueva teoría del caos al servicio de la limpieza, digamos. La baja policía tomando el poder.
viernes, 1 de mayo de 2009
UÑA Y MUGRE (Diario "La Primera" 01/05/09)
El doctor Alan García condecoró ayer a su secretario personal Luis Nava Guibert. Le impuso la Orden del Trabajo en el grado de Gran Oficial.
Luis Nava Guibert agradeció emocionado. El doctor García dijo que eso era lo justo. Todos aplaudieron.
Presente en la ceremonia estaba José Antonio Nava, el próspero hijo del condecorado, a quien algunos han acusado de tener privilegios especialísimos como proveedor de servicios en algunas empresas privadas y del Estado.
Una de esas empresas privadas auxiliadas por el talento de José Antonio Nava ha sido “Comarsa”, de propiedad de la familia Sánchez Paredes. Curiosamente, el doctor Alan García le vendió a la empresa “Alta Tecnología”, también de los Sánchez Paredes, una camioneta que el actual Presidente de la República compró nueva y por un precio de ganga a la firma “Maquinarias”.
Volviendo a lo de ayer, diremos que no acudió a esta celebración de la cercanía y la mutualidad el señor Rómulo León, tan relacionado, como se sabe, con el señor Luis Nava Guibert.
El 26 de julio del año 2007, Rómulo León envió este correo electrónico a su jefe Fortunato Canáan:
“Esta noche irá a cenar a mi casa Luis Nava. Ajustaremos con él algunas cosas...”
Y el 18 de octubre del 2007, el mismo León a Canáan:
“11 de octubre, Palacio de Gobierno. Reunión con el Dr. Luis Nava. El suscrito entregó cinco importantes documentos al Dr. Nava...”
Y el 21 de diciembre, mismo remitente y mismo destinatario:
“Por iniciativa de Luis Nava ayer nos reunimos con el nuevo ministro Hernán Garrido Lecca y se le transmitió la voluntad del Presidente de contar con Fortluck (la empresa de Canáan, nota de C.H.) para la construcción de hospitales...”
En otro mensaje, León Alegría le anuncia a Canáan que, para la constitución de la empresa filial que planean, hará uso del estudio de abogados de “una persona que resulta clave para nuestros superiores objetivos...” Ese estudio, como se pudo comprobar después, es el que aparece en los registros públicos como “Nava y Huesa abogados”, propiedad, por mayoría de acciones, del doctor Luis Nava Guibert, secretario de la Presidencia de la República. Quien se encargó de redactar los documentos fue específicamente el doctor Eduardo León, que figura como asociado de ese estudio.
Cuando la Comisión del Congreso le preguntó a Nava por qué había intercedido de modo tan activo en la concertación de la cita entre el ministro de Salud, Carlos Vallejos, y el dominicano Fortunado Canáan, el ahora condecorado secretario dijo que se había limitado a cumplir órdenes. Y cuando le preguntaron a qué órdenes se refería, señaló que se trataba de directivas del propio Presidente de la República, “interesado en que la construcción de hospitales marchara lo más rápidamente posible”.
Esta, en realidad, no es la primera condecoración que podrá lucir Luis Nava Guibert. En octubre del 2008, Su Majestad el Rey de España le concedió, por real decreto, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.
Porque cuando uno le entrega su vida a la causa de la democracia y se despoja de toda ambición para sacrificarse “por objetivos superiores” –palabras que resumen la biografía del prócer Nava Guibert-, entonces vienen los reyes y los presidentes y lo reconocen con discursos y medallas.
Luis Nava Guibert agradeció emocionado. El doctor García dijo que eso era lo justo. Todos aplaudieron.
Presente en la ceremonia estaba José Antonio Nava, el próspero hijo del condecorado, a quien algunos han acusado de tener privilegios especialísimos como proveedor de servicios en algunas empresas privadas y del Estado.
Una de esas empresas privadas auxiliadas por el talento de José Antonio Nava ha sido “Comarsa”, de propiedad de la familia Sánchez Paredes. Curiosamente, el doctor Alan García le vendió a la empresa “Alta Tecnología”, también de los Sánchez Paredes, una camioneta que el actual Presidente de la República compró nueva y por un precio de ganga a la firma “Maquinarias”.
Volviendo a lo de ayer, diremos que no acudió a esta celebración de la cercanía y la mutualidad el señor Rómulo León, tan relacionado, como se sabe, con el señor Luis Nava Guibert.
El 26 de julio del año 2007, Rómulo León envió este correo electrónico a su jefe Fortunato Canáan:
“Esta noche irá a cenar a mi casa Luis Nava. Ajustaremos con él algunas cosas...”
Y el 18 de octubre del 2007, el mismo León a Canáan:
“11 de octubre, Palacio de Gobierno. Reunión con el Dr. Luis Nava. El suscrito entregó cinco importantes documentos al Dr. Nava...”
Y el 21 de diciembre, mismo remitente y mismo destinatario:
“Por iniciativa de Luis Nava ayer nos reunimos con el nuevo ministro Hernán Garrido Lecca y se le transmitió la voluntad del Presidente de contar con Fortluck (la empresa de Canáan, nota de C.H.) para la construcción de hospitales...”
En otro mensaje, León Alegría le anuncia a Canáan que, para la constitución de la empresa filial que planean, hará uso del estudio de abogados de “una persona que resulta clave para nuestros superiores objetivos...” Ese estudio, como se pudo comprobar después, es el que aparece en los registros públicos como “Nava y Huesa abogados”, propiedad, por mayoría de acciones, del doctor Luis Nava Guibert, secretario de la Presidencia de la República. Quien se encargó de redactar los documentos fue específicamente el doctor Eduardo León, que figura como asociado de ese estudio.
Cuando la Comisión del Congreso le preguntó a Nava por qué había intercedido de modo tan activo en la concertación de la cita entre el ministro de Salud, Carlos Vallejos, y el dominicano Fortunado Canáan, el ahora condecorado secretario dijo que se había limitado a cumplir órdenes. Y cuando le preguntaron a qué órdenes se refería, señaló que se trataba de directivas del propio Presidente de la República, “interesado en que la construcción de hospitales marchara lo más rápidamente posible”.
Esta, en realidad, no es la primera condecoración que podrá lucir Luis Nava Guibert. En octubre del 2008, Su Majestad el Rey de España le concedió, por real decreto, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.
Porque cuando uno le entrega su vida a la causa de la democracia y se despoja de toda ambición para sacrificarse “por objetivos superiores” –palabras que resumen la biografía del prócer Nava Guibert-, entonces vienen los reyes y los presidentes y lo reconocen con discursos y medallas.
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